La escuela: un lugar donde ser felices

Hoy en día, escuela y educación son conceptos ampliamente discutidos en foros académicos, políticas públicas, instituciones educativas, medios de comunicación y espacios de la sociedad en general.

Desde su origen, la institución escolar ha estado marcada por estructuras y prácticas que hoy se consideran obsoletas dado que nada tienen que ver con las necesidades de los tiempos en los que vivimos. Su principal deficiencia se encuentra en una manera de entender la educación en la que no se tiene en cuenta la naturaleza del aprendizaje, la libertad, la importancia de las emociones y de los vínculos humanos en el desarrollo, tanto individual como colectivo, dejando de lado la atención a las necesidades, a los intereses, a las capacidades y habilidades de los alumnos.

En ese sentido, a lo largo de los años, han ido surgiendo críticas que han desencadenado en propuestas y prácticas que piensan la educación de forma distinta, atreviéndose a cambiar las estructuras del modelo educativo de la escuela tradicional.

Aunque todos y cada uno de nosotros somos diferentes, con cerebros únicos y singulares, la escuela tradicional ha considerado una única forma de aprendizaje, clasificando a los alumnos en función de una capacidad general, medida a través de los test de inteligencia, y basándose en las “clases magistrales”, donde el libro y la memorización son los principales aliados del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Esta metodología, limitada y descontextualizada, ha servido como mera “clasificación”, como una forma de “etiquetar” a los estudiantes, como resultado de la calificación de unos exámenes cuya evaluación se aleja de la realidad y tiene poca utilidad práctica y permanente.

El panorama educativo se encuentra con escuelas que se limitan a adaptarse a currículos uniformes en los que los alumnos estudian las mismas asignaturas y de la misma forma.

Howard Gardner (psicólogo y pedagogo estadounidense), hace más de dos décadas, revolucionó el mundo de la psicología con su Teoría de la Inteligencias Múltiples, aunque el reconocimiento le vino más tarde. Esta teoría rompe por completo con la idea preconcebida que todos tenemos de la inteligencia, sosteniendo que tenemos múltiples facultades que habitan en la misma, todas ellas importantes y que, por tanto, la educación debería considerar para que, así, todos los niños puedan optimizar sus capacidades individuales ya que no todos aprendemos de la misma forma ni tenemos los mismos intereses ni inquietudes.

Lo que pretende es ir más allá del lenguaje y la lógica, de las pizarras, de los libros de texto… creando entornos que fomenten la creatividad y la cooperación/colaboración, a través de un proceso continuo de observación directa e individual de los alumnos.

La teoría de Gardner, promueve un aprendizaje por proyectos donde el progreso del alumno se evalúa analizando la evolución de su rendimiento y su implicación en los diferentes proyectos o actividades, todo en consonancia con un aprendizaje significativo.

 

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Teoría que, entre otras, describe la inteligencia intrapersonal (capacidad para comprenderse y trabajar con uno mismo) y la interpersonal (capacidad para comprender y trabajar con los demás). Ambas configuran la inteligencia emocional, popularizada por Goleman (psicólogo estadounidense), y que se define como la “capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás y utilizarlos como guía de pensamiento y acción, estando en la base de las experiencias de solución de los problemas significativos para el individuo y para la especie”.

Tradicionalmente la escuela ha priorizado los aspectos cognitivos del aprendizaje relegando el conocimiento de las personas e impidiendo reflexionar sobre los sentimientos y las emociones. En el contexto educativo actual, gran parte del fracaso escolar es atribuido a la falta de capacidad intelectual y de motivación de los alumnos sin pensar que, quizás, tal problema es, mayoritariamente, consecuencia del escaso conocimiento emocional que tenemos de nosotros mismos y de los demás, dando lugar a comportamientos problemáticos, conflictos…

Desde el punto de vista educativo hablamos de Educación Emocional, siendo ésta otro nuevo enfoque de la renovación educativa que estamos viviendo en la escuela. El Informe Delors (UNESCO 1998) afirma que “la educación emocional es un complemento indispensable en el desarrollo cognitivo y una herramienta fundamental de prevención”, ya que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional. Dicho informe fundamenta la educación en cuatro pilares:
1. Aprender a conocer y aprender a aprender (para aprovechar las posibilidades que ofrece la educación a lo largo de toda la vida).
2. Aprender a hacer (para capacitar a la persona para afrontar muchas y diversas situaciones).
3. Aprender a ser (para obrar con autonomía, juicio y responsabilidad personal)
4. Aprender a convivir (trabajar en proyectos comunes y gestionar los conflictos).

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Aumentar el bienestar personal y social así como la identificación de las fortalezas en lugar de las carencias, que es lo que tradicionalmente se ha venido haciendo en la escuela, nos acerca a otro movimiento renovador dentro de la Psicología general que surgió a finales de los noventa en Estados Unidos con el nombre de Psicología Positiva. Movimiento impulsado por Martin Seligman, una de las figuras más relevantes de la Psicología a nivel internacional, destacando la necesidad de promover un cambio que permita potenciar la investigación y la promoción de lo positivo en el ser humano y no tanto los aspectos patológicos de las personas. De acuerdo con Seligman, los tres pilares básicos de la Psicología Positiva son:

  1. Las emociones positivas
  2. Los rasgos positivos (virtudes y fortalezas personales)
  3. Las instituciones positivas (que facilitan el desarrollo de dichas emociones y rasgos).

Todas las corrientes o enfoques expuestos hasta el momento, ofrecen extraordinarias posibilidades para renovar la práctica educativa desde unos sólidos fundamentos científicos. Las contribuciones de estas disciplinas son aplicables en el alumnado de Educación Infantil, Primaria y Secundaria, al tiempo que se trabajan todas y cada una de las competencias básicas dada su posible implantación en el currículo.

Los nuevos tiempos requieren de éstas y de otras muchas nuevas estrategias educativas donde lo primordial es crear una escuela basada en un aprendizaje para la vida. Por lo tanto, no se debería catalogar a los alumnos, ya que igual de inteligente es aquel con capacidad para las matemáticas que aquel capacitado para la música, el deporte o emocionalmente.

En este nuevo marco educativo es tarea imprescindible obtener información sobre cómo aprende el alumno y cuáles son sus fortalezas e intereses. Igual de importante es entender que las emociones y los sentimientos son tan relevantes como el desarrollo intelectual.

El maestro deja de ser un mero transmisor de conocimientos y se convierte en un guía que acompaña el proceso de enseñanza – aprendizaje del alumno permitiéndole adquirir, como se ha dicho anteriormente, las competencias requeridas.

En consonancia, la esencia del nuevo panorama educativo debe constituirse en torno al descubrimiento del talento de cada niño, generando contextos adecuados que optimicen el aprendizaje a través de sus intereses, fomenten su autonomía, su creatividad y, sobre todo, aprendan a vivir y a ser felices.

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