Estilos de vidas asociados al deterioro cognitivo detectables desde la oficina de farmacia

Mayte y Lucre

El deterioro cognitivo, frecuentemente relacionado con la edad, es la manifestación clínica más asociada a las demencias y un fenómeno de gran impacto en España.  En esa situación, los estudios para conocer posibles causas y estrategias para minimizar su impacto adquieren especial relevancia. La investigación, Life styles associated cognitive impairment. Study from the community pharmacy , ha sido publicada recientemente en la Revista de Investigación Clínica. El estudio realizado con 245 personas mayores de 65 años son los resultados preliminares de la doctoranda Maite Climent, que ha revelado que dormir menos de seis y más de ocho horas y la falta de hábitos de estimulación cognitiva, como la lectura, favorecen la aparición del deterioro cognitivo en esa franja de edad

Para realizar el estudio, los investigadores reclutaron a 245 pacientes mayores de 65 años que acudían a las farmacias a estudio a retirar su medicación crónica y que, tras explicarles el estudio, dieron su consentimiento a participar.  Se realizó un seguimiento a estos pacientes durante un año desde distintas farmacias tanto urbanas como rurales , a partir del manejo de un test de cribado realizado por los propios farmacéuticos comunitarios. Los farmacéuticos fueron previamente formados para la realización de los test de cribado por personal especializado del Servicio de Neurología del Hospital La Plana de Castellón. El test empleado fue el SPMSQ (Short Portable Mental State Questionnaire de Pfeiffer), validado al castellano por Martínez de la Iglesia. La brevedad del test (2-3 minutos) y la escasa influencia de variables socioculturales, lo convierten en una herramienta de interés para atención primaria y estudios poblacionales. Sólo los participantes con tres o más errores obtenidos en el Test de Pfeiffer y aquellas personas con dos errores en Pfeiffer, pero que manifestaron además quejas subjetivas de memoria, fueron sometidos a un segundo test: el MMSE (Mini-Mental State Examination).  El MMSE es el test de cribado cognitivo más utilizado en atención primaria y aunque presenta inconvenientes como un tiempo de aplicación notable (10 minutos), sensibilidad escasa en los estadios leves de demencia y dependencia de variables sociodemográficas (edad y educación), estos inconvenientes se ven minimizados por la utilización anterior del test de Peiffer y por el empleo del MMSE versión NORMACODEM de Blesa, que contempla la corrección por edad y nivel de estudios.  Gracias a esa labor, los investigadores detectaron que un 12 por ciento de los pacientes presentaban deterioro cognitivo.

Además de los test de cribado de deterioro cognitivo,  se pasó un cuestionario de recogida de las variables a estudio. Este cuestionario incluía preguntas destinadas a conocer datos demográficos (edad, sexo), antropométricos (peso, talla, índice de masa corporal ), nivel de estudios distribuido en cuatro categorías (analfabeto, primarios, secundarios, superiores), ocupación profesional cuando estaba en activo  y preguntas relativas a estilo de vida: tabaquismo (no fumador, exfumador, fumador), consumo de alcohol (no, esporádico, diario), práctica de ejercicio físico semanal, pasatiempos, horas de televisión diarias, afición a la lectura, horas de sueño (noche y día) y patologías crónicas (diabetes, hipertensión, hiperlipemia y depresión), así como el consumo de benzodiazepinas. Asimismo, se cumplimentó la hoja de seguimiento farmacoterapéutico, utilizando el “registro Dader”. Gracias al análisis de los datos obtenidos, se ha corroborado que,  además de los factores genéticos y de edad, el deterioro cognitivo está también vinculado a factores relacionados con el estilo de vida, como la práctica de ejercicio físico, las horas de sueño o la estimulación intelectual.  En el caso de la edad, el estudio ha detectado que la prevalencia del deterioro cognitivo registrada aumenta un 9 por ciento por cada año de vida, lo que supone que cada diez años se duplica el riesgo de padecer este tipo de deterioro. Por su parte, en relación a la estimulación intelectual a través del hábito de la lectura, se ha determinado que no leer incrementa el riesgo de deterioro cognitivo 3,7 veces y hacerlo de forma esporádica lo incrementa 2,5 veces. Con respecto a las horas de sueño, los investigadores han detectado que dormir menos de seis horas o más de ocho incrementa el riesgo de deterioro cognitivo 2,6 veces. Por ello, tanto el insomnio crónico como la somnolencia durante el día son factores de riesgo asociados al deterioro cognitivo y la demencia.

Actualmente, se ha iniciado una segunda fase del trabajo para el diseño de un programa de intervención sanitaria encaminado a mejorar la función cognitiva y los estilos de vida relacionados con el deterioro cognitivo en estos pacientes. El 42 por ciento de los encuestados ha aceptado participar en una iniciativa para favorecer el entrenamiento cognitivo, la práctica de ejercicio y la educación en la higiene del sueño, claves para la prevención de la demencia en la ancianidad, cuyos resultados estarán a finales de 2014. Os mantendremos informados.

 

 

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