Tres maestras en una

Maestra de pequeña, maestra en mis juegos y maestra de vocación

Hace 20 años, una madre preguntaba a su hija a la vuelta del colegio:

– ¿Qué estas haciendo hija?

– Estoy jugando a ser como mi profesora Amalia

– ¡Anda! ¿Y eso?

– Hoy nos ha preguntado a todos, qué queríamos ser de mayores…

– ¿Y tú qué le has contestado?

– ¡DE MAYOR QUIERO SER PROFESORA!

 

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Mientras todos los niños y niñas de mi edad soñaban con ser cantantes, futbolistas, cocineros, médicos… yo siempre tuve claro que de mayor quería ser maestra, como mi profesora Amalia.

¿Te imaginas ir a trabajar a un lugar que podría confundirse con una fábrica de felicidad?

Hoy, estoy realizando las prácticas en el colegio Pureza de María cumpliendo un pedacito de mi sueño: enseñar y aprender con ellos. Y no hay mañana en la que no reciba sonrisas, caras de felicidad y muestras de entusiasmo, mientras comparten multitud de detalles que se convierten en los cimientos de mi vida profesional, en recuerdos que se graban en el subconsciente, como si cada sonrisa fuera un ladrillo en la construcción del proyecto de mi vida.

 

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Leer estas palabras, recibir estos dibujos, estos detalles, son tan solo el comienzo de unos meses únicos y especiales junto a ellos.

Ser maestra es sentirse satisfecha con los logros obtenidos, confiar en las capacidades y posibilidades de los niños y de las niñas con el fin de que adquieran seguridad en sí mismos.

Como hace 20 años, mi madre me sigue preguntando:

– ¿Cómo ha ido el día, hija?

Sin embargo, hoy la respuesta es:

– Bien, cada día es mejor, cada día disfruto más y cada día aprendo casi tanto como enseño.

 

Stefany Rafeh Beaini. Universidad CEU Cardenal Herrera

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