Cuando Ángel Herrera-Oria luchaba contra el analfabetismo

Alumnos de Magisterio del CEU de Elche participarán en un concurso de redacción sobre el papel de las escuelas-capilla

Divulgar, entre los alumnos de los grados de Educación de la Universidad CEU Cardenal Herrera en Elche, la obra que llevó a cabo Angel Herrera-Oria en los años 50 en España, cuando ejercía como Obispo de Málaga, para alfabetizar a la población en esas décadas, a través de la creación de las escuelas-capilla, es el objetivo del concurso de redacción, diseñado por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria.

En una charla con los estudiantes de 1º Magisterio, Adela Aura Larios de Medrano, profesora del CEU de Elche y miembro del patronato de la Fundación, les mostró la importancia de esta iniciativa que Ángel Herrera puso en marcha en la provincia de Málaga, que en aquella época presentaba uno de los mayores índices de analfabetismo. Este proyecto, asegura la profesora Larios de Medrano, “supuso la creación de más de doscientas escuelas-capilla en zonas rurales de la provincia con una red de maestras volcadas en la formación intelectual, humana y espiritual de sus alumnos, y debidamente formadas para el desempeño de su labor. Las escuelas-capilla contribuyeron a la alfabetización de niños y mayores y a facilitar el desarrollo personal de sus integrantes”.

Las principales funciones de estas escuelas-capilla eran, por una parte, la de escolarizar a los niños de las zonas más inaccesibles de la provincia de Málaga y proporcionarles una educación primaria. Por otra, la de evangelizar, no solo a través de la formación religiosa de los niños, sino como centro religioso, ya que el aula se convertía en capilla donde se celebraba la misa.

“También se alfabetizaba y se formaba a los adultos por las noches y era el lugar de reuniones de vecinos para tratar las condiciones e infraestructuras de la zona”, señala la profesora, quien recordó a los futuros maestros cómo era la labor y las condiciones de sus antecesores esos años, en las más de 250 escuelas, con unas 200 maestras y unos 50 maestros: “Fueron muchas las maestras que ejercieron una admirable labor de enseñanza y de atención en aquellas cortijadas aisladas, sin luz eléctrica, sin agua corriente, sin caminos en condiciones y con un escaso salario. Su trabajo no tuvo horario, y a veces ni Navidad ni Semana Santa. El horario solía ser de 9 hasta la 1 de la madrugada. Se atendía de 40 a 100 alumnos en escuela unitaria, en turnos de mañana y de tarde, porque no cabían todos y porque algunos también trabajaban con sus padres en el campo.  Y por la noche asistían los adultos. Ejercían además de maestras, también como enfermeras, asistentes sociales y evangelizadoras”.

A partir de 1985 las escuelas se acogieron a los conciertos educativos como escuelas rurales. En la actualidad las pocas escuelas que quedaron, muchas se cerraron por la emigración a los pueblos y ciudades, se unieron como escuelas rurales a la Fundación Santa María de la Victoria.

 

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