III Jornadas del Grupo de Trabajo e Investigación en Enfermedades Cardiorrenales y Metabólicas. De la adiposidad al daño multiorgánico.

El 12 de mayo del 2026 se celebró en la Universidad la III Jornada del Grupo de Investigación de Enfermedades Cardiorrenales y Metabólicas (IDECAM), coordinadas por el Dr. Luis d´Marco, la Dra. Ana Checa y el Dr. Pablo Abellán.

Bajo el lema «De la adiposidad al daño multiorgánico», estas jornadas han puesto de manifiesto la necesidad de un cambio de paradigma en el manejo de las enfermedades metabólicas, renales y cardiovasculares. El evento subrayó que la necesidad de no estigmatizar ni responsabilizar a las personas que sufren obesidad, y que está ha de abordarse como una enfermedad crónica sistémica.

La Dra. Isabel Gabaldón, médico especialista en medicina familiar y comunitaria, enfatizó que la Atención Primaria es la puerta de entrada para frenar el continuum cardiorenalmetabólico (CRM). El objetivo es pasar de una medicina reactiva a una prevención proactiva, detectando el riesgo antes del síntoma. Destacó en su presentación, implementar los siguientes puntos en la práctica clínica diaria, para las personas que presentan síndrome CRM, o que estén en riesgo de padecerla:

  • La Estrategia ABCDE: Monitorización sistemática de Albuminuria, Blood pressure (Presión arterial), Colesterol, Diabetes y Estimate GFR (Filtrado glomerular).
  • Innovación en Gestión: El uso de la Red Centinela permite el cribado automatizado de enfermedad renal y hepática en poblaciones de riesgo, superando la inercia clínica.

El. Dr. Pablo Abellán, médico especialista en endocrinología y nutrición, destacó la necesidad de abordar la obesidad como una enfermedad crónica basada en la adiposidad e ir más allá del índice de masa corporal (IMC). Un acto tan sencillo como medir la circunferencia de cintura, permite calcular el índice cintura-altura (ICA), que es un mejor predictor de riesgo de enfermedades cardiometabólicas que el índice de masa corporal. El objetivo es mantener la circunferencia de la cintura a menos de la mitad de la estatura (ICA < 0,5).

Recientemente, un grupo de autores, en lugar del abordaje clásico de pérdida porcentual de peso en la obesidad, han sugerido establecer objetivos, como sucede en otras patologías crónicas como la diabetes: alcanzar en personas con obesidad un IMC < 27 kg/m² y un ICA < 0,53, garantizaría una normalización real de los parámetros cardiometabólicos.

La Dra. Carmen Fajardo, médico especialista en endocrinología y nutrición, presentó un cambio de paradigma en el tratamiento de la enfermedad crónica basada en la adiposidad y en la diabetes.

  • Los fármacos incretínicos actuales (semaglutida, tirzepatida) logran en diabetes reducciones marcadas de HbA1c, y en obesidad pueden lograr pérdidas de peso del 15–26% (en función de fármaco y dosis), aproximándose a los resultados de la cirugía bariátrica, con beneficios añadidos sobre complicaciones: protección renal, reducción de esteatosis hepática, mejora de la apnea del sueño, alivio del dolor en osteoartritis y reducción de eventos cardiovasculares.
  • Un dato alarmante: solo el 4–5% de pacientes con obesidad accede a tratamiento eficaz (actualmente estos fármacos no están financiados para obesidad).
  • En investigación clínica destacan tres moléculas con resultados prometedores: survodutida (GLP-1/glucagón, −18,7% de peso, con programa específico en enfermedad hepática metabólica), retatrutida (triple agonista GIP/GLP-1/glucagón, hasta −29%) y cagri-sema (GLP-1 y familia, media superior al −20%).

