Esta semana, del 13 al 17 de noviembre, se celebra la semana internacional sobre la resistencia a antibióticos

Se cumplen 89 años del descubrimiento de la penicilina por Sir Alexander Fleming, y sin duda, los antibióticos han sido un avance fundamental para el progreso de la humanidad. Son los fármacos más utilizados en terapéutica y uso salva vidas cada día. Además, han permitido un avance sin precedentes en medicina, por ejemplo, haciendo seguras las intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, un uso excesivo o incorrecto de los mismos puede aumentar lo que conocemos como resistencia bacteriana.

Sir Alexander Fleming, descubridor de la penicilina

En realidad, se estima que las bacterias poseen genes de resistencia desde hace millones de años. Teniendo en cuenta que los antibióticos son moléculas naturales, producidas por algunos microorganismos para defenderse de otros, se han encontrado bacterias congeladas en la capa permafrost de Canadá de hace 30.000 años que ya poseían genes para resistencia a penicilinas, tetraciclinas y glicopeptidos.

Cuando usamos antibióticos, del total de la población de bacterias que poseemos en nuestro organismo, si alguna posee el gen de resistencia adecuado, sobrevive, mientras que el resto son eliminadas, y por tanto, la bacteria resistente tiene ahora la oportunidad de multiplicarse, y también de ser transferida a otra persona, o al ambiente. Adicionalmente, las bacterias pueden convertirse en multi-resistentes (resistentes a varios antibióticos). Se estima que cada año en la Unión Europea mueren 25.000 personas por infecciones multi-resistentes.

Infradosificación y sobredosificación antibiótica nos pone a todos en riesgo

Que podemos hacer ante un problema de tal magnitud? En primer lugar, la Organización Mundial de la Salud ha publicado la lista de las bacterias prioritarias para el desarrollo de nuevos antibióticos. En segundo lugar, y mientras estas nuevas moléculas son producidas, debemos seguir programas de monitorización del uso de antibióticos (conocidos como antimicrobial stewardship), asegurando un uso óptimo de los mismos, mediante acciones sencillas como lavado de manos, restricción del uso de antibióticos de amplio espectro, priorizar antibióticos por vía oral frente a vía intravenosa cuando sea posible, y sobretodo, realizar un diagnóstico microbiológico correcto, que permita seleccionar el antibiótico adecuado para cada paciente y cada infección.

Por Verónica Veses Jiménez

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