Arquitectura y Buenos Aires, la ciudad y su clima

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Vista general de Buenos Aires

Su escala y refinamiento, pero también su color y sus contrastes, imprimen a la arquitectura de Buenos Aires un carácter único. A veces neoyorquina, en ocasiones madrileña y casi siempre parisienne, la masiva capital de Argentina se empeña en recoger lo mejor de todos los lugares para marcarle un estilo propio. Algo que la convierte en una urbe fascinante, diversa y que ofrece impresionantes ejemplos de arquitectura clásica y contemporánea.

La ciudad moderna es además, en la actualidad, un hervidero de estudios jóvenes que se empeñan en devolverla al primer nivel de la arquitectura mundial. Aquél que busca funcionalidad y diseño, al tiempo que garantiza su neutralidad medioambiental.

Vista general de Buenos Aires
Vista del distrito de Puerto Madero, un auténtico hub de arquitectura de última generación en Buenos Aires

La arquitecta Florencia Collo ha sido una de las invitadas de nuestro ciclo ConnectA, que este año nos ha llevado (telemáticamente) hasta la ciudad en la que estudió, Buenos Aires. Formada además en Sustainable Environmental Design por la Architectural Association, es una de las cabezas visibles del estudio Atmos Lab. Un estudio especializado en diseño bioclimático en el que se unen los servicios de consultoría con la investigación en temas relacionados con la arquitectura sostenible.

Wladimiro Acosta, pionero en arquitectura bioclimática

Para Florencia Collo y su equipo, la clave se encuentra en el análisis científico de todos los factores climáticos que inciden en el diseño de edificios para su ciudad. Esta es la base de la llamada arquitectura bioclimática, aquélla que persigue la eficiencia energética a través del uso de los recursos locales.

Un buen ejemplo de arquitectura asimilada al clima de Buenos Aires es la casa “Helios” en Villa del Parque, del arquitecto Wladimiro Acosta. Este arquitecto, uno de los pioneros a nivel mundial en arquitectura bioclimática, se formó en Alemania e Italia y sólo llegó a Argentina en 1928. Esto es, en una época anterior a la construcción de dos de los grandes iconos de la arquitectura moderna: la Villa Savoye de Le Corbusier y el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe. En esos años, la arquitectura de Buenos Aires se movía en una onda más estilística que conceptual, que oscilaba entre lo colonial y lo moderno.

Las estrategias constructivas permiten reducir a una cuarta parte el consumo de energía en las viviendas

De lo primero, Acosta admiraba las gruesas paredes de adobe que aislaban del calor exterior. También las galerías que proporcionaban sombra y las grandes ventanas con barras, persianas y mosquiteras. De lo segundo, tan sólo consideraba un edificio moderno cuando resultaba verdaderamente funcional.

Como arquitecto, Wladimiro Acosta optó por abrir una tercera vía que recogiera lo mejor de las corrientes anteriores. Una nueva arquitectura, basada en la geografía del lugar, su tecnología y sus técnicas constructivas. Que respondiera a la forma de vida local y que perteneciera exclusivamente a esa misma tierra.

Desde esta perspectiva, dedicó su vida a investigar el clima de Argentina en toda su dimensión. Desde los diferentes microclimas existentes a cómo afecta el tiempo al cuerpo humano. De las horas de luz a los ángulos solares y las oscilaciones térmicas. Y fruto de ese meticuloso estudio publicó la obra “Vivienda y Ciudad” en 1936, veinte años antes de la celebrada obra “Solar Control and Shading Devices” de Olgyay & Olgyay, considerada la obra fundacional de la arquitectura bioclimática.

El clima de Buenos Aires, clave para su arquitectura

Para poder construir una arquitectura adaptada a las condiciones de un lugar como Buenos Aires, es necesario en primer lugar conocerlas en profundidad. La ciudad tiene un clima comparable en el hemisferio norte al de Los Ángeles o Marruecos, y está más cerca del ecuador que Europa. En verano, la temperatura diaria oscila entre los 20 y 29 grados, mientras que en invierno varía entre los 7 y 10 grados. Existe, sin embargo, un aspecto fundamental, y es el de la luz solar, con una radiación directa muy alta.

