Diseña una prótesis, regala un futuro

«Quiero marcar la diferencia a través del diseño». Esta es una de las primeras frases que escuchamos de boca de Marina Redondo, compañera de primer curso de Diseño Industrial, al inicio de su presentación. Diez minutos en los que, en clave científica, expone el proyecto que ha presentado al Congreso Internacional de Estudiantes de este año y que tiene que defender delante de un jurado: «Diseña una prótesis, regala un futuro» es el título que ha elegido para su comunicación.

En nuestro país, más de sesenta mil personas viven una realidad funcional diferente: carecen de alguno de sus miembros, o estos poseen una funcionalidad limitada. Las causas de esta diversidad funcional pueden estar motivadas tanto por razones médicas (enfermedades como la diabetes), como por situaciones congénitas o lesiones.

¿Una prótesis o un superpoder?

Con su trabajo, Marina busca devolver el movimiento a los niños que viven esta situación gracias a la tecnología de impresión 3d. Una tecnología que permitiría además producir de forma rápida (en apenas nueve horas) y económica (por un coste de unos trescientos euros) su modelo de prótesis.

En una sociedad en la que productividad y la innovación están a la orden del día, en la que vivimos azorados por el materialismo, Marina nos da una lección de profesionalidad y de compromiso social: una estudiante brillante que busca con sus ideas, ya desde primer curso, mejorar la vida de las personas y favorecer su inclusión social.

Estudiante en el CIE
Marina, durante la presentación de su comunicación en el Congreso Internacional de Estudiantes

Marina, ¿de dónde surge la idea de este proyecto que acabas de presentar en el Congreso Internacional de Estudiantes?

Ya en el colegio siempre me habían llamado la atención la tecnología y la impresión 3d. De hecho, llegamos a montar en clase una impresora como las que ahora tenemos en la Escuela, que son unas Anet A8. Cuando llegué aquí y vi que teníamos tres unidades y un escáner grande, empecé a pensar en cómo podría aprovechar esos recursos.

Como estudiante de primer curso no supe qué era el CIE hasta que recibí un mensaje que me incitaba a investigar y a presentar mi propio proyecto. Busqué enseguida a Manuel Martínez, mi tutor, y le planteé mi idea: un proyecto para las personas. El que hoy acabo de presentar.

Yo siempre digo, y además es un lema que siempre tengo muy presente, que los ingenieros somos los solucionadores de los problemas de las personas, y que podemos influir de manera muy directa en el cambio social.

«Investigar requiere de tiempo, pero es algo necesario si quieres que tu trabajo tenga significado humano y científico.»

El concepto es el siguiente: cuando una persona es mayor y sufre la amputación de un miembro, puede llegar a aceptar su nueva realidad con el apoyo de profesionales. Sin embargo, cuando hablamos de niños, el aspecto psicológico todavía es más importante. Básicamente, porque la personalidad todavía se está formando a esa edad y existe un mayor riesgo de discriminación. Por ello, con mi proyecto quiero normalizar esta realidad y convertir a esos niños en pequeños superhéroes… ¡con un diseño totalmente adaptable!

El tema que tratas con tu proyecto, el de la diversidad funcional, ¿es algo que vives de cerca, o es tu compromiso social algo que surge de manera natural?

En mi familia no hay nadie que viva esa realidad. Simplemente me planteo cómo puedo mejorar la vida de las personas con mi trabajo. Si puedo utilizar lo que conozco, mi área de estudios, para hacer feliz a otras personas… ¿por qué no hacerlo? Nosotros diseñamos para las personas: son diseños hechos por personas para las personas. Esto es lo que nos enseñan en Doctrina, y es algo que tenemos siempre muy presente: el centro del diseño tiene que ser la persona.

Hace tiempo sí que tuve la oportunidad de conocer a alguien que había sufrido la amputación de un miembro, y pude comprobar cómo la sociedad sigue mirando de forma diferentes a estas personas. Parece que, al andar, se fijan más en su prótesis que en sus ojos, en su mirada.

Marina, que disfruta de una beca CEU Merit por su excelencia académica, junto a su prototipo de prótesis

Hemos de normalizar esta situación. Hay más de sesenta mil personas con prótesis en nuestro país, sólo por detrás del Reino Unido. Depende de nosotros superar traumas y alcanzar la plena normalización.

Blueprints e impresión 3d para pequeños superhéroes

Y con tu proyecto no sólo la normalizas, sino que conviertes la prótesis en el brazo de un superhéroe. Comentas que piensas en chavales jóvenes, de seis a ocho años, y resulta muy sorprendente. ¿Vas a continuar con el proyecto, te gustaría llegar a producirlo algún día?

