IA y Universidad. Oportunidad o Amenaza

IA y Universidad. Oportunidad o Amenaza

Existe una necesidad de reflexión sobre las consecuencias que la IA tendrá sobre la educación y, en consecuencia, una necesidad de tomar decisiones para que la IA se convierta en una oportunidad para mejorar y no en una amenaza que debilite la formación de las nuevas generaciones. En esta línea, este artículo expone ampliamente una idea controvertida: la demolición de la Universidad por parte de la IA.

El texto subraya el giro tecnológico de las universidades americanas, impulsado por la irrupción de la IA y por el deseo (o necesidad) de alcanzar los mejores balances económicos por parte de los administradores universitarios. Este nuevo modelo está transformando el concepto mismo de la universidad, afectando especialmente a las universidades públicas americanas. Según el texto, las universidades están sufriendo un proceso degenerativo por las consecuencias asociadas al uso sin control de la IA, la falta de libertad educativa por parte del profesorado y la toma de decisiones basadas exclusivamente en las métricas económicas, acciones que en conjunto están robando la esencia de la educación universitaria. Las consecuencias o síntomas se reflejan en la supresión del pensamiento crítico, la eliminación progresiva de formaciones no rentables en términos de economía o empleabilidad (grados de humanidades especialmente), mientras, a nivel cognitivo, se reduce el esfuerzo por leer, escribir, razonar y asociar, y, finalmente, se normaliza la trampa y el atajo. Además, la presión por obtener títulos y mantener becas, por parte de los estudiantes, y la presión por el incremento de la carga docente, las actividades de investigación y la gestión universitaria aumentan la presión final por escoger los caminos limpios y fáciles que ofrece la IA, tanto para profesores como para estudiantes. La IA ha venido para quedarse y transformar la educación.

La IA y el cebrero

Como docente e investigador me ha resultado interesante encontrar dentro del artículo citado un estudio empírico realizado por investigadores del MIT que muestra, con datos (EEG), que preparar y redactar un ensayo utilizando sólo el cerebro o utilizando la IA como metodo de ejecucción tiene diferencias claras en la actividad cerebral medida por EEG y la actividad cognitiva y conectiva asociada. Parece evidente que si no ejercitamos nuestro cerebro, este no se desarrolla adecuadamente; los datos así lo indican. Y se traducen en peor memorización de los textos escritos y peor capacidad de redacción futura. El artículo concluye señalando que “aunque estas herramientas (IA) ofrecen oportunidades sin precedentes para mejorar el aprendizaje y el acceso a la información, su posible impacto en el desarrollo cognitivo, el pensamiento crítico y la independencia intelectual exige una consideración muy cuidadosa y una investigación continua”.

La importancia de pensar antes de actuar

Y, esté último apunte, tiene razón, y, en conjunto el artículo de opinión (quizá excesivamente pesimista) y el estudio científico reflejan el doble reto al que se enfrentan las universidades (y la educación en general): valorar como nos adaptamos a la irrupción de una nueva tecnología (que no herramienta) y reflexionar sobre qué es la Universidad, cuál es su esencia y cuál su función.

Meditar y tomar decisiones sobre estas dos cuestiones es vital para construir la universidad del futuro.

El proposito de la Universidad y la IA

El desarrollo de nuevas tecnologías, proyectos empresariales o nuevos descubrimientos científicos o artísticos vendrán de fuera de las universidades, la gran mayoría. Pero la Universidad debe salvaguardar el conocimiento de la humanidad, como un lugar de memoria colectiva, ofrecerlo a la sociedad y, particularmente, a través de la formación de nuevos profesionales (aquí se encuentra un reto evidente, porque formar académicamente y acreditar un título son acciones paralelas, pero no iguales).

Además, la formación universitaria se basa en dos pilares esenciales. El primero el estudio y la investigación (traducida en producción académica, cultural y científica) pero su valor no reside exclusivamente en las métricas de producción (aunque sean el baremo público), también reside en el fruto que debería surgir de dicha producción, es decir, el valor asociado debería ser la transformación de docentes y estudiantes a través del esfuerzo que implican dichas actividades. La IA puede y debe ser una herramienta para hacer el esfuerzo más productivo y eficiente, pero no para sustituirlo.

Imagen tomada en mis clases universitarias, donde la pizarra, la discusión y la conversación con los estudiantes se complementan con el teléfono.

El segundo pilar es la experiencia humana. A través del trabajo presencial, deben alimentarse y ponerse a prueba las necesidades y límites emocionales, sociales y cognitivos de las personas, para que las personas sacien los primeros y extiendan los segundos. No es fácil cuando el absentismo y los atajos ofrecen una vía de escape. Pero es esencial reconocer la importancia de la presencialidad y la participación real, para entrenar la respuesta emocional y desarrollar integralmente a los estudiantes, de nuevo a través del esfuerzo y la experiencia personal. Este aspecto no parece que pueda ser suplementado fácilmente por la IA.

“Once men turned their thinking over to machines in the hope that this would set them free. But that only permitted other men with machines to enslave them.”

Frank Herbert, Dune, 1965

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