Deterioro cognitivo y demencia. ¿Qué es y cuales son sus tipos?

Cada 3 segundos se detecta un nuevo caso de demencia en el mundo, y dos de cada tres de estos casos están causados por el Alzheimer.

Si bien en publicaciones anteriores hemos relacionado el deterioro con diferentes aspectos, en el blog de hoy analizamos aspectos clave para tener en cuenta:

Definición de deterioro cognitivo:

En respuesta a nuestra primera pregunta, definimos el deterioro cognitivo (DC) como una disfunción cognitiva a diferentes niveles, afectando principalmente al aprendizaje, a la memoria, al pensamiento y al lenguaje, de manera mayor a la esperada con un envejecimiento normal.

Los síntomas y la evolución varían en función del sujeto, yendo desde el deterioro cognitivo leve (DCL) hasta la demencia, siendo su evolución, por lo general de carácter lento y progresivo.

Definición de demencia:

La demencia es un síndrome clínico en el que de forma progresiva se van perdiendo facultades cognitivas, por lo que el paciente acaba perdiendo su independencia y/o autonomía. Así, la demencia se caracteriza por una disminución general y notoria de la memoria, acompañada por alguno de los siguientes criterios:

  • Apraxia: Incapacidad de llevar a cabo tareas o movimientos, pese a que se entienda la orden o se tenga la intención de realizarlo. Un ejemplo sería la realización de actividades cotidianas.
  • Agnosia: Trastorno mediante el cual el paciente no es capaz de identificar correctamente objetos
  • Afasia: Dificultad de comunicación que puede afectar a la expresión y comprensión.

Diferencias entre demencia y deterioro cognitivo:

La principal diferencia entre el DC y la demencia, es que el primero no tiene porqué ser necesariamente evidente en la vida social u ocupacional del sujeto, siendo predecesor de la demencia en un 50% o más de los casos. Del mismo modo, se entiende como deterioro cognitivo cualquier disminución de las capacidades cognitivas por parte del paciente que no reúna los criterios empleados para la definición de demencia. Así, es común que en el deterioro cognitivo también se vea alterada la personalidad y el comportamiento del paciente.

Causas y tipos de demencia:

Para poder entender la demencia, debemos conocer de que forma afecta a la vida de las personas, así como los diferentes tipos que hay:

  • Enfermedad de Alzheimer: Pérdida progresiva de las facultades cognitivas, al igual que problemas de memoria en el corto plazo hasta llegar a los estadios tardíos en los que se alcanza la discapacidad.
  • Demencia vascular: El inicio puede ser tanto repentino como gradual, aunque generalmente está relacionado con accidentes cerebrovasculares tales como traumatismos o ictus. Otros factores de riesgo son las enfermedades arteriales como la hipertensión, diabetes o afecciones coronarias. En las primeras etapas de esta enfermedad, se sufre una pérdida de memoria.
  • Demencia de cuerpos de Lewy: Como vemos, este es otro tipo de demencia. Está caracterizada con fluctuaciones del estado cognitivo asociadas con la enfermedad de Parkinson. En los estadios tempranos, se encuentra un pobre estado funcional al igual que alucinaciones, presentando problemas para reconocer formas y figuras.
  • Demencia frontotemporal: En este tipo de demencia, la desinhibición del paciente marca el progreso de la enfermedad, ya que los cambios de personalidad resultan muy numerosos. De igual forma nos encontramos con problemas conductuales, ya que se vuelven especialmente agresivos, apáticos y nerviosos a medida que la pérdida de memoria se acentúa.

Enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es responsable de entre el 60% y 80% del total de casos de demencias. La causa de la que se sospecha actualmente es la acumulación de unos péptidos llamadas beta-amiloides que, al unirse, forman placas y enredos neurofibrilares por diferentes áreas del cerebro.

Este acúmulo resulta en una disminución de neurotransmisores colinérgicos, al igual que de una disminución de la actividad de la acetiltransferasa y el número de neuronas colinérgicas. El componente genético, parece ser muy importante en el desarrollo de esta enfermedad, por lo que se encuentran 3 genes bajo riguroso estudio con el fin de poder ser diagnosticada de forma temprana y eficaz y poder realizar un tratamiento óptimo.

Entre los principales síntomas que encontramos en la Enfermedad de Alzheimer, observamos una disminución de la memoria reciente al igual que de memoria referida a grandes periodos de tiempo conforme avanza el tiempo. De igual modo, la función de expresión oral se ve perjudicada, afectando a la gramática y sintaxis de los pacientes. En cuanto a la independencia de estos, esta se ve mermada hasta desaparecer completamente, perdiendo la capacidad de hacer planes, de tomar decisiones, de realizar esfuerzos memorísticos o de mostrar capacidad de razonamiento. De igual forma, la visión también se ve afectada, mostrando problemas para reconocer objetos, usarlos o manipularlos correctamente.

Diagnóstico:

Respecto, al método de detección, el más común es la queja subjetiva de pérdida de memoria, la cuál no es más que la sensación de una disminución de la capacidad cognitiva del paciente respecto a un tiempo anterior, bien por advertencia del sujeto en sí, o bien por la de familiares o personas cercanas al mismo. Además, el diagnóstico se complementa mediante la realización de test neurofisiológicos y de pruebas de neuroimagen, como PET, además del estudio de biomarcadores.

Factores de riesgo:

En cuanto a los factores de riesgo característicos del DC, podemos diferenciar entre modificables o no modificables.

No modificables:

Dentro de los no modificables, destacan la edad, la presencia de factores genéticos, como el alelo ε4 del gen APOE, y el sexo femenino frente al masculino, aunque sobre este último se observará mayor o menor evidencia en un futuro debido al marco histórico-cultural.

Así, pese a que estudios recientes señalan la presencia de DC en población de mediana edad, con el tiempo, la permeabilidad de moléculas y células inmunes a través de la barrera hematoencefálica (BHE) aumenta, permitiendo un mayor avance de la neurodegeneración. Como consecuencia, si bien la edad no es determinante, su papel es importante.

Modificables:

Respecto a los factores de riesgo modificables, destacan los estilos de vida nocivos, como una mala salud física, un bajo nivel educacional, cambios de humor frecuentes, el estrés crónico o la obesidad, produciéndose en los dos últimos un aumento de los mediadores inflamatorios sanguíneos.

Respecto a las patologías, destacan la hipertensión, la hiperlipidemia, la diabetes, la depresión o el cáncer, existiendo estudios que señalan la rigidez arterial como posible indicador de la posterior aparición de demencia, siendo esta una de las comorbilidades asociadas de mayor preocupación, debido a su alta prevalencia.

¿Qué podemos hacer al respecto?

A pesar de los numerosos esfuerzos en investigación, en la actualidad no disponemos de ningún tratamiento que resuelva la demencia.

No obstante, tratar de prevenir la demencia está, en parte, en nuestro día a día. Optar por hábitos más saludables o mejorar el control de nuestras comorbilidades podrían ser algunos de los puntos clave para ello.

Nunca es demasiado pronto.

Articulo realizado por:

Javier Valero (Alumno Interno Farmacología Farmacia UCH CEU)

Gemma García (Doctoranda en CEINDO)

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