Poder, representación y democracia

En un contexto histórico marcado por la pérdida de crédito social de las instituciones representativas, se trate éste de un problema crucial para la reflexión del politólogo. Quiérase o no, el ejercicio del poder adquiere siempre forma personal. Solo como táctica de ocultación de un poder real puede esgrimirse uno impersonal, aunque este se asocie al primado de la ley (nomos basileus, lex est rex). En qué dirección particular deba moverse la voluntad colectiva es un problema práctico que obviamente requiere, junto a una cierta idea sobre los objetivos a conseguir, la capacidad personal de decidir. Y esto es siempre facultad de pocos. Idealmente puede quererse que el pueblo mismo se gobierne, pero este deseo se enfrenta inexorablemente a la limitación de los medios. Por otra parte, también los regímenes autocráticos, neutralizada toda disidencia, tratan de fundar la legitimidad de su gobierno en la adhesión popular, incluso de forma unánime. Es uno de los equívocos que más habitualmente oculta el prestigio de la representación, del que también puede servirse un poder arbitrario y, en el fondo, despótico: una confusión frecuente entre el ejercicio efectivo del gobierno y la representación. Desde luego, la libertad política no se reduce al ejercicio activo del gobierno como capacidad de decidir. Tanto como hallarse en condiciones de ejercer una capacidad, es esencial en política la definición de sus fines, esto es, al servicio de qué objetivos se ejerce efectivamente el mando y, lo que es más importante aún, en nombre de quién lo hace.

El parlamentarismo, que en una coyuntura histórica marcada por el triunfo del absolutismo, trató de articular formas de limitación del poder real mediante la institucionalización de la discusión política y, en consecuencia, la legitimación política de la oposición y de la diferencia de opinión, fue algo más que un intento de abrir la participación en los asuntos de gobierno a bases sociales más amplias, de acuerdo con un criterio de carácter censitario. En realidad, no se trataba tanto de un problema de distribución del poder, cuanto de la rehabilitación civil de ciertos hábitos y usos republicanos cuyo contenido iban más allá de la mera facultad de decidir. No era un problema de gobierno, en suma, sino de sociedad civil. Y esa es, en efecto, la marca distintiva del sistema representativo: la organización de la sociedad en sociedad civil, una maraña compleja de relaciones de convivencia en la que los ciudadanos disponen de libertad de elección, gozan de seguridad para sus personas y sus bienes y disfrutan de un mismo derecho para expresarse, asociarse y conducirse libremente. En la vitalidad de este orden tiene el poder, desde luego, su límite más decisivo. Por eso también su fragilidad, hecha escenario de la confrontación política y la intervención del poder. Al fin y al cabo la política no es la única de las actividades humanas. Tampoco necesariamente la más alta.

I Encuentro en el CEU Political Science Lab para alumnos de CC. Políticas

El pasado 20 de octubre se celebró en nuestra Facultad el primer encuentro del CEU Political Science Lab para alumnos de 1º del Grado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

Armando Zerolo
Armando Zerolo Durán

En esta ocasión contamos con la participación de Armando Zerolo Durán, Profesor de Filosofía Política y del Derecho en la Universidad CEU San Pablo (Madrid). Licenciado en Ciencias Políticas y en Derecho –grado en el que obtuvo su doctorado (2008)–, el Prof. Zerolo amplió estudios en centros extranjeros, de Italia (Università di Torino), Francia (París I Sorbonne), EE.UU. (Notre Dame) y Alemania (Julius-Maximilians Universität). Experto en el pensamiento político de Bertrand de Jouvenel (1903-1987)  y la tradición liberal continental, cuenta en su haber con un buen número de publicaciones, entre las que destacan sus librosGénesis del estado minotauro: el pensamiento político de Bertrand de Jouvenel (Sequitur, Madrid 2013), y La monarquía constitucional: principios del estado liberal según Chateaubriand (Dykinson, Madrid 2017), así como la edición en la «Colección de Clásicos Políticos» del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de los artículos publicados por François-René de Chateaubriand en El Conservador (1818-1820), con traducción y estudio introductorio propios (2013). Director de la colección «Minima politica» de la Editorial Encuentro y columnista habitual en el nuevo diario digital El Debate, es actualmente presidente de la Fundación Conversación y director del seminario de Pensamiento Político «Luis Diez del Corral» de la USP, junto a Dalmacio Negro Pavón. Miembro del Consejo Directivo de la Fundación Internacional Kolbe, forma parte también del Consejo Editorial del Anuario Científicodel Instituto de Filosofía y Derecho de la División de Urales de la Academia de Ciencias de Rusia.

Durante el encuentro, bajo el título Poder, representación y democracia, el Prof. Zerolo centró su intervención en el desarrollo histórico y conceptual de los fundamentos del sistema representativo y algunos de los retos actuales de la democracia, problemas ambos que los alumnos tuvieron ocasión de trabajar previamente a través de algunos textos facilitados por el propio invitado, procedentes de El gobierno representativo, del filósofo y politólogo francés Julien Freund; Representación y poder, de Elio A. Gallego, y de su propio estudio sobre Chateaubriand, La monarquía constitucional: principios del estado liberal según Chateaubriand, todos ellos de reciente publicación.

Profesor Armando Zerolo, en el encuentro Poder, representación y democracia

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