¿Un debate que no fue tal?

El pasado martes 19 de enero tuvo lugar el II Seminario de Filosofía y Teoría Política “El debate Lippmann-Dewey y los antecedentes de la Democracia Deliberativa” en el Palacio de Colomina. En este intervinieron los profesores Leopoldo García Ruíz, de la CEU-UCH; Ana Cuevas Badallo, de la Universidad de Salamanca; y Ramón del Castillo, de la UNED.

El profesor Hugo Aznar inauguró la jornada situando el debate Lippmann-Dewey en el marco del Proyecto FFI 2013-42443-R y recalcó la importancia creciente de este debate desde que se planteó el paradigma de la democracia deliberativa como alternativa normativa al modelo agregativo existente. Dicho intercambio entre Lippmann y Dewey, destacó Hugo Aznar, constituye un antecedente de absoluta actualidad de muchas de las cuestiones que siguen planteándose un siglo después: como el papel de la opinión pública y el modo en que se forma ésta, la importancia crucial de la información adecuada para una democracia deliberativa o el papel de los expertos.

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Leopoldo García (en el centro), Ramón del Castillo (izqda.) y Hugo Aznar (dcha.)

Leopoldo García Ruíz, profesor de Filosofía del Derecho de la CEU-UCH e investigador de nuestro proyecto, trató de desmentir la concepción comúnmente aceptada de un debate con posiciones confrontadas entre Lippmann y Dewey. Aunque históricamente se ha reconstruido el famoso debate como tal, Lippmann y Dewey no libraron ninguna batalla, sino más bien intercambiaron opiniones y puntos de vista para buscar soluciones, dentro de la corriente progresista, a la crisis democrática del modelo agregativo. Ambos se conocían, se respetaban y coincidían en los límites y problemas que en esos momentos presentaba la realidad social y política. De hecho no fue hasta bien entrada la década de los noventa del siglo pasado cuando empieza a hablarse de un debate confrontado entre Lippmann y Dewey.

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Ana Cuevas ha dirigido diversos proyectos de investigación, tanto públicos como privados. Es especialista en el área de la Filosofía de la Ciencia y la Tecnología y en Cultura Tecnológica. Autora de diferentes artículos que versan de epistemología, ontología y axiología de la tecnología.

Por su parte, la profesora titular de la Universidad de Salamanca en el Departamento de Filosofía, Lógica y Estética y actual directora del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, Ana Cuevas Badallo, analizó el papel que para Lippmann, por un lado, y para Dewey, por otro, deben desempeñar los expertos en las democracias contemporáneas. En este sentido, mientras que para Lippmann el rol de los expertos es fundamental dado que sobre ellos debe recaer la capacidad de tomar las decisiones políticas que afecten a un país o sociedad precisamente por su condición de expertos; para Dewey estos deben actuar como meros asesores del gobierno ya que apuesta por una ciudadanía formada, activa, participativa y comprometida. Una visión de la ciudadanía totalmente divergente a la de Lippmann, para quien los ciudadanos carecen de tiempo, interés y conocimiento para buscar soluciones a los problemas públicos. Esta concepción tiene su fundamento en la prensa, el medio a través del cual los ciudadanos se informan de lo que ocurre a su alrededor y se guían por los estereotipos construidos por la misma, por lo que son jueces poco fiables de lo que debe ser el bien público.

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Ramón del Castillo, director del I+D+i del Mineco “La reconstrucción de la democracia. Más allá de la deliberación y del reconocimiento”. Codirector del Dewey Center en España. Ha publicado diversos trabajos sobre la historia de las ideas de EEUU con especial atención a problemas éticos, políticos y religiosos.

En su intervención, Ramón del Castillo, profesor titular de Filosofía Contemporánea y Estudios Culturales en la UNED y actual Vicedecano de Investigación de esta misma Universidad, difirió de la postura del profesor García, ya que para Del Castillo ni tan siquiera Lippmann y Dewey coincidían en el diagnóstico de la realidad a pesar de que Dewey escribiese, por cortesía según Del Castillo, que ambos veían el mismo problema pero proponían diferentes soluciones. A diferencia de Lippmann, interpretó del Castillo, Dewey considera que la prensa no está perdida y que practicando un buen periodismo se puede informar y formar a la opinión pública; de ahí que Dewey dé prioridad a la formación de esta antes que a la de los expertos. En definitiva, Del Castillo acentuó las diferencias entre Lippmann y Dewey analizando las críticas que este último hizo del primero.

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