Un Erasmus al otro lado de aquel telón

Nahuel Miranda De Armas es uno de los tres estudiantes de nuestra Universidad que han abierto camino en Rúsia con la apertura de los convenios que han permitido este curso, por primera vez, realizar intercambios Erasmus allí. La experiencia de los tres no ha podido ser mejor: todos han prorrogado sus estancias. Nahuel nos relata en primera persona cómo han sido esos meses.

Hola a todos! Mi nombre es Nahuel y curso Periodismo en la Universidad CEU-Cardenal Herrera. Para empezar debo decir que la elección del destino de Erasmus es una de las decisiones críticas en la vida de un veinteañero. El elegir el destino de un año que puede suponer un punto de inflexión. Y al elegir Moscú, pasé de medias tintas. Quería medirme a mí mismo y encontré un reto de altura. Me perdería entre 12 millones de personas en la ciudad más grande de Europa.

vivíamos cerca de 7.500 estudiantes de más países de los que puedo recordar

Me pareció alucinante la posibilidad de ir a la Universidad Estatal de Moscú, la más grande de Rusia y quizá la única universidad sobre la faz de la tierra situada en un rascacielos. Cuando me dijeron que iba a vivir todo un año en una de las Siete Hermanas, siete edificios de fachadas imponentes que Stalin mandó construir para mostrar “la grandeza de la URSS, no me pude negar. Buscaba un impacto cultural y lo iba a conseguir.

La clase de Periodismo en nuestra visita a Yandex, el Google ruso

En un ambiente internacional dentro del país más culturalmente hermético que he conocido, pude desarrollar mi carrera en inglés con profesores de referencia de toda Europa. Mientras, aprendía un idioma que te abre tantas puertas como el ruso.

No se podía esperar menos de una universidad fundada por Mijaíl Lomonosov, una especie de Da Vinci ruso que creció al abrigo de Pedro el Grande y diseñó los planos de los primeros edificios de la universidad. Es, verdaderamente, un lugar resuma grandeza por doquier.

Para colmo, de la Facultad de Periodismo han salido algunas de las más ilustres plumas del país. La sede, donde todas las clases tenían lugar, se encuentra a escasos 400 metros del Kremlin y la Plaza Roja, el lugar más imponente que uno se pueda imaginar.

Foto de la graduación del primer semestre en el hall de la Facultad de Periodismo

Uno puede sentirse aislado en medio de una ciudad y una institución de esta dimensión. Pero nada más lejos de la realidad. En la residencia principal vivíamos cerca de 7.500 estudiantes de más países de los que puedo recordar. Alrededor, una reserva natural que abraza el campus y la mayoría de las facultades. La vida universitaria, como no podía ser de otra manera, era boyante. Decenas de asociaciones de estudiantes organizaban quedadas de todo tipo para que la adaptación fuera más ligera y crear grupos con quien compartir tamaña experiencia.

Vivir fuera y marcharme solo a un país tan diferente ha sido duro, claro que sí. Cada uno tendrá sus retos y yo he podido cumplir varios de los míos. Pero la recompensa merecía y merece la pena.

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