Que no vengan: los parches a los movimientos migratorios (por Nuria Hernández)

Dentro de los seminarios de las clases de Derechos Humanos, Cooperación al Desarrollo y de Ayuda Humanitaria organizados por la Profesora Ruth Abril hoy ha visitado la Universidad Jaume Durá, abogado y Coordinador de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en la Comunidad Valenciana.

Lo que hay es una mala gestión

Con casi 70 millones de personas que se han visto forzadas a abandonar sus hogares, conocer más sobre los motivos que les obligan a huir, el camino que recorren hasta llegar a Europa y cómo nuestro Sistema de Asilo responde a las peticiones de protección es urgente y necesario. Es urgente y necesario darse cuenta de las contradicciones que hay en el sistema, de la falta de recursos, de la política que sigue la Unión Europea (UE) poniendo parches y no soluciones, y sobre todo de la percepción que se tiene de la crisis de refugiados como crisis o avalancha cuando lo que hay es una mala gestión y no unos números a los que Europa no se haya enfrentado antes (recordemos la guerra de los Balcanes).

Lo primero es saber qué se considera refugiado y persona beneficiaria de protección subsidiaria. La Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo Adicional de 1967 donde se recoge que refugiado/a es toda persona con temores fundados de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a grupo social u opiniones políticas se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país. Desde CEAR reclaman que cualquier vulneración de derechos, incluidos los económicos, sociales, culturales y medioambientales deberían dar lugar a algún tipo de protección y más cuando tienen como consecuencia el cruce involuntario o forzado de fronteras (desertificación). La definición de 1951 responde a un caso histórico muy concreto y es obvio que el contexto internacional y las amenazas y retos a la seguridad han cambiado. En este caso es importante tener una categorización para poder utilizarla a favor de las personas que solicitan protección internacional pero aun así está es insuficiente para responder a las realidades que viven millones de personas.

La posición de la Unión Europea

Lo cierto es que las 8 rutas que se identifican para llegar a Europa se han ido taponando, con el único objetivo de que “dejaran de llegar”, afirmaba Jaume.

Fuente: cear.es

Europa externaliza las fronteras, pasándole el “problema” a otro y violando la Convención de Ginebra de forma sistemática porque el hecho de que un país sea receptor de refugiados no significa que tengan el sistema adecuado para su protección. De hecho, en Afganistán ahora mueren más civiles que cuando era una guerra abierta, los afganos y afganas se refugian en países cercanos como Pakistán. Irán también acoge refugiados y al mismo tiempo es emisor de personas que buscan protección internacional, en Etiopía ocurre lo mismo, recibe refugiados somalíes y a la vez hay etíopes buscando protección internacional. Ser receptor de refugiados no significa tener las capacidades de protegerlos.

La UE viola la Convención de Ginebra de forma sistemática

Y digo viola porque si la única preocupación de Europa es que nadie llegue a sus fronteras y no establece vías legales y seguras (ni utiliza los visados humanitarios) para poder llegar a suelo europeo sabe que está vulnerando el derecho a pedir asilo. Se alega luchar contra la migración irregular, pero si algo sabemos es que los flujos migratorios son cada vez más complejos donde se mezclan migrantes económicos, pero también refugiados, menores no acompañados o víctimas de trata.

Fuente propia

Los pactos con terceros países como Turquía, o condicionar la Ayuda Oficial al Desarrollo o el pacto que tenía la Italia de Berlusconi con Libia y que ahora mantiene la UE no se sabe exactamente con quién son ejemplos de la mala gestión. En el caso de la cuota de refugiados, de la que tanto se habla, nos contaba Jaume: “Era un compromiso político, de 2015 a 2017. Ya ha pasado, no se ha cumplido. Pero ya ha pasado” Esas cuotas de reubicación (coger desde Grecia / Italia) y de reasentamiento (desde campos de refugiados de Turquía, Líbano, Jordania…) eran muestras “de un sistema inoperativo porque podían elegir de dónde” y “una pequeñísima parte del sistema de asilo”.

“Era un compromiso político (…) Ya ha pasado, no se ha cumplido”

Europa se lleva las manos a la cabeza y sólo acoge a menos del 1% de todas las personas refugiadas del mundo. Más del 90% se encuentran en países en vías de desarrollo y tiene sentido. “Si en Valencia hubiera una guerra primero nos iríamos a Albacete, o a Madrid si tenemos familia allí, si allí tampoco estuviéramos seguros nos iríamos a un país donde tuviéramos familia o que fuera cercano”, explicaba el abogado de CEAR, “es lo lógico, y es lo mismo que hacen las personas que tienen que abandonar sus hogares”.

