En Polonia de erasmus: la intensidad de vivir

Hola a todos. Mi nombre es Mariam, estudiante de 4º de Periodismo en la Universidad CEU Cardenal Herrera, y hace un año tomé la mejor decisión de mi vida: irme de Erasmus. Miedo, emoción, ganas, incertidumbre, ilusión, adrenalina, desconocimiento por el porvenir: todo un cúmulo de sentimientos encontrados que se subieron al avión conmigo un 26 de septiembre de 2019 para adentrarme en la que hoy, con certeza, puedo asegurar que ha sido la mejor experiencia de mi vida.

Una experiencia que comienza mucho antes de coger el vuelo, y no me refiero al gusanillo que florece tiempo atrás. Todo empieza con una larga lista de documentación que presentar que te acompañará durante los próximos meses, esa que se te hace un mundo, pero por la que hay que aprender a organizarse y no dejarla para el último momento.

Tuve la gran suerte de que tanto mi primera opción como mi destino final fuese la que hoy se ha convertido en mi segundo hogar: Wroclaw, al oeste de Polonia. Fueron dos amigas mías quienes el año anterior la escogieron para vivir su experiencia, quienes despertaron en mí la curiosidad de querer conocer esta acogedora ciudad polaca. Y si algún día leen esto, desde aquí les doy las gracias. Y es que lejos de ser fría, apática o aburrida es hospitalaria, animada y esconde mil secretos por descubrir, como sus representativos enanitos desperdigados por la ciudad que te acompañarán allá a donde vayas.

En mi caso, decidí alojarme en Olowek, una residencia pública a 5 minutos andado de mi universidad bastante conocida entre los estudiantes españoles, que se ha convertido en uno de mis rincones favoritos. No te esperes lujos, pagando 130 euros mensuales no te puedes esperar gran cosa.

«Es un mundo nuevo y por eso es importante ir con la mente abierta.»

Pero hazme caso, tiene su encanto. La mayoría de sus pisos son de cuatro personas, como fue el mío. ‘’Habi Pat’’, como así lo llamábamos, tenía una cocina, dos habitaciones de dos y un baño para compartir. Un pequeño piso que se convirtió en el nidito de cuatro espíritus aventureros, Carmen, Malén, Sandra y yo, que pasaron a ser una familia y con las que la convivencia fue sobre ruedas: la clave está en colaborar.

Una residencia siempre ayuda a la hora de relacionarse y conocer gente, pero también hay otras vías. Akademia, Jamaica, X-Demon y Antidotum, nuestras discotecas favoritas, tuvieron mucho que ver y es que, fueron muchas las largas y tendidas conversaciones que se entablaron en las miles de noches random y que posteriormente acabaron en grandes amistades.

Conocerás a gente muy distinta, e incluso establecerás vínculos con personas con las que jamás hubieses creído que conectarías. Es un mundo nuevo y por eso es importante ir con la mente abierta y darle una oportunidad a todo ese aluvión de nombres que de sopetón embarullarán tu cabeza.

Hay mucha fiesta, sí, pero Polonia no sólo es eso. Gracias a su ubicación he tenido la oportunidad de poder recorrerme Europa. Eso sí, bye bye comodidades porque la compañía FlixBus va a pasar a convertirse en tu mejor amigo. En mi caso, visité Cracovia, Praga, Oslo, Berlín, Viena, Budapest, Bolonia, Verona, Florencia, Zakopane, París, Varsovia, Gdansk, Lodz y Poznan. Ahora lo pienso y jamás hubiese imaginado visitar tantos lugares en tan poco tiempo, pero qué mejor que haber recorrido esos diferentes países y ciudades, de los que aprenderás sus distintas culturas, de la mano de tus amigos.

En cuanto a los estudios, si llevas preguntándote cómo entendía las clases, no te asustes. No tendrás que aprender polaco, las clases se imparten en inglés. Es una oportunidad excepcional para mejorar el idioma y para volver con un nivel mucho más elevado, además de lo que ello conlleva: la oportunidad de relacionarte con gente internacional. Las asignaturas que yo escogí resultaron ser muy interesantes y eran impartidas desde un enfoque bastante distinto al de España.

«Una experiencia tan intensa, tan emocionante, repleta de adrenalina que comienzas siendo de una forma y acabas siendo de otra.»

El Erasmus es, en definición, algo inexplicable. Y como todo en esta vida, todo empieza, pero también acaba. Y echas la vista atrás y por mucho que lo pienses, no entiendes cómo el tiempo ha podido pasar tan rápido, pero en la tristeza de su fin descubres que esa es su magia: una experiencia tan intensa, tan emocionante, repleta de adrenalina que comienzas siendo de una forma y acabas siendo de otra.

Lo mires por donde lo mires, disfrutar de una movilidad con el programa Erasmus + Estudios es una oportunidad para madurar, para hacerte más independiente, para aprender a valorar las cosas y para crecer como persona, de la que extraes que, más allá del lugar, lo más importante y lo que te llevas para siempre es la gente.

Dejas atrás todo un camino recorrido, a toda esa gente que has conocido, a todo un viaje que te acompañará toda la vida. Y cuando vuelves, en la dualidad de la nostalgia por haberse terminado y de la alegría de haberlo vivido, te das cuenta de que has aprendido lo que es la intensidad de vivir.

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