¿Puede el estrés en la adolescencia desencadenar deterioro cognitivo?

Si bien todo el mundo conoce el dicho de «somos lo que comemos», cada vez esta oración va cobrando más importancia, y mayor evidencia científica. Por ello, no es de extrañar que, poco a poco nos vayan sonando más palabras como «microbiota», «disbiosis» o «probióticos».

Así, en el post de hoy, os explicamos qué es la salud digestiva y cómo afecta la microbiota de la adolescencia al desarrollo neuronal.

¿Quieres saber más?

En publicaciones anteriores, hemos dado unas breves pinceladas sobre qué es la microbiota y cómo afecta, entre otras funcionalidades, a la cognición. Así, en el blog de hoy, analizaremos la importancia que presenta en edades tempranas.

Se entiende como salud digestiva el buen funcionamiento de este sistema, mediante un tránsito intestinal adecuado y la presencia de una microbiota equilibrada.

A modo de resumen, crear buenos hábitos desde adolescencia para velar por la presencia de una buena microbiota, podría promover la prevención de enfermedades neurodegenerativas.

Pubertad y agresiones ambientales:

La pubertad es una fase crítica durante el neurodesarrollo con numerosos cambios estructurales, neuroquímicos y moleculares que ocurren en respuesta a señales genéticas y ambientales. Entre estas últimas, destacan el estrés, las infecciones, la neuroinflamación y el uso de medicamentos durante la adolescencia, ya que podrían provocar una disbiosis que subsidiera ​​el desarrollo de trastornos cerebrales más adelante. 

Además, las agresiones neuroinflamatorias de la pubertad pueden alterar el desarrollo neurológico, así como afectar al funcionamiento del cerebro de manera duradera. Del mismo modo, contribuyen a los trastornos neurológicos relacionados con el envejecimiento cerebral, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson y la depresión.

Durante la adolescencia, el cerebro experimenta una reorganización y remodelación significativa que conduce a la neurogénesis, la sinaptogénesis y el crecimiento axonal y dendrítico. Esta remodelación estructural de los circuitos neuronales es importante para la función y el comportamiento del cerebro. Es menester destacar que, durante la pubertad, la corteza frontal sufre cambios en la conectividad sináptica y la mielinización axonal.

Desarrollo neuronal y microbiota

La diversidad y complejidad neuronal presenta un énfasis en la ventana crítica de la adolescencia. La microbiota intestinal experimenta cambios a lo largo de la vida, pero a medida que se acerca a la edad adulta, se estabiliza y se vuelve más diversa.

La formación de nuestra microbiota ocurre en paralelo con el desarrollo neurológico, con ventanas de desarrollo similares.

La vulnerabilidad puberal del cerebro a los factores ambientales estresantes coincide con la inestabilidad e inmadurez de la microbiota intestinal y exacerba la susceptibilidad del cerebro a cambios aberrantes, pudiendo coincidir con la aparición de trastornos neurodegenerativos en el futuro.

Estrés en la adolescencia

El estrés puede alterar la composición microbiana intestinal a lo largo del tracto gastrointestinal. Favorece la colonización por especies bacterianas patógenas como Citrobacter rodentium y aumenta la concentración de citocinas proinflmatorias que generan la activación de la microglía.

La exposición de los adolescentes a agresiones ambientales, como el estrés y la inflamación, puede desencadenar en la activación de la microglía. Como consecuencia, se produce una inflamación crónica, siendo esta la base del desarrollo de diversas enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.

Probióticos y sus efectos

Los cambios inadecuados en la microbiota relacionados con la edad pueden conducir a una reducción de la diversidad microbiana. Ello conduce a la inflamación y, por consiguiente, da lugar a enfermedades neurodegenerativas. De este modo, la adolescencia podría ser un momento de intervención crucial para prevenir la disbiosis microbiana y optimizar el desarrollo del cerebro y la salud mental del futuro.

Se ha demostrado que la exposición a probióticos durante la pubertad puede mitigar la inflamación, revertir la disbiosis y disminuir la vulnerabilidad a los trastornos cerebrales con el tiempo. Los probióticos que contienen Lactobacillus helveticus R0052 y Bifidobacteriun longum R0175 consiguen mejorar la biodiversidad microbiana, reduciendo la traslocación bacteriana.

Por otro lado, la exposición a Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus casei, Bifidobacterium bifidum y Lactobacillus fermentum durante 12 semanas mejoraron el rendimiento en el Mini Examen del Estado Mental (MMSE) de los adolescentes. Por ello, explorar el papel de estos microorganismos a largo plazo podría ser de gran interés.

Observaciones finales y orientaciones futuras

La adolescencia es un periodo crítico en el desarrollo del cerebro y la microbiota. Durante esta etapa, el cerebro es extremadamente vulnerable a factores ambientales como el estrés, resultando en trastornos neurodegenerativos.

El importante papel de la microbiota en el neurodesarrollo puede ser una diana terapéutica para prevenir ciertas enfermedades, pudiendo desarrollar un procedimiento de detección para identificar a las personas con un alto riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas y exponerlas a tratamientos con probióticos en etapas más tempranas.

El eje intestino cerebro es un objetivo atractivo para el desarrollo de posibles terapias de enfermedades neurológicas, aunque aún se necesitan más estudios que clarifiquen estas vías de comunicación.

Bibliografía

Yahfoufi N, Matar C, Ismail N. Adolescence and aging: Impact of adolescence inflammatory stress and Microbiota alterations on brain development, aging, and neurodegeneration. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2020;75(7):1251–7.

Artículo realizado por Teresa López de Coca, alumna de 5º de Farmacia de la Universidad CEU- Cardenal Herrera

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