El Dr. Luis D’Marco, médico especialista en nefrología y responsable del grupo de investigación IDECAM, explicó cómo la adiposopatía (grasa disfuncional), especialmente en depósitos ectópicos como la grasa perirrenal, actúa como un motor de inflamación renal, y presentó los resultados de las últimas publicaciones realizadas por el grupo, destacando los siguientes mensajes:

  • En el síndrome CRM el riñón es un órgano especialmente vulnerable a la grasa «invisible». La adiposopatía convierte al tejido graso en un órgano disfuncional que libera citoquinas proinflamatorias, activando el inflamasoma NLRP3 y desencadenando fibrosis renal.
  • El IMC puede ser engañoso. En fases avanzadas, el peso se estabiliza o incluso baja mientras la grasa perirrenal sigue expandiéndose y dañando el riñón silenciosamente, correlacionando mejor con el daño orgánico que cualquier medida antropométrica tradicional.
  • En cuanto al diagnóstico, cada año de retraso en identificar la enfermedad renal crónica se asocia a un aumento del 63% en el riesgo de diálisis o trasplante y del 40% en la progresión de la enfermedad.
  • En el plano terapéutico, iSGLT2 y agonistas de GLP-1 ofrecen nefroprotección y reducen la grasa perirrenal con independencia de si el paciente tiene diabetes o no.
  • Una intervención temprana puede retrasar la insuficiencia renal avanzada hasta 11 años.

La Dra. Clara Bonanad, médico especialista en cardiología, centró su ponencia en la transición de la inflamación crónica al daño estructural.

  • La inflamación crónica de bajo grado actúa como «punto ciego» de la cardiología: silenciosa, sin biomarcadores estándar y capaz de evolucionar hacia daño estructural irreversible. El concepto de moléculas asociadas al estilo de vida (LAMPs) explica por qué esta inflamación no se resuelve espontáneamente.
  • Su papel en el riesgo cardiovascular es mayor de lo que se reconoce habitualmente: en pacientes sin factores de riesgo clásicos, la inflamación explica hasta el 27% de los infartos en algunos registros.
  • El otro eje de la ponencia fue la aldosterona, reencuadrada no como simple regulador de la tensión arterial, sino como su papel fisiopatológico como toxina tisular directa que activa vías profibróticas, provoca rigidez vascular, disfunción microvascular y arritmias, independientemente de la carga hemodinámica.
  • En el plano terapéutico, junto a opciones ya conocidas como colchicina o finerenona, se destacó la llegada de los inhibidores de la aldosterona sintasa, que eliminan directamente la producción del ligando en lugar de limitarse a bloquear su receptor, representando un salto cualitativo en el control del continuum de daño cardiovascular

Finalmente, el Dr. Salvador Benlloch, médico especialista en medicina del aparato digestivo, subrayó que el hígado es la «pieza olvidada» del síndrome cardiorrenal y un amplificador masivo del riesgo sistémico.

  • Nuevo Paradigma: El término enfermedad hepática por esteatosis asociada a disfunción metabólica (MASLD) sustituye al antiguo «hígado graso no alcohólico» para enfatizar su origen metabólico y su asociación con la obesidad y la diabetes tipo 2. Se estima que para 2040 la prevalencia global de MASLD alcanzará el 55%.
  • Fibrosis como Predictor de Muerte: La fibrosis hepática es el factor pronóstico más importante, prediciendo no solo eventos hepáticos, sino también morbimortalidad cardiovascular y renal. El MASLD duplica el riesgo de insuficiencia cardíaca y multiplica por 1.5 el de enfermedad renal crónica (ERC).
  • Triángulo Cardio-Reno-Hepato-Metabólico (CRHM): Se propuso evolucionar del modelo cardiorrenal al CRHM, reconociendo que el tejido adiposo disfuncional genera un estado proinflamatorio y de estrés oxidativo que afecta simultáneamente a corazón, riñón e hígado.
  • Cribado Proactivo con FIB-4: Las guías internacionales (ADA 2026) ya recomiendan realizar cribado de fibrosis mediante el índice FIB-4 en todos los adultos con diabetes tipo 2 o prediabetes, incluso si las enzimas hepáticas son normales.
  • Terapias Pleiotrópicas: El futuro del tratamiento reside en moléculas (agonistas de GLP-1, GIP y glucagón) que ofrecen beneficios multiorgánicos, mejorando simultáneamente la esteatosis hepática, el control glucémico, la protección renal y la reducción de eventos cardiovasculares.

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