Una rosa es una rosa

Muebles de salón estillo shabby, chic y vintage (alexieileen.com)

A todos nos importa mucho nuestro look y para ello vestimos cool, utilizando, si viene al caso, nuestra ropa vintage. También tenemos amigos fashion que gastan ingentes cantidades de dinero en tops, jeans y blazers.

La utilización de términos de una lengua extranjera no es un fenómeno nuevo en el mundo de la moda.

Antes fue Francia la que exportaba léxico y moda de manera inseparable: palabras y expresiones como pret-a-porter o beige forman parte ya del imaginario colectivo de todos nosotros, nos guste la moda o no. Incluso algunas de las palabras utilizadas para exponer el tema no son más que préstamos del francés que la Inglaterra dominada por los Normandos adoptó. Tanto entonces como ahora, el patrón parece responder a una fórmula simple: una sociedad culturalmente avanzada impone sus modas a otra, ávida de una mejor consideración social.

Hasta aquí todo bien. Parece obvio que cualquier novedad en el vestir, en la tecnología o en la alimentación necesite de un nombre con el que referirse a ella. De otro modo, no podríamos contar que hemos comido sushi o ketchup ni maldecir al wi-fi por nuestra lentitud en contestar al WhatsApp. La objeción puede aparecer cuando no hay concepto nuevo y lo que penetra en nuestro mundo es (solo) el término, cosa que ocurre de manera reiterada y que amenaza nuestra lengua y, por ende, nuestra civilización y nuestro mundo. ¿No me creen? Pregunten a un millennial qué es una rebeca de color piel. Después nombren cardigan nude y anoten su reacción.

Cardigan Nude (cichic.com)

Estamos, pues, ante un fenómeno que nos devuelve, como la pescadilla que se muerde la cola, al mundo de la moda. ¿Utilizamos la terminología inglesa, pues, solo por parecer modernos? Decididamente, no. O no solamente, al menos. Vemos en los últimos tiempos cómo el inglés mejora cualitativamente al castellano solo con su nombre: ¿quién podría presumir de comprar restos de serie o remates finales de rebajas? Pues es, por definición, lo que venden los outlets. Ah, amigo… Pero no suena igual, ¿verdad?

 

Dijo William Shakespeare que una rosa olería igual de dulce aunque tuviera otro nombre.

Rosas violetas (Pinterest)

Pues bien, la moda y su imparable influencia en nuestra sociedad está a punto de desmentir al bardo inglés. Quién lo diría. Y es que los tiempos, están cambiando. Y tanto.

Tan gran tsunami no podía pasar inadvertido para organizaciones como la Universidad CEU Cardenal Herrera, perfectamente consciente del fenómeno ante el que nos encontramos. Y tal que así, cuenta con el título ‘Especialista en comunicación de moda‘, una excelente noticia para quien esté interesado en el tema a un nivel profesional. Y sobre todo, una decidida apuesta por responder con prontitud y adecuación a un estímulo que parece no tener límites en nuestra sociedad.

 

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