La fobia a los ruidos en los animales de compañía

Para casi la mitad de nuestros perros (y gatos) llega un momento difícil en Valencia con las fallas, viven un situaciones de tensión por el miedo a los ruidos fuertes.La fobia a ruidos fuertes como los petardos, afecta según varios estudios a cerca de un 40% de la población canina y de forma grave a más de un 15%. En demasiadas ocasiones lo inevitable de la situación, junto con la poca ayuda disponible, tiende a “normalizar” el problema haciendo que se le reste importancia y en consecuencia no se busquen soluciones. Juan Argüelles, Veterinario especializado en Etología Clínica, nos ofrece consejos para controlar en esta época complicada para nuestras mascotas cómo llevar mejor sus miedos:

Los síntomas de fobia incluyen reacciones de miedo que permanecen en el tiempo mucho más que el estímulo, como taquicardia, taquipnea, temblores, hipervigilancia o agitación. También nos encontramos búsquedas de refugio desesperadas y en lugares poco habituales en su vida normal como debajo de camas o en el cuarto de baño. En ocasiones cuando el problema nos sorprende en la calle puede haber fugas descontroladas que pueden acabar en accidentes graves. También es habitual encontrar mascotas que se niegan a salir a la calle y se ven obligados a evacuar en casa, con los problemas de convivencia que eso ocasiona, incluso para el propio animal que retiene orina y heces en exceso ya que él tampoco quiere hacerlo en casa.

Los veterinarios tenemos un papel fundamental tanto en la prevención como en el diagnóstico y tratamiento de este problema. Para prevenir, podríamos advertir a las familias cuando adopten un cachorro de la importancia de tener contactos controlados con petardos antes de la semana 12 de vida. Así podremos hacer que lo integren como un elemento más del entorno y evitar la fobia en la etapa adulta.

 

Si no hemos podido intervenir en la infancia, pero todavía no estamos en fiestas, el tratamiento ideal pasa por recomendar un tratamiento de desensibilización, que debe supervisar un profesional, pero que es relativamente fácil de hacer en casa. Se trata de presentar el ruido problemático a una intensidad tan baja, como para que el paciente no reaccione con miedo. En cuanto encontremos esa intensidad la asociaremos a algún estimulo positivo como el juego o la comida. Poco a poco incrementaremos la intensidad del ruido mientras sea capaz de tolerarlo. Es muy importante la supervisión por un profesional ya que incrementos demasiado bruscos harán entrar en miedo al paciente y provocarán retrocesos en el tratamiento.

Por último, pero no menos importante, es saber qué hacer en estas fechas, cuando no hemos podido prevenir, y ya tenemos el problema del ruido encima. En estos casos utilizamos tratamientos paliativos con dos fines. Por un lado, mejorar la calidad de vida de nuestra mascota mientras se expone irremediablemente a estímulos para los que no está preparada. Por otro evitamos que el problema empeore, ya que de año en año sin tratar la evolución tiende a ser cada vez peor.

Este tratamiento tiene 3 puntos clave:

  • Manejo farmacológico: la ansiedad se trata con fármacos muy eficaces, que mejoran la calidad de vida y permiten una adaptación al entorno más eficaz. Debe estar siempre prescrita y controlada por un veterinario.
  • Manejo ambiental: se trata de favorecer la conducta adaptativa que hacen los pacientes en situación de miedo: ESCONDERSE EN LUGAR SEGURO. Podemos “construir” un refugio donde se sienta más cómodo, con una jaula o simplemente cubriendo una mesa con mantas. En esa zona también es muy útil utilizar feromonas de apaciguamiento. Son sustancias volátiles que al ser detectadas proporcionan información ambiental de seguridad. De forma natural la segregan las madres lactantes en la zona mamaria para calmar a los cachorros mientras se alimentan. En adultos proporciona información de seguridad y es útil para situaciones en la que su territorio se asocia a malestar como en este caso.
  • Modificación de conducta: son ejercicios de aprendizaje que podemos hacer de forma rápida, en los enseñamos a hacer salidas rápidas a la calle. Proporcionamos una señal segura que le indique al paciente que no va a estar expuesto mucho tiempo, y podrá volver al refugio en cuanto haya hecho sus necesidades en la calle.

La fobia a ruidos como los petardos es un problema importante en nuestro entorno, y podemos hacer mucho para solucionarlo. Si eres veterinario pregunta a los cuidadores de tus pacientes y proponles soluciones, y si eres cuidador de un animal pide ayuda a tu veterinario, nosotros podemos ayudarte.Nuestro Hospital Clínico Veterinario ofrece un Servicio de Etología Clínica a cargo del Veterinario especializado en Etología Clínica (Psiquiatría) Juan Argüelles,   (t.96 1369028).

«Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre»

Post escrito por: Juan Argüelles 

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