Una educación de calidad para una sociedad mejor

«Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo.» Con esta frase recogía el Premio Nobel de la Paz una joven pakistaní de tan solo 17 años, Malala Yousafzai. El derecho a la educación de los niños es un factor clave para la creación de sociedades justas y pacíficas. La ONU ha incluido como IV Objetivo de Desarrollo Sostenible, la educación de calidad. De la mano de la Vicedecana de Educación de la Universidad CEU UCH, Rosa García, analizamos a continuación la transcendencia y los retos que plantea procurar una educación que permita cumplir el deseo de aquella joven activista: cambiar el mundo.

 

¿Qué quiere decir “educación de calidad”?

Hablar de una educación de calidad es hablar de un elemento multidimensional. Supone tener en cuenta diferentes dimensiones que van desde la situación del aula a lo que se vive fuera de ella.

«Una educación de calidad debe considerar todos los aspectos que rodean a la persona que va a ser educada para adaptarse a ella y lograr que alcance el mayor desarrollo posible»

Una educación de calidad supone que esta sea accesible para todos, independientemente de su condición física, psicológica, social o cultural y que permita a estas personas lograr su desarrollo de forma integral y holística para poderse desenvolver en el mundo actual. Esto implica formar personas con espíritu crítico y compromiso social que sean capaces de respetar, reconocer y ejercer los derechos humanos. Que tengan oportunidades para integrarse y prosperar en su sociedad y también para contribuir a la mejora de su entorno.

El hecho de que todos los niños puedan acceder a este tipo de educación facilita la igualdad de oportunidades. Por ello es necesario que la educación, y más concretamente la atención, que se da en ese proceso se adapte a las necesidades y contexto en el que se desarrolla cada persona.

Una educación de calidad también implica que todas las personas que forman parte del proceso educativo sean partícipes de él (familia-escuela-contexto) y ejerzan las responsabilidades que les correspondan. Y por supuesto que los docentes tengan las herramientas necesarias para poder ofrecer una educación integral. Esto supone no solo infraestructuras, sino también formación adaptada a las necesidades reales y no tanto a los intereses de algún colectivo o intermediario.

¿Qué papel juegan los docentes en esa “calidad educativa”?

El papel del docente ha de ser activo y capaz de transformar la enseñanza adaptándose a la realidad de su aula. Esto supone motivación, ilusión, creatividad, innovación, investigación, formación y dedicación. Los docentes son los que van a poner en marcha todas las acciones necesarias para que la calidad educativa sea real. Esto no es algo baladí, se requiere de mucha implicación para poder llevarlo a cabo.

Desde la formación inicial de los docentes se les debe dotar de las herramientas suficientes para, por un lado, poder actuar ante realidades diversas y por otro, reconocer sus necesidades formativas y poder actuar en consecuencia.

Nuestra Universidad apuesta por formar a los futuros docentes en competencias que les doten de habilidades de comprensión, análisis y adaptación a las situaciones educativas con pensamiento crítico y visión holística. Estas habilidades permiten que el estudiante y futuro maestro:

  • Disponga de conocimientos para aplicar métodos activos e innovadores
  • Aplique la creatividad para adaptar las formas de enseñar a las necesidades del aula de manera flexible y eficiente.
  • Preste atención a la diversidad mediante fórmulas de inclusión; de trabajo en equipo, tanto dentro como fuera del aula y a nivel nacional e internacional.
  • Reciba una formación en valores. Para que no solo sea un buen profesional, sino una buena persona.
  • Desarrolle la competencia “aprender a aprender”, clave para seguir mejorando como profesional.

¿Cuáles son los retos a los que os enfrentáis los docentes en la tarea diaria de transmitir una educación de calidad?

Los docentes deben ser conscientes de que la realidad cambia rápidamente. Así que tienen que reflexionar y actualizarse para ser capaces de tomar decisiones en beneficio de sus estudiantes. Esto supone un esfuerzo que no todos los maestros están dispuestos a asumir, por lo que considero que este es el mayor reto. La disposición y la actitud positiva están muy unidos a la vocación, a la motivación y a la ilusión por enseñar.

«El sistema educativo se debería de nutrir de docentes realmente vocacionales, que amen su profesión»

Sin embargo, si analizamos la situación del docente, actualmente, muchas veces es difícil lograr esa motivación que se requiere.  Sobre todo cuando la sociedad o las familias no valoran la labor que hacen los maestros. Esto influye mucho en la calidad educativa y es un reto al que el docente ha de enfrentarse. Debe lidiar con estas situaciones y seguir remando para lograr sus metas. E insisto de nuevo en la importancia de la vocación, pues cualquier docente que no sea vocacional logrará desmotivarse con mayor facilidad.

Las tecnologías tienen una influencia considerable y el docente no puede quedarse atrás, por lo que también es necesaria una formación continua, investigación e innovación para poder avanzar y adaptarse a estas nuevas realidades.

Otros  de los retos a los que se enfrentan muchos docentes es la falta de recursos, esto es algo que influye en la calidad educativa. Es necesario, por un lado, disponer de recursos y por otro, saber utilizarlos (formación).

¿Por qué es importante trabajar por una educación inclusiva?

Principalmente porque si no trabajamos por una educación inclusiva, no vamos a lograr una educación de calidad. No estaremos dando igualdad de oportunidades a todas las personas para desarrollarse y poder convivir en sociedad. Imagínate que yo separo en el aula los alumnos por necesidades educativas específicas, por nacionalidad, por ideología, por condición social… estaría generando una desigualdad tremenda. Primero porque los estudiantes entenderían que hay grupos de alumnos que son diferentes y por lo tanto, no tienen la misma condición.  Esto generaría clases diferenciadas, que luego se traduciría en una sociedad diferenciada. Y fuera de la escuela seguirían entendiendo que estás diferencias son algo normal.

