Costa Rica: diseño green y sostenible

Lo suyo con el diseño tiene un sentido vital. Para ella, los productos deben estar al servicio de las personas, de sus problemas. Por eso, un día dejó Costa Rica para ser diseñadora en Europa: para, en el futuro, poder crear productos que tuvieran un impacto positivo en la sociedad.

Camila Sancho, estudiante de primer curso de Diseño Industrial, nos da una lección de compromiso, de sostenibilidad y de pasión por el diseño. También de carisma.

Estudiante de Diseño Industrial de Costa Rica
Camila, una futura diseñadora «tica» comprometida con los valores de la solidaridad y de la sostenibilidad

Camila, ¿cuál fue tu motivación principal para estudiar Diseño Industrial? ¿Lo tuyo con el diseño ha sido una vocación desde siempre?

Ya desde el colegio siempre había pensado que era importante salir de la zona de confort. Por eso, no quería quedarme en Costa Rica y empecé a buscar opciones de estudio en Europa y en Estados Unidos.

De los estudios de diseño en sí, nunca lo tuve muy claro. Me atraían materias de lo más variado, desde Global Politics a Química. Un día entré en contacto con una fundación llamada Water Is Life, que es una ONG que busca soluciones a la potabilidad del agua en pueblos con necesidad. Les contacté hace cuatro años para colaborar en su proyecto, me abrieron una cuenta y logré recaudar cerca de 10000 dólares para llevar a Kenia. Sus soluciones son muy innovadoras porque desarrollan unas pajitas que contienen unos principios activos para purificar el agua.

Supongo que de ahí surgió mi vocación: el poder diseñar productos innovadores que mejoren la vida de los demás.

Y, ¿cómo llegaste un día, desde tu Costa Rica natal, a la conclusión de que querías formarte en diseño en España?

Mi colegio en Alajuela ya tenía un carácter muy internacional. Es un colegio bilingüe, el Pan-American School, donde cursé un IB Program y siempre con una visión muy multicultural. Entré en contacto con CEU Valencia en una de las ferias de universidades que se organizaban, con una counsellor que me recomendó este centro.

A decir verdad, en principio quise irme a Estados Unidos a estudiar, pero allá la admisión es totalmente diferente y las universidades muy caras. Así que, después de investigar, me di cuenta de que pagar 56000 dólares por una educación, no necesariamente superior, no era necesario. Y, aunque luego barajé irme a Milán o a Navarra, finalmente entré en contacto con mi entrevistador aquí, el profesor Manuel Bañó, y con Martín Pérez, y acabaron por convencerme. Ahora estoy feliz de estudiar aquí.

Desde fuera, ¿cómo percibes España y Europa a nivel de diseño? ¿Qué experiencias, más allá de las clases, esperas vivir en estos años que vas a pasar por nuestra Escuela?

Todavía estoy en primer curso y no tengo mucha experiencia, pero ya en la primera semana de clase fuimos a un evento en Feria Valencia. Era algo relacionado con el diseño, donde había stands con propuestas de diferentes diseñadores. Me llamó la atención uno donde se mostraban productos hechos en corcho, que es un material sostenible que me interesa mucho. En general, me gustan los diseños no contaminantes que no tienen un impacto negativo en el entorno. De hecho, hablé con el diseñador y ya me ofreció la posibilidad de hacer unas prácticas en su estudio, ¡y yo feliz!

“Los diseñadores somos los únicos capaces de transformar el mundo con nuestro trabajo”.

Sobre el diseño en general, jamás se me hubiera ocurrido que Valencia tuviese tanto prestigio. La ciudad es muy bonita, su centro, su arquitectura: tiene un aire muy europeo. También admiro su cultura de la movilidad, el cómo utilizan el transporte público y otros medios colectivos para desplazarse.

Entonces, ¿estás teniendo una buena experiencia con nosotros en la ESET?

Acabo de llegar, pero me encantaría conocer más partes de España y del resto de Europa: viajar a Grecia, a Italia, a Noruega… Y de la Escuela, lo que más me gusta es precisamente ese carácter multicultural. En pocos meses, he conocido a compañeros de Francia, de Eslovaquia, de Asia. De hecho, hace poco organizaron un festival creativo llamado CreaFest con un almuerzo internacional. Cada estudiante traía algo típico de su país y lo compartía con el resto, ¡disfruté muchísimo de esa experiencia!

Y, visualizándote en el futuro como diseñadora: ¿qué producto te gustaría desarrollar?

Todavía no tengo todos los conocimientos para saber a qué me querría dedicar exactamente. Lo que sí sé es que quiero que sean productos sostenibles que ayuden a los demás. Me enteré también de que el profesor Manuel Bañó realiza proyectos de diseño sostenible y solidario en Senegal y otros países, así que voy a hablar con él para ver en qué medida puedo colaborar.

En unos años me veo así: moviéndome por el mundo, ayudando a los demás con mi trabajo y trayendo nuevos conocimientos de diseño a Costa Rica.

Proyecto de diseño
Desde Costa Rica para estudiar diseño: uno de los primeros proyectos de Camila, expuestos en la ESET

Y nosotros, ¿qué crees que podemos aprender los españoles de los ticos, de los costarricenses?

Mi país es exuberante, muy verde, convivimos con la vegetación. Por eso, tenemos una conciencia medioambiental muy fuerte; de hecho, hace poco me enteré de que Costa Rica está cerca de ser 100% green en el uso de energía, y eso me parece importante. Hace poco asistí al COP25 – UN Climate Change Conference de Madrid y sí, cada vez tengo más claro que ese es mi futuro: un futuro donde el diseño sea también 100% green.

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