El salario mínimo y otras herramientas electoralistas

Salario m“nimo

 

El alumno Miguel Aparicio ha escrito este interesante post:

Una de las grandes propuestas que siempre han abanderado todos los sectores, tanto socialistas como demócratas (intervencionistas en general), es la implantación de un salario mínimo. Se define como aquel salario que ha de ser abonado como mínimo a un trabajador que desempeñe cualquier actividad laboral en un país. Tiene su implantación en el siglo XIX en Nueva Zelanda. A partir de esta nueva norma, todo tipo de trabajadores y grupos sindicales de la época lo reclamaron para así reivindicar una “vida digna”. Al final ha acabado siendo una norma cuasi unánime en todos los países occidentales que pregonan a viva voz los derechos de los trabajadores por todo el mundo. ¿Pero realmente la implantación de un salario mínimo ayuda realmente a la sociedad a prosperar y a tener una vida digna? Veremos que no.

La idea parece buena y se vende muy bien entre los sectores sociales: “Así evitamos que el cruel empresario explote al trabajador por una miseria”. Oponerse a esta idea parece afirmar que quieras que los trabajadores sean explotados cual esclavos y que se mueran de hambre por no percibir un salario “digno”. Esta última afirmación lejos de ser falaz en muchos términos tiene más implicaciones de las que se ven a simple vista. Sin embargo esta idea ha resultado que es una perversión de la realidad, el salario mínimo no crea derechos laborales, no crea una mejor calidad de vida para aquellos trabajadores que perciben salarios bajos. El salario mínimo aboca al paro a estas personas.

Esta afirmación lejos de ser falaz, y que ahora desarrollaré, es algo que algunos economistas que hasta los que se autoproclaman intervencionistas en general, ejemplo Mankiw, sostienen. Es simple oferta y demanda del mercado laboral. En el salario mínimo en su definición es un precio que por ley se ha de abonar al trabajador obligatoriamente, sea cual sea la contribución que está produciendo en una empresa. Las leyes del salario mínimo ajustan artificialmente los precios el mercado de trabajo. Tomando los salarios y los trabajadores.

oferentes en un mercado laboral observamos que existe un equilibrio de oferta y demanda que tiende a cerrar por entero el empleo en los sectores más bajos de la sociedad, el llamado precio de equilibrio. Sin embargo las leyes de salario mínimo suelen estar por encima de éste en casi todos los casos. El ejemplo español es muy claro. El salario mínimo interprofesional en España es de 655,20 euros por mes desde Enero de 2016 (756,70 si se hacen en 14 pagas anuales. La media europea). Sin embargo como muchos sectores afirman, y es cierto en alguna medida, un gran tanto por cien de la población (para algunos sectores políticos un 30%) cobra por debajo de este salario mínimo y aun así tenemos paro. ¿Por qué se da esta situación? Por la siguiente gráfica:

grafico

 

El equilibrio de la oferta y demanda en el mercado laboral español está por debajo del salario mínimo y por tanto por desajuste de precios la consecuencia es de paro. No contando con  las ultraregulaciones estatales que hacen que para que un trabajador medio de una empresa cobre el salario mínimo el empresario tiene que generar de 1200 euros mensuales aproximadamente para pagar el salario mínimo. Ese es el salario bruto que ha de generar un trabajador para cobrar el salario mínimo interprofesional que sería alrededor de un 30%/40% menos. Añadiendo de la seguridad social a cargo de empresa y trabajador además de los costes de indemnización por despido. Todo esto crea que la contratación por parte del sector privado se vea abocado a dos cosas. Primero, en situaciones de crisis se hace enormemente difícil contratar a alguien teniendo que generar un total de 1200 euros mensuales y al final las empresas se conforman con soportar enormes presiones fiscales y pagar el salario mínimo permisible a sus trabajadores. Segundo que algunas capas de la sociedad no consiguen encontrar trabajo puesto que los empresarios no son capaces de generar tal cantidad de dinero, o, viendo la otra cara, que las empresas se vean incapaces de bajar salarios y se vean abocadas a la quiebra. Paro por todos lados.