Me queda mucho camino por recorrer porque todavía estoy en primer curso. Pero sí, me gustaría darle más recorrido e incluso dedicar mi TFG a este tema. De todas formas, aún me queda mucho por explorar y hay muchos temas que me interesan: el diseño gráfico, el packaging o el diseño de producto. Este proyecto no deja de ser el diseño de un producto.

Si te das cuenta, por ejemplo, en la parte inferior hay un orificio pensado para incluir un sensor de proximidad. De esta forma, al acercarse a una superficie, la prótesis vibrará o emitirá un aviso para que el usuario sepa que puede asir el objeto.

«Nuestros trabajos son diseños hechos por personas, para las personas»

Mi prótesis está pensada para ser mecánica; es decir, ponerle un arnés y que sea el propio movimiento del cuerpo el que la habilite. A futuro me gustaría desarrollar el prototipo y trabajar más su movimiento para que sea automático. De momento es sólo un modelo, una idea; ahora he de adquirir conocimientos más profundos que me permitan desarrollarlo de forma mucho más rigurosa y completa.

Tener una idea ya es un avance importante. Decías que los diseñadores estáis constantemente buscando soluciones para mejorar la vida de las personas. Posiblemente, esto se pueda aplicar a otras profesiones: diseñadores, educadores, periodistas… ¿Cómo crees que podemos, entre todos, avanzar hacia una sociedad más justa, más inclusiva?

Sin duda, todos podemos aportar algo desde nuestra profesión. Sin embargo, creo que los ingenieros somos los que más podemos aportar porque nosotros creamos objetos. Y los creamos para alguien, responden a una necesidad existente. Un producto no debe existir porque sí, sino que debe ser particular y estar adaptado a una problemática concreta. Este concepto es la base, por ejemplo, de la ergonomía.

Fomentando la investigación desde las aulas

¿Qué te parece que se organicen actividades de este tipo, donde se os invite a iniciaros en la actividad investigadora?

Creo que es una buena iniciativa de la universidad, y entiendo que cada disciplina puede aportar algo diferente al congreso. La universidad y sus estudiantes hemos de comprometernos, hemos de salir a la calle, dirigirnos a las personas y decir: «Somos el futuro y queremos ayudar a que ese futuro sea mejor«. Ayer, por ejemplo, fui a una de las actividades organizadas sobre deporte inclusivo y hablé con algunos de los jugadores que participaron. Me interesé por los andadores y aparatos que utilizan, observé de cerca sus prótesis… Me gustaría mucho investigar y aprender más sobre este tema, y si pudiera colaborar con ellos y su asociación de alguna manera, ¡mejor que mejor!

A mis compañeros de Diseño Industrial y de Architecture, y a todos los estudiantes en general, les diría que se animaran, que hay que estar aquí presentando proyectos innovadores y luchando.

Es cierto que hay que invertir cierto tiempo en ello porque hay que hacerlo de forma rigurosa. Yo empecé empapándome de cuestiones médicas porque, evidentemente, he de saber cuántos huesos tiene la mano, cómo se articulan nuestros movimientos, cómo se desarrollan las articulaciones. Toda esta fase de investigación es básica: la prótesis ha de tener en cuenta estos aspectos biológicos para que resulte útil. Investigar requiere de tiempo, pero es algo necesario si quieres que tu trabajo tenga significado humano y científico.

¿Qué destacarías de esta experiencia, qué es lo que has aprendido del CIE?

Para empezar, me ha servido para vencer un miedo que tenía, que era exponer en público. Y, además, como se trata de un congreso internacional, lo he hecho en inglés.

«Mi idea es utilizar la tecnología 3d y customizar el diseño exterior de la prótesis pensando en el público objetivo, que son niños de 6 a 8 años.»

Aparte, el hecho de introducirte en el mundo de la investigación de una forma rigurosa, con la responsabilidad que supone presentar una comunicación, me ha parecido muy interesante. Te despierta el interés por conocer más y más. En mi caso, por ejemplo, he tenido que combinar la psicología infantil con la inserción social y la construcción de la imagen propia. A eso he tenido que sumar el diseño de las cubiertas externas del prototipo… ¡he tenido que juntar muchas áreas de conocimiento!

Entonces, ¿te animas a participar con una nueva comunicación en la edición del año que viene?

¡Desde luego! Como ha comentado la Rectora en la apertura, el CIE ha llegado a su 16a edición y cada año hay más estudiantes que se animan a presentar proyectos. Lo que todavía no sé es sobre qué podría investigar: quizás profundice un poco más en este proyecto o me decante por la rama del diseño y la química, que también es una de mis pasiones. Lo que sí es seguro es que, si mi estudios me lo permiten, ¡participaré sin dudarlo!

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