Los grabados de impresión en la prensa de los años 70

Tal vez para un Instagramer resulte difícil hacerse a la idea de que los que tiempos de producción no siempre han permitido difundir las imágenes con una sola pulsación. Allá por los años ’70 del pasado siglo, la reproducción en prensa exigía de los grabados de impresión que se exhiben en esta muestra y que ha cedido el profesor de la CEUUCH José Luis Torró.

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Fue esa década de los setenta una convulsa época en la que finalizó un periodo de dictadura y se abrió la puerta a la prensa democrática. Pocos años después, a principios de los ochenta, Levante pasó a formar parte de Editorial Prensa Ibérica. Ese cambio de propiedad y de formato fue antecedido por un cambio en el sistema de impresión: el offset, que llegó según relataba su exdirector y también profesor de periodistas en el CEU de Valencia, José Manuel Gironés, en la convulsa noche del 23 de febrero de 1981. Pero antes de que esa innovación tecnológica sirviera para imprimir los ejemplares en la antigua sede de la Avenida del Cid de Valencia, las páginas de Levante –y de muchos periódicos en toda España– seguían imprimiéndose con el sistema de tipografía, el que cinco siglos antes hubiera desarrollado Gutenberg y que dio nacimiento al libro impreso.

El sistema tipográfico permitía la composición y reproducción textos, filetes, recuadros y diversos elementos tipográficos. Pero, la reproducción de imágenes requería de procedimientos fotomecánicos que iban desde los procesos puramente fotográficos hasta la obtención de las formas metálicas como las que se exhiben en esta muestra y que el también maestro de periodistas en el CEU de Madrid, José Antonio Martín Aguado, detallaba así:

“Tenemos un clisé, bien en negativo, bien en positivo. Ese clisé se copia después mediante la acción de la luz, en una placa o plancha que constituirá la forma de impresión. Antiguamente, la plancha de cinc era el material que solía emplearse para obtener la copia. Esta plancha estaba cubierta de una solución de albúmina y bicromato amónico. El negativo se colocaba –en una prensa de vacío– sobre la plancha y se sometía a la acción de la luz intensa de arcos voltaicos. Las partes transparentes del negativo dejaban pasar la luz y la albúmina se endurecía en estos sitios, mientras que las superficies negras permanecían blandas y, por ello, opacas. de esta forma quedaba fijada la imagen en la copia.

Posteriormente venía la acción de revelado. Para ello se recubría la plancha con un barniz especial por medio de un rodillo de caucho. Se procedía luego al lavado de las superficies blandas no expuestas a la acción de la luz y quedaba sólo la parte que se iba a grabar. Una vez realizada esta operación se procedía al grabado de las partes impresoras, bien mediante procedimientos manuales, bien por la acción de los ácidos o del agua a altas temperaturas.”

Finalizado el proceso, se montaban los bloques de plomo junto con las placas de la imágenes para obtener las planchas y proceder, posteriormente, a la impresión de los ejemplares. Poco que ver con la actual facilidad del clic sobre la pantalla

Autor del texto : Ángel Javier Castaños Martínez

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