Ich bin ein berliner: Erasmus donde te lleve

Me llamo Elena y estudio tercero de Comunicación Audiovisual. La idea de hacer un semestre de Erasmus siempre me había parecido interesante, pues el hecho de viajar a otro país para estudiar me parece una experiencia genial. En el primer cuatrimestre de segundo asistí a la charla que se realizó en la universidad y me convenció de hacer la solicitud para conseguir la beca Erasmus. Me fue difícil elegir destino porque en nuestra universidad se ofrecían muchas opciones.

Ya que hablo alemán, me decanté por los destinos en los que las clases se impartían en dicho idioma. Mi primer opción fue la Universidad de Artes de Berlín, ya que es una universidad con mucho prestigio y yo siempre había querido vivir en la capital alemana. Tuve la suerte de que se me asignara mi primera opción.

El 1 de Octubre comenzó mi aventura. A las 14.00 cogí mi avión destino Berlín. El día 14 empezaban las clases, así que tuve 11 días para acostumbrarme a la ciudad y conseguir todo lo necesario para mi estancia.

La residencia donde me alojé me fue proporcionada por la universidad, lo cual me hizo las cosas mucho más fáciles, ya que encontrar un piso en Berlín es muy difícil y muy caro. La ubicación era maravillosa, pues estaba enfrente de la parada de metro Stiergarten, a tan solo una parada o 15 minutos andando de uno de los sitios más concurridos de la ciudad, Zoologischer Garten y Ku’damm.

«La mezcla de culturas fue muy enriquecedora; aprendimos mucho los unos de los otros».

Además, también estaba muy cerca de uno de los edificios de la universidad y de la llamada Mensa, una enorme cafetería para los universitarios de mi universidad y la universidad vecina, la TU. Una curiosidad es que las cafeterías no se encuentran dentro del edificio principal, sino fuera, en las cercanías de este, ya que a ellas pueden acceder estudiantes de todas las universidades e incluso trabajadores de la zona.

La cafetería me sorprendió muchísimo, pues la que estaba cerca de nuestro edificio contaba con tres pisos. El de abajo era una cafetería, el primero era un comedor vegano y el tercero ofrece todo tipo de comida. Como alumna vegetariana en nuestra universidad no suele haber muchos platos entre los que elegir, mientras que en Berlín no tuve ningún problema en cuanto a lo que alimentación respecta.

En cuanto a la residencia en sí, era un edificio de 7 pisos con 22 habitaciones, cuatro baños, cuatro duchas y dos cocinas. Todos los estudiantes que nos alojabamos allí éramos internacionales, por lo tanto cada uno venía de una parte del mundo diferente. Esta era la mejor cualidad de la residencia, pues por ejemplo en mi caso, entre mis 21 roomates provenían de 14 países diferentes: Taiwán, Corea, Francia, Canadá, Hungría, Turquía

Entre nosotros nos comunicamos en inglés, ya que la mayoría no hablaban alemán. Esta mezcla de culturas fue muy enriquecedora, pues aprendimos muchas cosas los unos de los otros: música, gastronomía, palabras en otros idiomas…

La primera semana de curso nos hicieron un tour de introducción por la universidad. Al ser tan grande y ofertar tantas carreras, los edificios están repartidos por toda la ciudad.Son edificios grandes, estéticamente bonitos y equiparados con clases de gran capacidad.

A parte de enseñarnos toda la universidad, en nuestra semana de introducción la universidad nos ofreció un tour guiado por Berlín para conocer la ciudad. Visitamos algunos de los monumentos más emblemáticos, como la puerta de Brandemburgo y el centro histórico.

Tras la semana de introducción empezaron las clases, que en Alemania están divididas en Lecturas, prácticas y seminarios y a diferencia de en España, puedes cursar una de las tres sin tener que cursar las otras dos. Por ejemplo, yo cursé la lectura de Psicología de los Medios, pero no sus prácticas o seminarios, ya que tenían lugar en el segundo cuatrimestre.

Las clases duraban una hora y 45 minutos y entre clase y clase había 30 minutos de descanso, ya que a veces había que cambiar de edificio y estaban a una distancia considerable. Las clases empiezan a las 10 de la mañana, ya que tienen muy en cuenta a los alumnos que no viven en la ciudad y viajan todos los días para asistir a la universidad y la última clase acababa a las 18. Además de las asignaturas propias de la carrera, se podían cursar otras asignaturas recogidas en el llamado ‘’studium generale’’, que eran multidisciplinares.

Me fue muy fácil adaptarme a los horarios de la universidad, ya que también había dos alumnas de Erasmus en mi clase que vivían en mi residencia y nos ayudábamos mutuamente.

Además, el departamento de relaciones internacionales organiza muchos eventos para que interactuamos entre nosotros, como por ejemplo una cena hecha con alimentos rescatados de supermercados, que iban a tirar por aproximarse la fecha de caducidad pero aún eran comestibles. Aquí muestro una foto en la que aparezco junto a unas compañeras sirviendo la cena.

Los profesores también ayudaron a hacer la adaptación fácil, aunque a los alumnos les costó más socializar con nosotras. No obstante, al final hicimos amistad con un par de compañeros de clase.

En conclusión, mi experiencia Erasmus ha sido muy positiva, me ha dado la oportunidad de conocer una ciudad nueva y de crecimiento tanto personal como profesional. Ha sido sin duda una de las mejores experiencias que he vivido en mi época universitaria y por ello lo recomendaría a todos mis compañeros.

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