Aprendiendo a Desaprender

Joan Portero Luque en el Colegio Santa Ana de Lliria

Todos conocemos el desánimo o falta de interés que muestran los alumnos a partir de 6º de Primaria. Solamente nosotros podemos cambiar esto, poniendo en práctica todo aquello que hemos ido aprendiendo e intentado captar la atención de nuestros alumnos:

Trabajo activo, actividades motivadoras, trabajos cooperativos…Todos hemos escuchado estas palabras para intentar cambiar un sistema educativo que cada vez infunde menos valor en los alumnos, y que por falta de interés del profesorado, por los cambios en la sociedad o por un sistema educativo cogido con pinzas, da igual, no funciona.

Trabajo cooperativo durante las clases de sociales.

Por ello hay algo que me ha impresionado gratamente desde que comencé las prácticas, para ello voy a situaros: Colegio Santa Ana de Lliria. Se trata de un colegio concertado de carácter religioso y pese a ser un centro católico hay alumnos de todo tipo de religiones, siendo respetados y formando parte de la familia que es el colegio.

Una vez situados voy a contar mi experiencia:

El primer día de entrar a clase observé algo extraordinario; los niños se volvían locos por contestar a cualquier pregunta del profesor, ya fuera cálculo mental, problemas orales, explicaciones de temarios dado…además hay conflictos debido a que todos quieren ser parte activa de la clase. Si hay que repartir material todos quieren hacerlo, si hay que escribir en la pizarra…ibídem, en fin, tienen interés por aprender, por participar y por formar parte de un grupo, con lo cual… ¿Qué estamos haciendo mal?

Con la poca experiencia que he tenido por ahora, no he comprendido todavía porque no funciona el sistema educativo en secundaria, eso sí, tengo muy claro porque sí que funciona al menos en mi centro de prácticas.

Aprendizaje y desarrollo de sus primeros mapas conceptuales.

Ante todo tiene que haber respeto entre los alumnos, esto es muy importante para ellos ya que tienen pánico al ridículo, pero si realmente te sientes cómodo en clase no temes este pánico, al fin y al cabo son tus compañeros desde infantil (Ojo, en mi aula todos los días hay peleas, discusiones y castigos, pero siempre acaban con un abrazo entre compañeros y alguna pequeña gamberrada juntos).

No hay miedo al error, si piensas y contestas en voz alta y no aciertas no pasa nada, has dicho lo que creías correcto y te has dado cuenta de que nos has acertado, no pasa nada, se premia igual el acierto que el saber corregir o aceptar que has fallado, la próxima vez deberás estar más seguro a la hora de contestar.

He visto como los alumnos celebraban una respuesta correcta como si fuera un gol, o como se estiran para que les veas y poder responder.

Me parece magnífico ese interés de los alumnos, y desde mi punto de vista con un profesor que quiera trabajar hay mucha materia prima para hacerlo, ahora tenemos que plantearnos como trasladar esto a la secundaria, y personalmente me parece que un primer paso debería ser que el profesor baje de la tarima y se sienta parte de su clase (siempre manteniendo la distancia profesor-alumno) y prueba de ello  es que cada vez que entra un profesor de prácticas los alumnos muestran muchísimo más interés, y le solicitan más ayuda que a su profesor, y esto se debe a la gran atención que les préstamos demostrando así que somos personas muy cualificadas para esta profesión además de ser una novedad para ellos con la que siente más identificados.

Así que después de esta experiencia sólo me queda preguntarme como poder continuar esta motivación a lo largo de la vida escolar de cada uno de nuestros alumnos, porque sólo así podremos conseguir que aprendan por como un medio, no como un fin.

Joan Portero Luque. Alumno de 3º del grado en Educación Primaria. MAGISTERIO-CEU.

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