Cabe afirmar pues, ¿a quién beneficia el salario mínimo? A una mayoría. Las minorías que se quedan en el paro ven imposible acceder al empleo porque el salario mínimo es una barrera, que con los años se acrecienta, y para acceder a él tienes que trabajar y aquel que no puede trabajar no percibe salario ni percibe nada en absoluto, se queda en la miseria sin posibilidad de ser contratado al índice de precios de equilibrio que debería ser. Es irónico ver como los adalides del salario mínimo siempre ponen a los países nórdicos, como Dinamarca, en el epítome del mercado laboral con sus derechos laborales proteccionistas. He aquí una gran revelación para todos ellos: Dinamarca no tiene salario mínimo. Sus mercados laborales son los más libres del mundo, no establecen leyes como el salario mínimo y dejan que el mercado ajuste los precios de mercado, ello acarrea que sus salarios se vean poco a poco en alza y que se genere una riqueza entre los ciudadanos de ese país que hacen que sea esa la verdadera razón del bienestar general de estos países.

Por lo tanto tenemos que ver claro que el establecimiento de un salario mínimo interprofesional da un argumento muy “democrático” de la imposición de la mayoría. Estos sectores quieren acomodarse en su salario “digno” abocando a los que no pueden generar ese salario a la más absoluta miseria. Sin embargo lo que estos sectores poblacionales no llegan a ver es que la destrucción de empleo y la destrucción de empresas producen de forma indirecta un empobrecimiento generalizado y tasas de paro casi crecientes debido a estas regulaciones. Por lo tanto acabará afectándoles de igual o menor manera. Pero por lo que podemos observar aquí, los políticos siguen utilizando esta arma electoralista para seguir subiendo el SM dado que, como hemos visto afecta a las mayorías:

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Cada vez más el Estado trata de entrometerse en los asuntos del sector privado, que es su creador principal de riqueza, para sus fines electoralistas y mantenerse en el poder por cuatro años más. Nuestro país se estanca porque a los autónomos, empresas y personas físicas soportan las mayores presiones fiscales de Europa. Imagínense que prohibiéramos a los autónomos, que al final sería de extrañar, no trabajar si no generaran 1200 euros anuales porque podríamos declararlos, como afirmaban algunos, “un explotado de sí mismo”. Tiempo al tiempo.

Den más libertad laboral al mercado de trabajo, que sean las partes quienes pacten las condiciones laborales. Ya vio Henry Ford en su día que dar una miseria a los trabajadores no era ni conveniente ni productivo. Se puede vivir sin las ultraregulaciones del Estado y se vive mejor como vemos en otros países. Dejen a los individuos autosugestionar su vida. Que ninguna imposición de la mayoría por muy útil que pueda parecernos nos ciegue de la realidad. Los mejores mercados laborales, donde apenas existe paro, son los que son más libres a la hora de contratar a sus trabajadores. En una situación donde el paro es tan enorme por las monstruosas regulaciones del Estado es donde una parte pierde poder negociador, el trabajador. Devolvamos la contratación a los ciudadanos, así como el poder de autogestionar su propio capital humano para que las minorías no sean aplastadas por la “democrática” sociedad de las mayorías.

2 Comentarios

  1. Buenas,

    Interesante artículo Miguel, con el que no puedo estar más en desacuerdo, a falta de más datos que evidencien tu afirmación.

    Veo las razones que expones; el SM es perjudicial para los empresarios y autónomos en tanto supone un mayor gasto para éstos e imposibilita, por tanto, la contratación de nuevo personal. El SM niega la posibilidad a una parte de la población de obtener un salario, ya que si los costes son mayores para el empresario éste no puede permitirse pagar más y contratar. Dicho de otro modo, sería mejor que se contrataran a tres trabajadores por el precio de, pongamos, 1.500€ que uno solo por el precio de 1.200€. 1.500 se divide entre tres, como sea la fórmula empleada, resultando en que el salario percibido por esos tres empleados es inferior al salario que percibiría aquel único empleado. Este escenario, claro está, presume la inexistencia de un salario mínimo convenido por los agentes sociales. Entonces…¿qué seguridad le queda al trabajador? Si, pongamos, acaba percibiendo 400/500 euros… ¿Cómo puede vivir en una sociedad capitalista, esto es, consumista, en la que las desigualdades son exageradamente notorias?
    Me refiero aqui no solo a la seguridad jurídica sino al estado personal que uno, en esa situación, debe afrontar.

    Seguridad frente a libertad, es el eterno debate. Si tiramos de libertad de mercado, y por tanto, una desregulación que lleve a la inexistencia de un marco mínimo legal referido al salario, ¿dónde queda el bienestar? Si tal caso no viene ligado a una defensa de los derechos laborales que permita mantener una calidad de vida decente en sociedades modernas e impositivas como en las que vivimos (impositivas en el sentido de ser impuestas, coacción mediante), ¿dónde quedan cuestiones como la conciliación familiar, los pensionistas que sustentan familias al permanecer en el mercado de trabajo esperando un contrato, por no hablar del contrato temporal tan popularizado?

