Una andaluza en Castellón

Mi nombre es Fabiola López-Romero Sevillano, tengo 19 años y actualmente estudio 3º de Educación Primaria en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Castellón. Hace tres años comencé una gran aventura, dejé atrás, a 800 kilómetros, mi querida tierra, mi Andalucía del alma, mi precioso pueblo, Estepona, que está situado en la provincia de Málaga y en el que he crecido feliz al lado de mis amigos, de mi hermana, de mis padres y de mis queridos abuelos.

Hoy se está cumpliendo el sueño que tantas veces había soñado y que a veces parecía imposible que pudiera llegar, convertirme en maestra.

Pongo la vista atrás y recuerdo todos los buenos e increíbles momentos que he vivido en esta Universidad, que ya considero mía, y en estas tierras valencianas. Para mí fue un cambio enorme al que me costó adaptarme, dejé a mi familia, a mis amigos y el amparo del colegio y profesores de toda mi vida escolar. Rápidamente me adentré en el comienzo de mi formación como futura docente y gracias al abrazo de profesores y compañeros la adaptación fue rápida, fácil y sobre todo segura.

En los dos primeros años, la formación teórica nos ha preparado para este tercer año, el curso de nuestras primeras prácticas. ¡Cuántas ganas de empezar y qué nervios! Actualmente me encuentro realizando el Practicum I en el colegio Madre Vedruna de Castellón de la Plana. No tenía la suerte de conocer ni las instalaciones del colegio ni su funcionamiento, pero desde que llegué a Castellón y siempre que paseaba cerca de él, me llamaba la atención y me provocaba cierta curiosidad y atracción.

Empecé las prácticas en septiembre y durante todo el verano, los nervios y la incertidumbre sobre cómo sería mi tutora y mis futuros alumnos de este soñado viaje, convivían conmigo y con el maravilloso sol malagueño. Y por fin llegó el comienzo del curso y mi primer día de prácticas, llena de ilusión y con muchas ganas de comenzar, me preparé para iniciar mi gran sueño. Fui recibida por mi tutora, desde el primer momento su disposición y sus enseñanzas me han permitido sentirme en todo momento con plena comodidad y confianza para desarrollar, mediante las prácticas, todo lo que traía aprendido, por ello, por aquel primer día y todos los que he estado a su lado, esteraré eternamente agradecida.

El momento en el que entré en mi clase, fue mágico, inolvidable, único e irrepetible, observé las caritas de las niñas y de los niños y en sus ojos, la extrañeza y al mismo tiempo la curiosidad de ver, para ellos, a una nueva maestra en prácticas. Poco a poco fueron perdiendo el recelo y las distancias se fueron haciendo más cortas al ir ganando confianza.

Es un auténtico placer poder estar conviviendo con los profesores y con los niños en su día a día y formar parte de un trocito de su formación y aprendizaje, y sobre todo de hacerlo con un sentido de alumno universitario que se forma para hacer realidad su futura profesión. Si la labor de mi tutora es imprescindible e importante, el papel que protagonizan “mis niñas y niños” es fundamental, ellos son los que me están enseñando a ser la futura maestra en la que me gustaría convertirme. Son los niños los que garantizan la base de nuestro futuro y me siento orgullosa de haber formado parte de ello, junto al resto de profesoras y profesores del colegio.

Cada día es un mundo, en cada momento se aprenden cosas nuevas, se renuevan sentimientos y aparecen nuevos, se recuerdan lecciones aprendidas, objetivos planteados y diseñados en el tiempo. Lo más importante que estoy descubriendo, es el amor que siento para cada una de las niñas y de los niños, ya “míos”, y ese amor aumenta cada día y me lo hacen sentir cada momento, cuando me vuelven a ver, cuando me vuelven a mirar.

Estoy muy feliz, muy orgullosa de ese gran camino que voy recorriendo y que me va formando a cada paso que doy. Ser maestra te enseña a valorar la vida, la importancia de las etapas de la infancia y a valorar el mundo desde diferentes perspectivas. Espero ser lo que siempre soñé. Gracias, miles de gracias a todos los que me acompañan día a día, gracias Castellón, por tus calles, por tu gente, por tu abrazo y por hacerme sentir como en casa.

Gracias a mis compañeras y compañeros, a mis profesoras y profesores por acompañarme en este sueño maravilloso que estoy viviendo en Castellón.

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