Álex Serrano, periodista de Las Provincias: «Tenía 21 años cuando firmé mi primer contrato fijo»

Álex Serrano (derecha) con dos de sus compañeros de radio CEU y El Rotativo, Rosana belenguer (redactora de ABC) y Daniel Valero (redactor de Valencia Plaza)
Álex Serrano (derecha) con dos de sus compañeros en Radio CEU y El Rotativo, Rosana Belenguer (hoy redactora de ABC) y Daniel Valero (redactor en Valencia Plaza).

El redactor de Las Provincias Álex Serrano ha escrito este post sobre su experiencia como periodista.

Hay gente que tiene suerte, gente que tiene mucha suerte, gente a la que le toca el Gordo (varias veces, incluso, como a Fabra) y luego estoy yo.
Tenía 21 años cuando firmé mi primer contrato fijo. Indefinido. El maná. El Santo Grial. La red que me iba a permitir no caer en la nada cuando terminara la carrera. Era el verano de tercero a cuarto de Periodismo en la Universidad CEU-Cardenal Herrera y mientras todos mis compañeros hacían prácticas, yo ya tenía mi contrato firmado. ¿Soy mejor que ellos? Evidentemente no. Tuve suerte. Mucha, a decir verdad.
Había entrado en Levante-EMV en julio y en septiembre, el día de antes de que terminaran las prácticas, mi jefe, el redactor jefe de Deportes de la casa que se acabó convirtiendo en el mayor maestro que jamás tuve, José Vicente Aleixandre, me dijo: “Bueno, el lunes vienes, ¿no?”. Yo me quedé un poco parado. “¿No se ha enterado de que me piro?”, me pregunté. Y se lo dije.

– Yo termino hoy.

Él se rió y se metió en su despacho. Al minuto salió y me dijo que bajara a firmar mi contrato.

Y eso hice. Pensat i fet, parecía.

Pasé los mejores años de mi vida en esa casa. Evidentemente, yo ya había estado en El Rotativo, periódico de la Universidad, donde pasé por prácticamente todas las secciones junto a algunos de los mejores periodistas que conozco (como Rosana Belenguer e Irene Sánchez, ambas triunfando ahora en ABC o como productora en Bruselas), así que tenía cierta ventaja con respecto a otros becarios que no
habían estado en el periódico de la universidad. En serio, si tenéis oportunidad no dejéis de ir. Es lo
mejor de la carrera (bueno, y las clases de Santiago Celestino, y cuando en la cafetería te invitan a
comer porque es tu cumpleaños. A mí me pasó una vez).alex serrano1
Trabajar en Levante-EMV era un sueño para mí. No todo era de color de rosa, evidentemente. Se echaban muchas horas, sobre todo de guardias cuando estaba en Deportes. Te llevabas broncas cuando no ponías bien las estadísticas en las crónicas del Valencia Basket, entonces Power Electronics Valencia Basket. Mi jefa, Minerva Mínguez, que acabó siendo mucho más que una jefa y una maestra para mí, me echaba broncas enormes que ahora agradezco aunque en su momento me preguntaba, ¿por qué esta señora me odia? Trabajé codo con codo con algunos de los mejores periodistas de Valencia: Vicent Chilet, Peio Bort, Josep Bartual, José Parrilla, Mónica Ros, Moisés Domínguez, Hortensia García… no acabaría. Todos ellos me enseñaron una auténtica barbaridad y puedo decir que algunos de ellos son ahora buenos amigos. También compartí redacción con leyendas de esto del periodismo como Ferran Belda o Quico Arabí, entre otros, o con redactores que estaban empezando y ahora son prácticamente familia, como María Gurrea o Nerea Castro, ex del CEU ambas, o Pedro Valero, Álex Zahínos, Laura Julián o Maria Bonillo, auténticos titanes en esto de juntar letras.
Compaginé esos años en Levante-EMV con prácticas en Médicos Sin Fronteras (sí, aun trabajando) y con un programa de radio, Corred al Cine, Insensatos, que ahora mismo siguen haciendo varios compañeros míos, entre ellos una ex CEU como es Arantxa Gil. Seguidlo, son unos mamarrachos adorables.
Pero todo se acaba y quiero pensar que fue mi buen trabajo lo que hizo que un día Jesús Trelis, redactor jefe de Valencia en Las Provincias, me llamara por teléfono. “Tenemos una plaza y quiero quedar a conocerte”, me dijo. Quedamos en la cafetería del AVE de Joaquín Sorolla, al más puro estilo James Bond. Nos faltó decirnos cómo íbamos a ir vestidos. Eso fue un jueves. “Tendrás que trabajar muchísimo”, me dijo. El martes me había ofrecido el contrato y tres semanas después acudí a Levante-EMV a despedirme de mis compañeros.
Aquí estoy ahora, en Las Provincias, el periódico decano de Valencia, con un contrato que le debo enteramente a Trelis. He hecho un Figo, como lo llamo yo, al pasar de un periódico al de su competencia. Pero la verdad es que aquí estoy muy bien. Me tratan muy bien y escribo de lo que aprendí a amar en Levante-EMV, el periodismo local, con grandes compañeros mano a mano como Lola Soriano, Isabel Domingo o Paco Moreno. Veo vuestras cejas alzadas. ¿A quién le importa que en Patraix hayan puesto nuevo alcantarillado o que la red de bibliotecas del Ayuntamiento vaya a verse reducida? Pues a la gente que vive en la ciudad, a tu vecino, a ti mismo. No todo es Obama y Pablo Iglesias y creo que incluso en esas pequeñas se puede encontrar un periodismo de proporciones épicas.
No os voy a dar ningún consejo porque a mí aún me los siguen dando. Tampoco voy a deciros que esta es la profesión más bonita del mundo.
No hace falta. Ya lo veréis cuando estéis en una redacción.

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