    Con ello quiero lanzar una afirmación que sirva de reflexión y debate aquí. Un mínimo necesario común para todos es positivo en tanto que esa desregulación (o liberalización, como quieras) que propones puede incrementar, aún más, las desigualdades.
    Finalmente, dudo que sea mejor prescindir de un SMI…cuando las fuerzas del mercado no son capaces de regularse, y he aquí el término, adecuadamente. Si quieres, podemos decir eficientemente.

    Ahora que recuerdo, estoy viviendo en Reino Unido, quinta economía del mundo y segunda de Europa. La tasa de paro se sitúa en el 5’1% (2016). Su Salario Mínimo Ínterprofesional se ha incrementado casi 500€ desde 2010, situándose actualmente en los 1529€.

    Un saludo, Miguel, y un saludo a este (neo)liberal Blog.

  2. Un saludo Daniel. Primero de todo lamento la tardanza de respuesta dado que no he publicado yo el artículo no me saltaba la indicación. Empezaré por el final si te parece. Reino Unido tiene unas tasas de paro del 5,1%, es cierto, sus mercados laborales están mucho más desregulados que en España o Grecia por ejemplo, tú puedes crear una empresa en 1 día. En España tienes que dar danzas a la lluvia. Seguramente en Reino Unido el salario real sea relativamente mayor o parecido al mínimo que estipulan. Sin embargo el salario mínimo obviamente no afecta a las rentas altas o medias. Dado que estos cobran más de lo estipulado. El paro juvenil de hecho en Reino Unido roza el 15%. A estas personas afecta el SM y a las personas más pobres, que dejan en el paro. Una vez esto se provoca es un efecto multiplicador. Estas personas dejan de invertir, de ahorrar y consumir para sobrevivir con lo que tienen y empobrecen a la economía de abajo arriba. Critico el SM en particular porque subirlo no genera prosperidad alguna. De hecho genera un empobrecimiento general de la población sobretodo de los más pobres.

    Por otro lado, hablando de las desigualdades generadas por el capitalismo de mercado. Es falaz en un punto que quizás no ves. Si mandamos a las personas al paro por la estipulación de precios fijos en la sociedad entonces estas personas no cobrarán nada en absoluto. Entonces eso, claramente, acrecenta mucho más la desigualdad en términos reales que el tenerlo. Por lo tanto, las fuerzas de mercado sí tienden a regularse. Oferta y demanda son parejas en todos los sentidos de las fuerzas de mercado. ¿Puedo defender una renta mínima de inserción social? Sí. Pero para ello no necesitamos Estados del 50% en nuestro PIB. Siguiendo con el ejemplo de Reino Unido, son una economía muy fuerte en temas financieros, la “City”. Son un país que crea mucha riqueza. Ahí es donde quiero abordar el último punto con la desigualdad. Reino Unido en la época de los 80-90 incremento su desigualdad en 4 puntos, su riqueza total, sobretodo de las clases, más bajas un 60%. Por tanto, igualdad podemos defenderla, pero yo defiendo el ahorro y la creación de riqueza. No el consumo desenfrenado que promulgan hoy día. Ese es el capitalismo keynesiano. En el beneficio de la destrucción. Yo defiendo el ahorro y la inversión, una economía basada en el aumento progresivo de la eficiencia y la producción.

    Claro que defiendo un marco de Estado de Derecho. Un marco en el que se respete, la libertad, la propiedad privada y la vinculación de los contratos. Nada ha sacado tan rápida y tan eficazmente de la pobreza que el Capitalismo de mercado y sus métodos de producción. Partíamos de una situación de igualdad total (pobreza Medieval) y creamos riqueza a ritmos insospechados y ahora con la globalización todavía más (Te recomiendo “La Gran Escapada” de Angous Deaton). Claro que se genera desigualdad partiendo de una situación de pobreza igualitaria. Pero es que la economía no es un juego de suma cero. Hay que crear riqueza para que entre todos consigamos más y mejoremos entre todos y eso es algo que hasta el día de hoy solo ha conseguido el capitalismo de mercado libre. La defensa liberal del comercio es el libre cambio ente mercancias, capitales y personas.

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