VI Jornadas Valencianos en la Historia de la Iglesia

Consolidándose como lugar de divulgación de la historia y  cultura valencianas  el Palacio de  Colomina acogerá en esta ocasión las “VI Jornadas Valencianos en la Historia de la Iglesia”.

PROGRAMA

Jueves 19 de abril de 2018

  • 18:30 h. PRESENTACIÓN
  • 18.45 h. El Cardenal Tarancón. JUAN MARÍA LABOA GALLEGO. Universidad Pontificia de Comillas
  • 20.00 h. INAUGURACIÓN EXPOSICIÓN. La Catedral Barroca. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVII

Viernes 20 de abril de 2018

  • 09.30 h. El dominico fray Jaime Villanueva. GERMÁN RAMÍREZ ALEDÓN. Universitat de València
  • 10.30 h. Juan Antonio Mayans y Siscar. Un erudito en el cabildo catedralicio valenciano. VICENTE LEÓN NAVARRO. Historiador
  • 11.30 h. Descanso
  • 12.00 h. Domingo Sarrió. Entre el Oratorio de San Felipe Neri y la Escuela de Cristo. EMILIO CALLADO ESTELA. Universidad CEU Cardenal Herrera
  • 13.00 h. Desde la Villa Ducal, el Padre Jerónimo López, misionero popular de la Compañía de Jesús. JAVIER BURRIEZA SÁNCHEZ. Universidad de Valladolid
  • 16.00 h. Frey Miguel Arándiga, de la Orden de Montesa JOSEP CERDÀ BALLESTERHistoriador
  • 17.00 h. El franciscano descalzo fray Antonio Ferrer y su Arte de conocer y agradar a Jesús . FRANCISCO PONS FUSTER. Universitat de València
  • 18.00 h. Descanso
  • 18.15 h. Tres canónigos de la Catedral de Valencia: Pere Comuel, Vicent Climent y Gauderic de Soler. VICENTE PONS ALÓS. Universitat de València
  • 19.15 h. El Otro Ferrer: Fray Bonifacio. ALFONSO ESPONERA CERDÁN. Facultad de Teología

EXPOSICIÓN

Como complemento a estas Jornadas se presenta la exposición “La Catedral Barroca. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVI” que se inaugurará, tal como aparece en el programa, tras la conferencia inaugural. Han actuado como comisarios de la misma el Dr. D. Emilio Callado de nuestra Universidad y el Dr. D. Vicente Pons, Canónigo Archivero de la Catedral de Valencia.

La Catedral de Valencia fue protagonista de un periodo histórico crucial tan­to para la Iglesia local como para el entonces Reino, la propia España y la Europa coetánea en general: el Barroco, cuyas formas culturales F. Braudel vincula estrechamente al mundo mediterráneo —del que el marco ,acial de nues­tra institución fue parte impórtame, no se olvide— a través de la irradiación de la Roma Católica y la Monarquía Hispánica, valedora política de la Contrarreforma. Tiempo marcado por una situación de crisis en diversos niveles —económicos, sociales, políticos y también de mentalidad en un contexto continental de depresión con ingredientes particulares en el territorio valenciano.

El impacto de todo ello se dejaría sentir de manera muy especial en la Seo. Empezando por el cabildo metropolitano, destino para los vástagos de ilustres linajes autóctonos, quienes trajeron hasta el templo filias y fobias bajo la especie del ban­dolerismo que desde hacía décadas asolaba el Reino. Figuras notables en muchas ocasiones, que nutrieron el episcopado patrio convertidas en agentes de la corona, empeñada en controlar los mecanismos de elección capitular con los consiguientes encontronazos habidos a enes. de ello, fuera con los mismos canónigos, la mitra o incluso la Santa Sede.

Igualmente polémicas fueron las relaciones del cabildo con los arzobispos de turno, empeñados estos últimos en someter definitivamente al clero catedralicio bajo el báculo episcopal, con la Inquisición, que seguía buscando su lugar en el espacio socio-religioso local; e incluso algunas instituciones civiles, el Municipio sin ir más lejos. Es decir, conflictos de poder frente a injerencias externas por mantener prerrogativas de todo tipo. Por supuesto, también las económicas, agravada en estas latitudes por la diáspora morisca y su impacto en la hacienda de la Seo, titular de muchos de los préstamos impagados por los expulsas; motivo de que su labor asistencial con los más necesitados se resistiera justo cuando mayores eran las penurias, llevadas a su paroxismo durante la epidemia de peste de mediados del Seiscientos.

No menos notable resultó la penetración en la Catedral de los planeamientos contrarreformistas después del Concilio de Trento, así corno la modificación de los hábitos mentales y actitudes morales sus miembros fruto de la nueva regulación canónica. Muchos de estos clérigos, además, compatibilizaron su prebenda en la iglesia mayor con el ejercicio de la docencia en la Universidad a través del desempeño de las cátedras pavordías, participando desde ellas en las dos grandes controversias teológicas postridentinas. Lo sería la generada en torno a la gracia y el libre albedrío. Pero sobre todo la que se librara a la mayor gloria de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, complicada en Valencia con la batalla desatada a raíz de la muerte con fama de santo del popular Pare Simó.

Tanto o más importantes fueron los medios de que se sirvió el cabildo metropolitano para influir en la práctica religiosa de los fieles. Desde los más convencionales como la liturgia, la predicación o la música, pasando por el mismo espacio físico del templo, su arquitectura, pintura y artes menores, hasta los de carácter extraordinario. Entre los citados en último lugar ocuparon un lugar privilegiado toda suerte de celebraciones con motivo de beatificaciones, canonizaciones y otras efemérides similares, frecuentes por lo demás en el catolicismo de la Contrarreforma, del que se erigieron en bandera frente a las Iglesias protestantes.

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