Celebrando 2 siglos del descubrimiento del selenio.

Jöns Jacob Berzelius

En 1817, los químicos Suizos Berzelius y Gahn obtuvieron una impureza que erróneamente identificaron como telurio. Cuando Berzelius repitió el análisis unos meses más tarde, se dio cuenta de que tenía un nuevo metal en sus manos. Lo llamó selenio, de la palabra griega “selene” que significa “luna”, por su similitud con el telurio, cuyo nombre viene del latín (“tellus”) y significa “tierra”. Aunque durante mucho tiempo se pensó que se trataba de una toxina, más adelante se estableció que el selenio es un oligoelemento esencial para la vida.

Se trata de un componente integral de 25 selenoproteínas, un conjunto de proteínas que participan en procesos fisiológicos vitales, especialmente a nivel de la función inmunológica, sistema reproductor, metabolismo de las hormonas tiroideas, y de la defensa antioxidante. El hecho de que el deterioro y/o el mal funcionamiento de las selenoproteínas se asocie a numerosas enfermedades, entre las que destaca el cáncer, pone en evidencia la importante contribución del selenio al buen funcionamiento del organismo.

El selenio, requerido por el organismo en mínimas cantidades, en esencial para el funcionamiento normal de la glándula tiroides.

Aunque su carencia es infrecuente, ésta genera la Enfermedad de Keshan, una cardiomiopatía que puede llegar a ser potencialmente fatal especialmente en zonas donde su consumo es inferior a 10 mcg/día. Por contra, ingestas de entre 1-5 mg/día se convierten en tóxicas, pudiendo resultar en selenosis, un síndrome caracterizado por la pérdida del cabello, alteraciones ungueales, dermatitis y trastornos del ritmo cardíaco.

«La dosis hace el veneno», Paracelso

Mucho antes del descubrimiento del mineral, Marco Polo había reportado en sus crónicas de viajes lo que habrían sido los efectos de la intoxicación de caballos por ingestión de altas dosis de selenio acumulado en determinadas plantas nativas de una región de China: las pezuñas de los caballos se debilitaban y caían.

Algunas de las principales fuentes dietéticas incluyen: levadura de cerveza, germen de trigo, ajo, granos, semillas de girasol, nueces, pasas y mariscos, y tanto peces de agua dulce como salada. Además, las nueces de Brasil contienen niveles de selenio inusualmente altos, hecho por el que se recomienda que su consumo sea ocasional. Del mismo modo, existe cierta controversia en cuanto a la recomendación de suplementos de selenio. Algunos estudios recientes sugieren que la suplementación podría ser beneficiosa para la prevención del cáncer y otras enfermedades crónicas, sin embargo todavía no hay resultados que demuestren un beneficio real.

El consumo de alimentos naturales dentro de una dieta equilibrada y variada proporcionará las cantidades diarias recomendadas de selenio.

 

 

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