El problema principal es que no se puede llegar a Europa de otra manera que no sea la irregular. No hay pasillos humanitarios ni vías legales y seguras por las que llegar a Europa y pedir asilo. La única opción son las mafias cuyos viajes oscilan pueden oscilar entre los 1000 y los 20000 euros por persona según nacionalidad, ruta y comodidad. La lucha contra el tráfico de personas se encuentra entre los primeros puestos en la agenda europea de seguridad, pero las mafias no desaparecerán mientras haya gente en peligro cuya única opción sea acudir a ellas. Es la ley de la oferta y la demanda.

 

La única opción de vivir es pagar a las mafias

 Caso de España

En España contamos con la Ley de Asilo de 2009, que, por cierto, lleva desde entonces pendiente de ser desarrollada en Reglamentos. Esto quiere decir que hay un limbo jurídico porque los artículos que remiten a un posterior desarrollo de reglamento, se quedan ahí, en remitir a un documento legislativo que no existe. Casi una década después.

Para poder pedir el estatuto de refugiado hay que llegar a la frontera, el asilo en Embajadas o Consulados se deja a discreción del cónsul o embajador/a que puede permitir o no que la persona se desplace a España para hacer la solicitud. “Más de mil personas procedentes de Irak fueron a la embajada de España a pedir asilo en Egipto”, contaba Jaume, “no se dio ningún permiso”.

Las solicitudes de protección internacional en España han pasado de ser 5.000 en 2015 a 16.000 en 2016 y 31.000 en 2017. En comparación con la Unión Europea no es nada, pero para España es el punto máximo. En 2016 las resoluciones fueron 10.250 en 2016 y favorables sólo el 67%. Esto no encaja con el número de solicitudes porque el proceso de asilo tarda una media de 2 años y medio. “Es una cifra tramposa”, afirma Jaume, “porque la Oficina de Asilo utiliza el criterio de prudencia, es decir, se paralizan las solicitudes de determinadas nacionalidades como Ucrania y Venezuela e impulsan las de siria”.

Las nacionalidades que más presentan solicitudes de protección internacional en España son Venezuela porque llegan en avión y no necesitan visados para venir a España; Siria porque había vuelos Turquía – Argelia y de ahí pasaban a Melilla (ahora esta vía ya no existe); y Ucrania, que utilizaban el transporte terrestre para alejarse lo máximo posible del conflicto.

Fuente: cear.es

A las personas sirias se les está dando la protección subsidiaria automáticamente en lugar del estatuto de refugiado. A la hora de acceder a derechos y servicios prácticamente no hay diferencia. Las personas refugiadas pueden pedir la nacionalidad a los 5 años y las de protección subsidiaria a los 10 años, pero cuando se acabe la guerra a la persona con protección subsidiaria se le puede retirar porque se entiende acabada la causa que motivó su protección en primer lugar. En el caso de un refugiado o refugiada es más complicado retirar el estatuto. Pero, ¿quién decide que es seguro volver, aunque no haya guerra? ¿Qué pasa con la reconstrucción y con el proceso de paz?

Una espera eterna

Una vez en suelo europeo nadie te asegura que te vayan a admitir y conceder la solicitud de protección internacional. En España hemos visto que además el sistema de asilo va con retraso, incumple los plazos y puede hacer esperar hasta 1 año sólo para tener la entrevista (primer paso). ¿Qué ocurre durante ese tiempo? La persona que quiere pedir asilo no puede trabajar, puede estar seis meses aprendiendo valenciano o gallego y después tener que mudarse a Madrid porque es allí donde hay una plaza en el sistema de asilo. ¿Y si ya había desarrollado, en el plazo de dos años que se tramita su solicitud, una red de apoyo? Después de tener que abandonar su país, sus amigos, su familia, llegar a un país diferente, con un idioma probablemente desconocido, esperar dos años a expensas de la administración y, ¿saber que pueden trasladarle o incluso rechazar su petición? ¿Qué tipo de integración se está promoviendo?

La diferencia está en el cambio de percepción

Mientras esperan, pueden pasar dos o tres años. Si saben que luego pueden o deberán abandonar la primera ciudad de acogida, ¿por qué iban a crear lazos? La diferencia está en la percepción de una sociedad de acogida que criminaliza a los refugiados porque la única vía que tienen de solicitarlo es pasando primero por la irregularidad. Es la percepción de unos refugiados que se sienten inseguros y desprotegidos respecto a su futuro en una sociedad que les marginaliza. Esto genera diferencias, tensión social, y, en resumen, una falta de integración, pero la culpa es de un sistema que no la contempla.

 

*Artículo redactado por Nuria Hernández

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