El ruido invisible que altera la ciencia: cómo el sonido en los laboratorios afecta a las ratas y a los resultados

Una revisión de estudios revela que el paisaje sonoro de los laboratorios puede inducir estrés, modificar la fisiología de las ratas y comprometer la fiabilidad científica.

El problema que nadie escucha, pero todos los laboratorios generan

En la mayoría de los laboratorios de experimentación animal, el sonido es un elemento tan constante como inadvertido. Ventiladores, equipos de climatización, carros metálicos, ordenadores, alarmas, conversaciones o pasos apresurados forman un paisaje sonoro continuo que acompaña a las ratas, uno de los modelos animales más utilizados en investigación biomédica, durante toda su vida en cautividad.

Para los humanos, muchos de estos ruidos pasan desapercibidos. Pero para Rattus norvegicus, cuya audición alcanza hasta los 80 kHz (muy por encima del límite humano de 20 kHz), este entorno puede convertirse en una fuente sostenida de estrés fisiológico.

Un conjunto creciente de estudios señala que el sonido ambiental, lejos de ser un detalle menor, podría estar afectando al bienestar de los animales y, de forma indirecta, a la calidad de los datos científicos obtenidos. Según expertos en bienestar animal, controlar el ruido ya no es solo una cuestión ética, sino un requisito para garantizar resultados experimentales fiables (Sales et al., 2010).

Ratas de laboratorio (Rattus norvegicus) en un entorno de experimentación. La exposición continua a estímulos ambientales, como el ruido procedente de equipos y actividad humana, puede generar estrés fisiológico y alterar tanto el bienestar animal como la fiabilidad de los resultados científicos. Por by Aaron Logan – http://www.lightmatter.net/gallery/albums.php, CC BY 1.0

Por qué el ruido importa: así responden las ratas a los estímulos sonoros

El estrés se define como la respuesta biológica ante una amenaza. Cuando las ratas perciben un estímulo sonoro intenso, impredecible o constante, su organismo activa el sistema nervioso simpático y la producción de hormonas del estrés, como la corticosterona. Esto provoca taquicardia, aumento de la presión arterial y una cadena de cambios fisiológicos que pueden interferir con cualquier experimento en curso.

Diversos estudios demuestran que el ruido generado por maquinaria, sistemas de ventilación o golpes metálicos puede alterar de forma notable la biología y el comportamiento de las ratas. Estos sonidos afectan marcadores fisiológicos, provocando aumentos en los niveles de corticosterona, alteraciones cardiovasculares y cambios endocrinos. También modifican conductas clave relacionadas con el bienestar, reduciendo la exploración del entorno, alterando los patrones de acicalamiento y afectando la interacción social, todos ellos indicadores sensibles de estrés en roedores. Además, el ruido influye en sus vocalizaciones ultrasónicas, sonidos que las ratas emiten fuera del rango audible humano y que reflejan estados emocionales tanto positivos como negativos, los cuales pueden cambiar significativamente en entornos acústicamente perturbadores.

Además, exposiciones repetidas a ruido pueden producir pérdida auditiva y afectar al desarrollo normal del sistema auditivo en periodos críticos posnatales (Gourevitch & Hack, 1966).

El laboratorio: un ecosistema acústico más complejo de lo que parece

Manipulación de jaulas metálicas en un laboratorio, una fuente de ruido intenso que puede alcanzar niveles superiores a 90 dB y resultar estresante para las ratas. OpenAI. (2025). Colocación de jaulas metálicas en laboratorio con medición de nivel sonoro [Imagen generada por inteligencia artificial]. OpenAI.

Los estudios muestran que la mayoría de los laboratorios genera niveles de ruido suficientes para producir estrés crónico en las ratas, y este paisaje sonoro proviene de múltiples fuentes cotidianas. Entre ellas destacan los equipos de climatización y ventilación, que mantienen un zumbido constante; los monitores de ordenador, capaces de emitir ultrasonidos imperceptibles para los humanos, pero muy relevantes para los roedores, y el sonido metálico de los carros y del proceso de lavado de jaulas, que suele producir picos bruscos de alta intensidad. A esto se suman las voces humanas y la manipulación rutinaria, que pueden generar variaciones inesperadas en el ambiente acústico, así como las alarmas contra incendios, cuyos tonos agudos resultan especialmente perturbadores para los animales. Incluso roces, vibraciones y golpes al mover las jaulas contribuyen a un entorno ruidoso que, acumulado a lo largo del día, ejerce una presión constante capaz de inducir estrés sostenido.

El sonido metálico de colocar jaulas en estanterías puede superar los 90 dB, mientras que el ruido ambiental continuo de maquinaria oscila entre 50 y 70 dB, niveles que, aunque moderados para un humano, pueden ser relevantes para el oído mucho más sensible de una rata.

Los expertos advierten que estos ruidos, especialmente cuando son impredecibles, pueden afectar sistemas tan diversos como el inmunológico, reproductivo, metabólico o neurológico (Sales et al., 2010).

Consecuencias invisibles: del sistema inmune al desarrollo cerebral

Una de las áreas más sensibles al ruido es el sistema inmunológico de las ratas. Las investigaciones han mostrado que la exposición a sonidos intensos o constantes puede provocar un aumento en el recuento de leucocitos, reflejo de una activación del sistema inmune frente al estrés. Asimismo, se observa una menor ganancia de peso y alteraciones hormonales que afectan el metabolismo y la regulación fisiológica general. A nivel más fino, el ruido también puede generar cambios ultraestructurales en el miocardio, indicando un impacto directo sobre el corazón, y producir variaciones en el comportamiento de aprendizaje, evidenciando cómo un ambiente sonoro perturbador puede alterar tanto la biología como las capacidades cognitivas de los animales.