Edificio de Wladimiro Acosta
Vivienda diseñada por Wladimiro Acosta, precursor de la arquitectura sostenible | Crédito foto: Clarín

Precisamente, Wladimiro Acosta estudió de forma específica la incidencia del sol y diseñó un sistema de protección muy característico en sus viviendas tipo Helios. Este sistema situaba una visera o losa horizontal de unos 2 metros a 5 ó 6 metros de altura para modular el impacto de la luz solar en la fachada. También propuso que las principales estancias de las viviendas estuviesen orientadas hacia el norte o el este, añadiendo protecciones verticales para proteger del sol proyectado del este y el oeste. Estas medidas permitían que la vivienda quedara protegida del sol en verano y que las estancias principales, situadas en la planta baja, recibieran sol directo en invierno.

También construyó en altura en los años 40 edificios similares en el barrio de Palermo Chico, donde adaptó su sistema Helios. La orientación de estancias era la misma que en el caso anterior, favoreciendo que balcones y ventanas principales permanecieran a la sombra en verano y al sol en invierno.

Su modelo ha sido validado completamente con tecnología contemporánea, más de 80 años después de su diseño.

La ciudad actual: estrategias para una arquitectura bioclimática en Buenos Aires

Para Florencia Collo, el reto actual está en construir en un contexto urbano mucho más saturado que en la época de Acosta. Por suerte, Buenos Aires es una ciudad bastante modular y homogénea en cuanto a la tipología de bloques. Y hay, según la arquitecta, tres factores que pueden incidir en los edificios:

  • La anchura de la calle, con una media actual en la ciudad de 17 metros
  • La altura de las construcciones, que oscila entre las 4, 9 y las 15 alturas o más de media (según se trate de zonas de baja, media o alta densidad)
  • La orientación de los solares

A partir de estas variables y de sus combinaciones, desde Atmos Lab han desarrollado estrategias constructivas atendiendo a la incidencia de la luz solar. En todos los casos y en todas las estaciones del año. Así, han podido determinar cómo mantener una temperatura ideal en el interior de una vivienda a partir de esa incidencia solar. Y, de esta forma, favorecer un uso eficiente de la energía.

Vista general del gran Buenos Aires
Casi 13 millones de personas viven en al aglomerado urbano del Gran Buenos Aires

Pero, ¿por qué es importante calcular la incidencia solar en una ciudad como Buenos Aires? Porque, atendiendo a las variables anteriormente mencionadas, el efecto de la luz del sol puede hacer variar la temperatura en las viviendas hasta en 27 grados durante del día y 5 grados por la noche. Y la razón de esta disparidad no es otra que la exposición directa al sol.

Estrategias para racionalizar el uso de la energía en las viviendas

Sus estudios permiten saber qué porcentaje del tiempo se encuentra una vivienda dentro del estándar considerado como confortable a nivel térmico, atendiendo a la norma europea EN 15251. Y esto incide claramente en el uso energético necesario para equilibrar la temperatura en momentos en que la vivienda se encuentra fuera de ese confort.

Aspectos sencillos en apariencia, como la presencia de un balcón, inciden directamente en el equilibrio térmico de una unidad doméstica. Sólo añadir un balcón a cualquier unidad orientada al noreste, por ejemplo, permitiría bajar la temperatura hasta 11 grados en verano, y sin ningún impacto negativo en invierno. Por tanto, una de las conclusiones de su investigación es que construir sin balcones hoy en día en Buenos Aires condena a los edificios a invertir de forma innecesaria en equipos de climatización.

Es importante aprender a combinar arquitectura y clima para reducir el uso de energía y las emisiones de CO2 a la atmósfera

Existen multitud de factores que permiten generar un estudio termodinámico eficaz: el clima local, las variables geométricas y las constructivas. Pero también los factores internos de una vivienda (habitantes, actividades, horarios, energía consumida…) y la interacción del usuario (ventanas, ventilación, uso de persianas…).

Combinando todos estos factores en estrategias, se podrían alcanzar altos niveles de confort térmico en las unidades constructivas. Algo que ya preconizaba Wladimiro Acosta y que, en el fondo, no es demasiado complejo: el uso de lamas, toldos, persianas, etc. Elementos, en definitiva, bastante comunes pero que a veces se han dejado de lado en la arquitectura de hoy.

Es importante recuperar estos términos en la arquitectura, sobre todo ahora que el calentamiento global es una realidad y el cambio de tendencia depende exclusivamente de nosotros. El sector de la construcción es responsable del 40% de las emisiones de carbono. Y saber que podemos reducir a una cuarta parte el consumo de energía sólo aplicando estrategias de arquitectura debería ser objeto de una profunda reflexión.


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