El Ateneo Enciclopédico Popular de Barcelona

Los pasados 22 y 23 de diciembre, nuestra compañera Katia Esteve, en el marco de su investigación acerca de la influencia de los reformadores utópicos en el pensamiento español a finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo la oportunidad de conocer de cerca el Centro de Documentación Histórico Social del Ateneo Enciclopédico Popular cuya sede se encuentra actualmente en el número 26 del Paseo de Sant Joan de Barcelona.

A pesar de que el espacio con el que cuenta el archivo es pequeño, en su interior alberga, desde 1977,  una hemeroteca y biblioteca que está “especializada en los movimientos sociales, asociativos y especialmente libertarios, contando con más de 38.000 libros, más de 12.000 periódicos y revistas y otro tipo de documentación.

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El Ateneo Enciclopédico Popular se fundó en 1902 con una clara vocación pedagógica, conformándose como una asociación cultural cuyo objeto sería la lucha contra la ignorancia, en un país en el que las tasas de analfabetismo todavía eran muy elevadas.  Tras la Segunda República el Ateneo fue clausurado, no reabriendo sus puertas hasta 1977 con la constitución del Centro de Documentación Histórico-Social que, tres años más tarde, junto con su tarea de catalogación de todo el patrimonio cultural que albergaba, recuperaría la misión del Ateneo, organizando exposiciones, conferencias, etc.

Ejemplar de la Revista Blanca en los fondos del Ateneo
Ejemplar de la Revista Blanca en los fondos del Ateneo

Los ateneos son un fenómeno muy representativo de España, entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, que se correspondería en cierta medida con el papel de construcción de la esfera pública que jugaron los salones y los cafés en la cultura ilustrada del XVIII de Francia o Inglaterra (1). Mientras que el desarrollo de esta temprana sociedad civil lectora, informada y dialogante en el Norte de Europa fue más bien natural, sin necesidad de tener que impulsarlo o promoverlo, en España necesito de una acción más voluntarista, fruto del esfuerzo y el compromiso de algunas personas por promover el desarrollo de la lectura y la cultura laicas en nuestro país. Este fue en gran medida el papel de los ateneos –de ahí el nombre, tomado de la diosa griega de la sabiduría– tanto burgueses como obreros: fomentar la  lectura, la instrucción y el diálogo y el intercambio ciudadanos; contribuir así en la medida de lo posible a articular una sociedad civil informada y deliberante, rompiendo con el monopolio estatal y religioso de estas funciones en nuestro país (o más bien de la ausencia de estas funciones). A finales del XIX van haciéndose más comunes los cafés en las grandes ciudades de España, sobre todo literarios, que complementarán esa función socializadora cultural y política de los casinos, quedando un papel más relevante –más educativo y a la vez más político– para los ateneos dirigidos a los obreros y las clases populares. Los ateneos que sobreviven hoy tienen una función emblemática y residual en relación al papel histórico que un día jugaron, si bien suelen conservar sedes, archivos y bibliotecas muy valiosas y siguen promoviendo con su labor la vida cultural de sus entornos ciudadanos, como en el caso del Ateneo Mercantil de Valencia.

No es exagerado por tanto considerar a estos ateneos como un elemento representativo de la construcción histórica de la ‘delibecracia‘ contemporánea y un antecedente de ese papel articulador, movilizador y promotor de la sociedad civil lectora, informada y deliberante que hoy realizan en parte también las redes sociales.

Tal y como señaló el diario El Periódico, el Ateneo Enciclopédico Popular se trata del “más importante archivo del movimiento obrero de Barcelona“.  Así que, animamos a todo aquel que esté interesado en estos temas a que se acerque a Barcelona a conocer los fondos de este interesante archivo.

 

Notas

(1) Para el papel histórico que jugaron los salones y cafés en la construcción de la esfera pública moderna la obra de referencia sigue siendo la de Jürgen Habermas, Historia y crítica de la opinión pública (Barcelona, Gustavo Gili, varias ediciones). Pero para quien prefiera un libro menos denso y complejo, resulta mucho más legible la obra de James Van Horn Melton La aparición del público durante la Ilustración europea (Valencia, Universitat de València, 2009), particularmente para el caso de los cafés su cap. VII. En un plano más divulgativo sobre el período en que florecieron los ateneos, se encuentra información puntual de interés en Jacques Dugast, La vida cultural en Europa entre los siglos XIX y XX (Barcelona, Paidós, 2003).

 

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