«Si no trabajamos por una educación inclusiva, no vamos a lograr una educación de calidad»

Por otro lado, si no doy la misma igualdad de oportunidades y no doy respuesta a lo que cada uno necesita, puedo poner a estas personas en una situación de riesgo de exclusión.

Con una educación inclusiva trabajo con todo el grupo y no con alumnos por separado.  Respondo a las necesidades que van surgiendo, los alumnos se sienten en igualdad de condiciones y ven la diversidad como algo normal. Se vuelven más solidarios al trabajar en equipo, se ayudan unos a otros desarrollándose con la ayuda de sus compañeros y, además, fuera de la escuela se sienten todos parte de una misma sociedad y se comprometen con ella de forma conjunta.

Además, no se debe olvidar un factor importante para que la educación inclusiva sea real: la implicación de las familias. Sin el apoyo a la diversidad en la familia el estudiante siente confusión respecto a lo que vive en el centro educativo y lo que vive en su hogar.

¿Aprendemos con la diversidad?

Ya lo creo. Aprendemos todos: docentes, estudiantes, familia y sociedad. Si nos centramos en el ámbito educativo, desde la perspectiva del docente se podría decir que el aprendizaje es enriquecedor. Se aprende a conocer mejor a los alumnos, a utilizar nuevos métodos y enfoques de aprendizaje más activos, a flexibilizar las programaciones, a utilizar evaluaciones diferentes y a plantearse nuevas metas. En definitiva, nuevas formas de atender y entender el proceso educativo.

«La diversidad significa aprender para la vida, para vivir en una sociedad plural en la que todos participan»

En el caso de los estudiantes, significa aprender para la vida, para vivir en una sociedad plural en la que todos participan. Esto repercute en la sociedad del futuro que entiende la diversidad como “parte” y no “aparte”. Los niños se enriquecen en un entorno diverso. Aprenden de los demás, aprenden otras realidades, nuevas culturas y formas de entender la vida. Esto desarrolla en ellos valores necesarios para la convivencia y para el buen desarrollo social como la solidaridad, el respeto, la tolerancia, la paciencia, la comprensión o la amistad, entre otros.

¿Cómo se educa en el desarrollo sostenible?

Educar en el desarrollo sostenible implica, además de la concienciación social, un trabajo que se puede iniciar en las escuelas mediante la integración en el plan educativo de temas relacionados con la sostenibilidad: el cambio climático, la pobreza, el consumo responsable, el reciclaje, la biodiversidad, etc.

Me parecen temas que deberían incluirse desde el inicio de la educación para que, los que ahora son niños, se conviertan en adultos responsables con el planeta. Para que crezcan concienciados de la repercusión que sus decisiones y actitudes tienen sobre el medio ambiente.

Son temas que, además, se pueden integrar y/o combinar con otras materias. Son muy interesantes para trabajar proyectos en los que los estudiantes indagan por ellos mismos, analizan e integran esos conocimientos que les orientan hacia la acción en favor de la sostenibilidad. Este me parece también un elemento importante para conseguir una educación de calidad. Como comentaba anteriormente, se ha de tener en cuenta el contexto; la educación ha de ser integral, pues así se logra una verdadera transformación.

¿Hacia dónde crees que se dirige el futuro de la educación?

Me gustaría creer que el futuro de la educación se dirige hacia un escenario muy diferente. El ritmo de avance de las escuelas todavía es lento en comparación con el avance social. Hay aspectos que todavía debemos mejorar y tenemos que actuar con mayor rapidez. De lo contrario, no seremos capaces de asumir una realidad que nos absorberá.

«La tendencia es hacia un modelo más flexible y adaptado al entorno, con nuevos roles, nuevos entornos de aprendizaje y abierto al mundo»

También es evidente que en este futuro las tecnologías ocupan un papel muy importante. Creo que debemos aprovecharlas, pero sin perder de vista el lado humano. Las personas somos seres sociales que necesitamos interactuar y las relaciones personales hacen que nuestra empatía y comprensión hacia el otro aumente. Esto es algo que a través de las tecnologías, pierde intensidad. Es necesario que los docentes fomenten el trabajo en equipo y los valores para no perder la esencia humana que necesitamos para lograr un mundo mejor.

Pero creo que la respuesta más apropiada a la pregunta que me formulas es que la educación se dirige hacia donde nosotros queremos dirigirla. Depende de nosotros. Y depende en gran parte de quienes nos dirigen, de quienes dictan las leyes educativas. Esto es algo que todos, como ciudadanos responsables en una sociedad democrática, debemos asumir. Y por supuesto depende también de la formación que tenga el docente, de su actitud, de su vocación y del trabajo que realice en su aula.

«Es necesario que los docentes fomenten el trabajo en equipo y los valores para no perder la esencia humana que necesitamos para lograr un mundo mejor»

Las personas somos las que conformamos la sociedad y de nosotros depende hacia donde nos dirigimos. Nosotros tomamos las decisiones y también delegamos en otros para que las tomen por nosotros, pero tenemos el derecho de elegir con libertad y esto es algo que debemos ejercer.

Si pudiera pedir un deseo para este futuro educativo, pediría a los políticos que se unieran todos para pactar una ley educativa consensuada y perdurable en el tiempo, estable. Eso aportaría seguridad al sistema educativo. Y que esta ley apostara por una sociedad más justa y solidaria, responsable con el entorno global, que buscara el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones sin discriminación ni diferenciación, que se preocupara por ofrecer calidad educativa y se olvidara de intereses particulares.

«La sociedad es reflejo de nuestra educación»

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