Memoria de un confinamiento #03

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«Creo que quien peor lo pasará cuando el encierro acabe serán mis balcones, y no lo digo porque estos días no ha parado de llover, me refiero a que ahora no van a tener a nadie que espere a que deje de llover para volver a ellos, ni nadie se sentará ahí para escuchar música o leer un libro. Cuando esto acabe mis balcones se volverán a quedar solos. Mi vida volverá a ser fuera de casa y se me olvidará ir a visitar a mi balcón.

Hasta el encierro, nunca me había puesto a pensar en los balcones, y es curioso porque es el único lugar de mi casa donde me puedo sentar y sentir que estoy fuera de casa, donde puedo cotillear a mis vecinos y mirar a la calle. Mis balcones no son gran cosa, no son espaciosos y mucho menos están decorados, ni siquiera en Navidad. Pobres balcones, pasan Nochebuena sin nadie que esté con ellos, ¿qué pensarán?

Si pudiese acordarme de visitarlos lo haría, juro que lo haría, juro que a veces estoy en mi cama tumbada y pienso lo solitarios que están mis balcones, pienso en bajar pero no lo hago y dentro de mí me digo ‘lo has hecho bien, aunque no hayas ido a leer el libro con ellos, has pensado en ellos y eso ya es mucho’.

Pero mis balcones no saben que esa vez he pensado en ellos, a mis balcones les da igual que piense en ellos si no voy a visitarles, si no voy a poner una chaqueta en el suelo donde apoyo la cabeza y miro el cielo mientras pienso en la suerte de tener un lugar en mi casa donde pueda ver el cielo, pero eso solo lo pienso cuando estoy en el, luego me voy y ya no viene a mi mente la suerte que tengo de mirar el cielo.

A veces siento que si mis balcones supieran que nunca pensé en ellos hasta que empezó el encierro llorarían tanto que mis vecinos lo oirían y me preguntarían qué les he hecho a mis balcones para que lloren así y yo les contestaría, (bajito para que mi balcón no me oiga): ‘que se enteraron que no pensé en ellos’.

Mis balcones me recuerdan que si no piensas en algo aunque esté ahí, no existe, lo siento, mis balcones sólo me tienen a mi y yo no suelo pensar en ellos.

Espero no llorar nunca porque mi balcón ya no piense en mí, porque inundaría mi casa y mis vecinos le dirían a mi madre que en mi casa llueve con la puerta cerrada.»

Guion: María Benlloch
Fotografía: María Benlloch
Audio: Mar Berenguer y Claudia Cazaurang

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