Pequeños gigantes

A lo largo de nuestras vidas nos encontraremos con miles y miles de situaciones, que de una manera u otra, formarán parte de nuestro libro de experiencias. Si bien es cierto, aquellas que han sido ocasionadas por aquellos a los que llamamos “pequeños gigantes” marcarán gran parte de nuestra existencia.

Durante mi corto e intenso periodo de prácticas en el CEIP El Rajolar (Número 5) de Aldaia, he podido vivir en primera persona realidades que en múltiples ocasiones superan la ficción. Si de contar anécdotas se tratase podría escribir cientos de libros narrando cómo cada uno de estos niños y niñas me han hecho amar mi futura profesión como nunca antes había imaginado. Es por ello, que preferiré contar mi experiencia personal. A lo largo de estos meses he convivido en las clases de 3, 4 y 5 años, lo que conlleva estar en contacto con gran cantidad de niños que desde el primer momento te regalan un cariño de lo más sincero. Recuerdo el primer día que conocí a mis “pequeños gigantes”, tan inocentes, tan pequeños, aparentemente tan vulnerables que nos recibían entre un sinfín de nervios y sollozos que poco a poco iban menguando y dejando entrever una de sus mejores sonrisas. Conforme los días pasaban, nuestros pequeños iban haciendo del colegio algo diferente, mágico, daban ese toque de júbilo que los meses de verano hicieron desaparecer, y es que allá donde hay niños hay felicidad.

eva

Los días iban pasando y en cada uno de ellos ibas descubriendo algo nuevo, diferente, que hace darte cuenta de la inocencia que abunda en cada uno. Y es que, en esta profesión nunca dejas de aprender, y en ocasiones lo que superficialmente parece insignificante en realidad conlleva un trasfondo de lo más considerable.  A día de hoy, puedo cerciorar que la labor de un docente va más allá que enseñar unos simples y meros conocimientos, es transmitir unos valores, regalar un afecto diario a cada uno de tus alumnos y alumnas, ofrecer una infinidad de oportunidades de aprendizaje, ayudar, guiar, potenciar… y todo ello con constancia y dedicación. Porque ser maestro es algo vocacional, trabajoso, a la vez que inmensamente gratificante y que sólo aquel que tiene la suerte de poder dedicarse a ello es capaz de comprender todo aquello que se siente.

Eva Callejas

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