La clase de Religión en los centros educativos

clase-de-religic3b3nEn estos últimos días, en que la asignatura de Religión vuelve a estar en el debate social, la Prof.ª Rocío López, Doctora en Ciencias de la Educación, nos recuerda que todo sistema educativo pretende formar el mejor modelo de persona y, consecuentemente, de sociedad.

Educar tiene un sentido integrador y de integridad, pues así lo reclama la naturaleza humana, compuesta de naturaleza y espíritu; no cabe atender separadamente al desarrollo del cuerpo y de la mente, ni a sus diversas potencias o capacidades operativas. La unión sustancial que define al ser humano comporta que la educación sea integral, del ser humano entero (Altarejos y Naval, 2011, p. 22). Y que La carencia de este sentido integrador nos conduce a la parcialidad o el desarrollo unilateral, situación atentatoria contra el desarrollo armónico de la persona.

Pues bien, la inclusión del aspecto religioso en la educación integral se justifica desde el convencimiento de que no puede ser integral la educación de las personas si le falta el componente religioso.

Es necesaria la presencia del componente religioso en base al carácter integral de la educación, por tres razones fundamentales:

  1. El sentido identitario:

Además, el pleno desarrollo de la personalidad de los alumnos requiere la posesión y asimilación de los elementos fundamentales de su propia historia y cultura. Como afirma el profesor Gervilla (2006): “Europa es hija del cristianismo como lo es de la filosofía griega y del derecho romano” (p. 461). Su vigencia sigue siendo tal que ni el humanismo (Feuerbach), ni el socialismo (Marx), ni la ciencia han conseguido suplantar a la religión. De ahí la necesidad de que todos los alumnos tengan acceso al hecho religioso y sus distintas manifestaciones sociales, morales, culturales, literarias, artísticas… en cuanto elementos decisivos para la configuración de las culturas contemporáneas.

Se trata de conocer las creencias, actitudes y valores básicos de las distintas confesiones o corrientes que a lo largo de los siglos han estado presentes en la sociedad y que forman parte de la tradición y el patrimonio cultural –en nuestro caso– español. De ayudar a la comprensión de las claves culturales de la sociedad, mediante el conocimiento de la historia de las religiones y de los conflictos ideológicos, políticos y sociales que en torno al hecho religioso se han producido a lo largo de la historia. De ofrecer un acercamiento razonado a las religiones como hechos de la civilización, proporcionando a todos los estudiantes los instrumentos necesarios para desarrollar plenamente su personalidad y completar su educación.

Sin el elemento religioso, pues, la cultura queda mutilada. La enseñanza de estos aspectos religiosos, por tanto, debe estar integrada en el currículo. Es un error pensar que los valores religiosos atañen sólo a una parte de la sociedad.

  1. El sentido trascendental:

También se trata de una fuerte carencia desde la reflexión filosófica de la vida. El ingrediente trascendental alude al sentido último de la vida. Después de todo, las grandes religiones no son sino las historias del modo en que diferentes gentes, en diferentes momentos de la historia de la humanidad, han tratado de alcanzar un sentido de la trascendencia: cuándo y cómo llegamos a ser. ¿Es concebible que alguien que se considere educado no se haya planteado jamás semejantes preguntas sobre por qué estamos aquí y qué es lo que se espera de nosotros? Tenemos para ello en cuenta las respuestas propuestas por la religión, la religión formula respuestas a las preguntas relacionadas con el significado de la existencia (Postman, 1999). Se trata de enseñar la variedad de experiencias religiosas existentes, de incorporar el estudio, comparado, de las religiones en orden a la interpretación de la vida como parte integrante de la educación de los alumnos.

  1. La práctica religiosa:

Por último, para los creyentes de cualquier religión la educación deja de ser integral sin el desarrollo del aspecto religioso. Dimensión esta innecesaria para los agnósticos y ateos, pero imprescindible para los creyentes de cualquier religión. Especialmente si ésta

comparte con la educación la mejora del ser humano, aportándole mayor grado de seguridad y felicidad. “Pues es evidente que la religión, como cualquier otro contenido, sólo admite su presencia en las aulas si se orienta en el mismo sentido y finalidad de la educación” (Gervilla, 2006, p. 495).

Desechar de antemano esta posibilidad, por meros prejuicios, equivale a empobrecer notablemente la formación de la persona.

Como dice la profesora Cortina (2000), “en una pedagogía moderna de tipo constructivista, en la que se pide al alumno que sea capaz de construir una interpretación personal de la realidad, opino que los hechos, la doctrina y las experiencias religiosas tienen que estar al alcance de este arquitecto de su propia persona” (p. 98).

En resumen, la educación deja de ser integral sin el desarrollo del aspecto religioso, por los tres motivos expuestos: en primer lugar, es una decisión desafortunada desde la reflexión filosófica de la vida; en segundo lugar, lo es, dado que el pleno desarrollo de la identidad de los alumnos requiere la posesión y asimilación de los elementos fundamentales de su propia historia y cultura, y de ahí la necesidad de que los alumnos tengan acceso al conocimiento del hecho religioso; y, en tercer lugar, es una grave carencia para los alumnos pertenecientes a familias creyentes.

Por tanto, es deseable –y necesario– mantenerla en nuestro sistema educativo para lograr el sentido integrador de la educación, procurando así una educación de calidad.

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Las citas y referencias pueden consultarse en:

López García-Torres, R. (2012). La importancia del aspecto religioso en el sistema educativo. En Libertad religiosa y Nueva Evangelización. Actas del XIII Congreso Católicos y Vida Pública (pp. 899-904). Madrid: CEU Ediciones. ISBN: 978-84-15382-51-5

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