Incluso se ha constatado que ratas expuestas a ruido intenso presentan reducción del desarrollo normal de ciertos núcleos auditivos en etapas tempranas de vida (Hack, 1966).

Los efectos no son anecdóticos: pueden comprometer diseños experimentales completos, especialmente en estudios donde la fisiología, el comportamiento o la respuesta inmunitaria son variables centrales.

No todo sonido es dañino: música y naturaleza como aliados del bienestar animal

Ratón de laboratorio en un entorno experimental, modelo animal ampliamente utilizado en estudios neurocientíficos y de respuesta al estrés. RTVE Noticias. (2014). Ratón de laboratorio utilizado en investigación científica [Fotografía]. https://www.rtve.es/noticias/20140827/experimento-ratones-convierte-placenteros-recuerdos-desagradables/1000720.s html

Frente a los efectos negativos del ruido, la investigación ha explorado una alternativa prometedora: los sonidos positivos como herramienta para reducir el estrés en las ratas. Diversos estudios han evaluado cómo responden los animales a la música clásica suave, especialmente las composiciones de Mozart, a sonidos de la naturaleza y a patrones acústicos rítmicos de baja intensidad. Los resultados muestran una tendencia consistente y alentadora: la exposición a estos estímulos disminuye los niveles de corticosterona, reduce la taquicardia, promueve conductas sociales más frecuentes, mejora la estabilidad emocional y fortalece la respuesta inmunológica. Además, se ha observado un aumento de la neuroplasticidad y la neurogénesis, indicando que la estimulación sonora positiva no solo mejora el bienestar inmediato, sino que también influye en el desarrollo y la funcionalidad del sistema nervioso central de los animales (Kim et al., 2013; Xing et al., 2016).

Una revisión sistemática reciente describe aumentos significativos en BDNF (factor neurotrófico), mejoras en el aprendizaje espacial y una disminución de la ansiedad en roedores expuestos a música. La música clásica de alta frecuencia, como la Sonata K.448 de Mozart, destaca como una de las intervenciones más beneficiosas, mientras que la música rock a alto volumen puede provocar efectos opuestos.

Un entorno más natural, una ciencia más fiable

El bienestar animal y la calidad de la investigación no son aspectos independientes; están estrechamente vinculados. Cuando las ratas se encuentran sometidas a estrés crónico debido al ruido ambiental, los resultados experimentales pueden volverse menos estables, reproducibles y comparables, comprometiendo la fiabilidad de los estudios. Por esta razón, un número creciente de instituciones científicas recomienda implementar medidas concretas para mejorar el entorno acústico de los laboratorios. Entre ellas se incluyen controlar y registrar los niveles de ruido, reducir las fuentes ultrasónicas, utilizar jaulas y estanterías que amortigüen las vibraciones, evitar golpes bruscos durante la manipulación de los animales, incorporar música suave en horarios específicos y mejorar la predictibilidad del ambiente para los animales, con el fin de minimizar factores de estrés que puedan afectar tanto su bienestar como la calidad de la investigación.

Algunos laboratorios incluso han desarrollado alarmas contra incendios “silenciosas para roedores”, con frecuencias molestas para humanos, pero fuera del rango óptimo de audición de las ratas (Sales et al., 2010). El mensaje de la comunidad científica es claro: mejorar el paisaje acústico no es un lujo, sino una necesidad para obtener resultados de calidad.

Hacia una nueva cultura sonora en los laboratorios

Los investigadores que trabajan con animales han comenzado a reconocer que el sonido es un componente ambiental tan importante como la iluminación o la ventilación. Y, sin embargo, durante décadas pasó a un segundo plano.

Hoy las evidencias son contundentes: un laboratorio ruidoso altera la biología de las ratas y la ciencia que producimos con ellas. La incorporación de música suave o sonidos naturales, aplicados de forma controlada y con conocimiento técnico, ofrece una oportunidad para mejorar tanto el bienestar como la calidad experimental.

En un momento en el que la reproducibilidad científica es un desafío global, atender al paisaje sonoro parece, paradójicamente, una de las mejoras más sencillas y efectivas.


El proyecto TRANSPAVET” impulsado por la universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia ha fomentado la profundización en el tema de la experimentación animal. El grupo de estudiantes de primero de veterinaria FALTAN  han sido los autores del póster sobre el que se ha desarrollado este artículo.

Si quieres ver el póster en Realidad Aumentada, pulsa aquí.

Artículo escrito por estudiantes de primero de Periodismo: Valeria Jassir, Daniela Cabezas, Marta Argente y Aitana Domenech

Referencias

  • D’Amour, F. E., et al. (1979). Audiogenic stress responses in rats.
  • Gourevitch, G., & Hack, M. (1966). Auditory thresholds in the rat.
  • Kim, H. et al. (2013). Effects of prenatal music exposure on brain development.
  • Lemmer, B. (2008). Cardiovascular responses to noise exposure in rodents.
  • Sales, G. D., Milligan, S. R., Khirnykh, K., & Wilson, G. (2010). The acoustic environment of laboratory animals. Laboratory Animals.
  • Xing, Y. et al. (2016). Music-induced neuroplasticity in rodents.
  • PMC6302112. (2018). Systematic review of music interventions in rodents.

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