Nadie pudo advertir a esta futura enfermera que su experiencia universitaria en España iba a estar marcada por una pandemia histórica. Ahora, justo cuando se encuentra en el ecuador de sus estudios en la CEU UCH, se ha tenido que enfrentar a varios retos con los que, posiblemente, nunca contó cuando reservó su plaza en nuestro grado en Enfemería. Uno personal, al tener que vivir el aislamiento alejada de su país y de su familia. Otro más académico, lanzándose al aprendizaje digital en un tiempo récord.

En esta entrada, nuestra estudiante internacional Carly Garcia nos relata cómo está viviendo esta etapa: todo lo que está aprendiendo y todo aquello que le está ayudando a crecer. Y siempre, con el optimismo que la caracteriza.

Carly (derecha), con sus amigas de la universidad antes del comienzo de la pandemia

«Cuando España anunció el estado de alarma, que nos imponía a todos una cuarentena muy estricta, mis pensamientos se llenaron enseguida de mucha incertidumbre por el futuro y también de preocupación por el bienestar de mis seres queridos. Tantas cosas cambiaron en tan poco tiempo que necesité algunos días para procesar todo lo que estaba sucediendo, y para poner cierto orden y perspectiva a mis ideas. Quizás tomé verdadera conciencia de lo que ocurría cuando me despedí de mis amigas por última vez, sin saber exactamente cuándo nos podríamos volver a encontrar.

La incertidumbre que nos rodea posiblemente sea una de las principales razones que hacen de esta pandemia algo tan desalentador para todos. Y es que, aunque haya publicados varios estudios científicos y cientos de análisis (algunos más sólidos que otros), nos sigue resultando complicado filtrar toda esa información para entender lo que realmente está sucediendo en el mundo.

Tras este primer mes de aislamiento, esa incertidumbre inicial se ha convertido en nuestra nueva realidad. Se hace presente en todos los anuncios públicos, en cada una de nuestras llamadas y videoconferencias, en todas las declaraciones de las autoridades. Cuando el futuro es incierto, es relativamente fácil caer en una espiral de dudas y de preocupaciones, especialmente si te mueves en un contexto de absoluto aislamiento. Sin embargo, me reconforta saber que, aunque hay multitud de factores que no podemos controlar, sí que podemos actuar como sociedad por el bien común: por ejemplo, cumpliendo las normas que nos impone la cuarentena. Y es que, cuando personalmente me invade el desaliento o me siento abrumada por la situación, intento centrar mi atención en aquellos factores que sí dependen de mí y que puedo controlar.

Adaptarse a una nueva realidad: clases y ocio virtuales

Como me considero una persona a la que le gusta mucho planificar, estos días más que nunca me enfrento al dilema de cómo organizar mi futuro inmediato. Sobre todo, teniendo en cuenta que las semanas que se acercan parecen un calco de las que acaban de pasar. Para combatir esta sensación, he elaborado un calendario en el que me he marcado las fechas más relevantes que van a venir, como cumpleaños o entregas. Estos marcadores me ayudan a no perder la perspectiva.

Como muchísimos estudiantes del mundo entero, también he tenido que adaptarme a una nueva dinámica de clases virtuales, por lo que he tenido que ajustar mis expectativas y mi método de trabajo a las nuevas exigencias, ¡y reconozco que no ha sido fácil! He tenido que adquirir rápidamente el hábito de trabajar y estudiar en casa, y nada mejor que una cuarentena para desarrollar esa disciplina y fuerza de voluntad que se necesitan. Y, como tampoco tengo libertad de movimiento, también me he dado cuenta de que me he convertido en una persona un poco más sedentaria e inactiva, algo que no es recomendable ni desde el punto de vista físico, ni decididamente desde el psicológico. Por suerte, en internet uno puede encontrar multitud de apps que proponen diferentes ejercicios y rutinas físicas. Y, como además tengo alguna noción de yoga, pues me he apuntado a unas clases online: ¡siempre es bueno unirse a un grupo y adquirir una rutina!

Estudiando en línea: ¡ningún estudiante se ha quedado sin clases durante esta etapa de aislamiento!

También estoy aprovechando, durante este aislamiento, para mejorar mis habilidades culinarias. Y, por lo que veo en las redes, no soy la única. No puedo afirmar que mis dotes para cocinar fueran excelentes antes, pero sí que he notado una mejoría moderada. Aunque claro, no soy yo quien debe juzgarlo… ¡aunque ahora mismo sí soy la única persona que puede juzgarlo!

Creo que una de las cosas positivas que nos trae este aislamiento es la posibilidad de reflexionar sobre nosotros mismos, nuestra vida y nuestros hábitos, sin contar con ningún tipo de opinión externa. Y es que, aunque muchos días los pasemos en Netflix o viendo películas (no lo voy a negar… ¿alguien se apunta a un maratón de Harry Potter?), creo que también es muy positivo que pensemos en los logros que hemos alcanzado en esta pandemia.

Una reto global: #EstamosJuntosEnEsto

A pesar de encontrarme aislada (y esto está, en mi caso, inevitablemente unido a la soledad), sé que en realidad no estoy sola en esto. No sé por qué, pero me gusta pensar que estoy participando de algo grande en lo que hay mucha gente involucrada. Lo siento cuando oigo a mi vecino tocar la guitarra cada pocas horas, o cuando doy un telefonazo a mi madre. Si bien lo piensas, es fascinante pensar que posiblemente sea la primera vez que algo haya llegado a afectar a prácticamente todo el mundo de manera simultánea; una pandemia que nos ha, literalmente, obligado a tomar medidas extremas y ha logrado paralizar el mundo. Y es entonces cuando me reconforta saber que todos estamos pasando exactamente por lo mismo. Y que la solidaridad está aflorando más que nunca en las personas.

No puedo negar que estas últimas semanas han estado llenas de retos y de cierta frustración, pero pienso que de cada situación hemos de sacar siempre algo positivo. Hemos visto cómo personas en todo el mundo se han unido para compartir sus miedos, su amor y su dolor, pero también su esperanza. Algunas grandes empresas y corporaciones han sacado su lado más humano y han aportado medios y recursos donde ha sido necesario. Muchos sanitarios se han desplazado a los centros de la enfermedad, y los trabajadores esenciales nos han demostrado lo necesarios que son en nuestra sociedad. Si hay algo que espero que esta pandemia nos traiga es, sin duda, una perspectiva renovada en las personas, una nueva forma de pensar. Y me incluyo. Espero de corazón que, cuando salgamos de esto, apreciemos más nuestras relaciones sociales y nuestras amistades. Quizás mi optimismo resulte algo irreal o infantil, pero es lo que verdaderamente siento en estos tiempos tan difíciles para todos. Y, cuando salgamos, sé que valoraré más los pequeños momentos, los pequeños placeres: todo eso que, muchas veces, damos por sentado.

Sí, si hay algo que esta pandemia me ha enseñado es a quererme un poco más a mí misma y a ser mucho más paciente con los demás. Al final, la vida ha demostrado que es de todo menos predecible.»

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