Mi “seño”…

Gema Sanchis Laborda en el Colegio Salesianos San Antonio Abad

Cuando empecé a platearme sobre qué anécdota de mis prácticas iba a escribir en este artículo me vinieron a la cabeza muchísimas de ellas (cualquiera que trabaje con niños de infantil sabe que en un día se suceden muchas). Y pensar en ellas me hizo, inevitablemente acordarme de mi cole ya que me encuentro realizando las prácticas en él. Allí he pasado prácticamente toda mi vida y no, no es una exageración.

Primero como estudiante, allí cursé desde primero de infantil hasta segundo de bachillerato y, posteriormente, como voluntaria y trabajadora. Se podría decir que ha habido épocas que he pasado más tiempo aquí que en mi casa, y no, aquí tampoco exagero. Acordarme de mi época de estudiante me trae a la memoria muchos recuerdos, la mayoría de ellos buenos, y profesores, la mayoría de ellos también buenos, de los que guardo grandes recuerdos, pero aquí no puedo evitar detenerme, y más ahora que estoy recorriendo el patio y las aulas de infantil, en mi SEÑO (sí, con mayúsculas) de infantil.

Y es que todavía, a pesar de que ya han pasado unos añitos, la seño Ana Belén sigue al pie del cañón como si fuese el primer día. ¡Tengo tantos recuerdos y tan buenos de esa época! Está claro que en infantil todos los alumnos admiran a su seño, eso no es difícil, lo difícil es que ese sentimiento perdure con el transcurso de los años, y ella lo ha conseguido (y no solo en mí, sino en otros amigos con los que todavía sigo en contacto). Recuerdo las actividades, los juegos, los bailes, los disfraces (que nos hacía ella con bolsas de basura y que no tenían que envidiar nada a los de las tiendas), los (incontables)festivales, mis amigas y yo pegadas a ella como si fuésemos su sombra…son tantos recuerdos que si empiezo no acabo. Todo el mundo que se dedique a la docencia sabe que es una de los trabajos más gratificantes y divertidos que hay, pero a la vez es uno de los más cansados, sobre todo cuando se trabaja con niños de estas edades (aunque mucha gente piense que los profesores de infantil solamente pintan y recortan). Por lo que verla con las mismas ganas que cuando me daba clase, sin dejarse llevar por la rutina y por la comodidad de sus años de experiencia (aunque eso sea un grado), me emociona y, sobre todo, me admira. La veo en el patio, veo su clase…y pienso que es un espejo en el que mirarme ahora que todavía me encuentro en la línea de salida de esta profesión. Y, aunque aquí hay profesoras fantásticas en las que cada día intento fijarme para aprender, mi seño es mi seño. Durante estos años de clases de educación me he visto más de una vez recordando actividades que hacía ella cada vez que los profesores nos explicaban algo. Y es que la seño Ana Belén es lo que podríamos llamar una docente CON VOCACIÓN de verdad, que se preocupa por los alumnos, que disfruta con ellos y que se lo curra y eso se nota. No sé lo qué será de mí dentro de unos años ni cómo será la educación, pero lo que sí sé es que quiero tener las mismas ganas y paciencia que sigo viendo en ella, no quiero dejarme llevar por costumbre y seguir disfrutando y motivada como el primer día.

Cuando era voluntaria me gustaba hacer una dinámica con los más mayores en la que tenían que escribir una carta como si fuesen su yo de dentro de un número determinado de años contándose cómo les va en ese momento y les animaba a guardarla y a leerla dentro de esos años a ver qué había pasado realmente. Este artículo se podría considerar en cierta forma una de esas cartas y, aunque no sé cómo irá, lo que sí que sé es que si consigo marcar a un solo alumno como ella ha hecho con tantos me podré dar por satisfecha.

Gema Sanchis Laborda.

Alumna del grado en Educación Infantil de MAGISTERIO-CEU.

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