«No quiero un mundo acostumbrado a los actuales niveles de pobreza»

De pronto sucede que un día se te te queda pequeño un país como Argentina. ¡Argentina! Donde caben los Andes o las praderas de las Pampas, y al mismo tiempo allá al Sur, como al final, Tierra del Fuego, los lagos glaciares…¿pequeño? Por eso será que otro día te vas a Oxford seis meses. Y sin embargo, y por lo mismo, también allí te pasa que algo se queda corto. Y al final sucede que al cabo de los días -o de los años- eres estudiante de tercer curso del grado de Ciencias Políticasy RelacionesInternacionales y cuentas tu experiencia en una entrevista tal que esta.

Cuando lo explica nuestra estudiante argentina Agustina, todo esto es más sencillo de explicar y de entender: «Hay mucho mundo por conocer y moverte por él cambia tu mirada».

Cuéntanos cómo va eso de irse desde Argentina a Inglaterra para descubrir una universidad en Valencia.

Al acabar la secundaria, me voy a Oxford a hacer un intercambio de inglés, que era mi sueño desde que estaba en el colegio. Allí coincido con una alumni del CEU que ha estudiado Ciencias Políticas y me habla del grado. Tengo familia en Valencia y tenía claro que después de Oxford quería continuar en Europa. En el curso de inglés conozco algo de relaciones internacionales y me encanta. Cuando me explican que el grado de Ciencias Políticas acá está volcado justamente en eso, me digo: «Yo tengo que hacer esto».

Tienes un familiar que vive aquí desde hace años, ¿cómo te ha ayudado esa circunstancia a adaptarte al cambio que supone estudiar en otro país?

Mi tía fue una de las que más me animaron a tomar la decisión. También me advirtió a la hora de gestionar los momentos menos buenos que tiene estar lejos de casa. Hay días más duros que otros, no siempre es un camino de rosas, como pasa con todo. Pero esto es un proceso de conocimiento. Hay que ser flexible y saber serlo. Me siento muy afortunada con la gente que me rodea. Y con mi familia puedo hablar cuando quiera gracias a las nuevas tecnologías, te sientes más cerca.

Un vistazo al mail antes de coger el tranvía.

¿Cuándo apareció esa gente que hoy te rodea y que te acompaña aquí?

¡El primer día que pisé la universidad! Yo llegué en febrero, con el curso ya empezado. Recuerdo que me reuní con la decana de la Facultad a las 14.30. Me dijo que tenía clase ya ese mismo día…¡a las 15! Pues allí que me llegué al aula con un boli y una hojita en blanco. Me senté, todos estaban ya en grupos y podía sentir las miradas de curiosidad hacia mi. Al terminar la clase una chica, Carmen– que hoy es como mi hermana- me preguntó si había llegado de Erasmus. Le dije que no, que estaba para estudiar el grado completo. Aquella misma tarde nos fuimos a tomar algo y hasta hoy, con Carmen y Alba.

«No quiero despertar todos los días sabiendo que en el mundo hay gente que la está pasando mal.»

Antes de llegar, tu idea de España era la que tenías en la memoria de un viaje con tus padres a los 12 años, ¿qué has descubierto de este país siendo universitaria?

Es cierto que siendo tan pequeña no eres consciente de todo. Conocí Zaragoza, Salamanca. Desde que vivo aquí he descubierto que España es preciosa, que los paisajes que tienen acá son una locura; y aquí en Valencia, las playas…Recuerdo cuando vi por primera vez el azul del mar en Jávea, pensé: «¡Esto es imposible, qué maravilla de color!». Pero también cuando he visitado Ibiza o Formentera o, más recientemente, Madrid. Hay tanta cultura, la gente es espectacular. Quiero seguir descubriendo este país.

Con sus compañeras de grado en una escapada a Madrid.

Y volviendo a la vida en la universidad, ¿qué destacarías del modelo de enseñanza en nuestras aulas?

Sin dudarlo, la cercanía con los profesores, no pasa en todas las universidades. Sentir esa comodidad, no solo a la hora de preguntar en clase, sino ir más allá, plantear cualquier duda fuera de clase, interesarte por ampliar algún tema. Siempre están dispuestos a atenderte, a guiarte. Con ellos nunca vas a sentirte solo. Esa seguridad que te da saber que siempre hay alguien pendiente de tus progresos motiva mucho a los alumnos.

¿Te atreves a resumir en qué consiste el grado de Ciencias Políticas?

Me parece más sencillo explicar todo lo que he crecido a la hora de expresarme y comunicar ideas y pensamientos; cómo he aprendido a entrelazar lo que sé con lo que voy descubriendo. Siempre he buscado una visión más amplia de los hechos, no especializada. Quiero conocer cómo funciona el mundo, tener capacidad para relacionar todo con todo. No me basta con quedarme únicamente con una cosa que, además, será poquita cosa porque siempre hay muchas más alrededor. Este grado te abre la mente, aprendes a saltar por encima de los prejuicios y a buscar la relación y la conexión que existe entre todos los ámbitos.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido?

Hablando de salvar prejuicios y tópicos, me fascina la parte práctica, la cantidad de proyectos en los que podemos aterrizar la teoría, que uno podría pensar que es lo que más hay en este grado. Estamos saliendo constantemente del aula, ahora por ejemplo con el proyecto COIL con Chile, pero también con las políticas por el clima, conectando constantemente con el entorno.

Agustina en pleno centro histórico de Valencia, donde vive.

Como estudiante universitaria te preguntaríamos si hay que cambiar el mundo, pero como futura polítóloga queremos saber cómo lo vas a cambiar.

No me quiero despertar todos los días sabiendo que hay gente que la está pasando mal. Si se puede hacer algo más por reducir los índices de pobreza en el mundo, ¿por qué hacer lo mínimo? Hay herramientas, existen organizaciones, gente con enorme poder, quizás falte más concienciación, más firmeza y compromiso por parte de las instituciones. Habrá quien piense que es idealista, pero para mi es ser ambiciosa con el cambio de esa situación. Me niego a pensar que nos hemos acostumbrado a que la pobreza sea algo que siempre estuvo ahí y que siempre va a estar.

Muchas gracias. Agustina!

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