Sábado, finales de noviembre, 8:15, llegamos a la universidad. Aunque los examinadores llegamos con 45 minutos de antelación (más vale prevenir y madrugar que curar y lamentar), ya nos encontramos a algunos candidatos en el hall e incluso en la puerta del aula donde hoy tiene lugar el examen de español DELE A2, acreditación del Instituto Cervantes con el que la UCH colabora como centro examinador desde hace varios años.

En esta ocasión contamos con dieciséis candidatos, procedentes de distintos puntos de la Comunidad Valenciana y de Cataluña. Sus rasgos físicos y sus nombres nos hacen pensar que son de origen árabe, pakistaní, indio y alguno, los menos, de Europa del Este. Personas que muy probablemente se presentan a este examen para poder solicitar la nacionalidad española. Desde el año 2016, la acreditación del nivel A2 de español, junto a la superación de la prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de España (CCSE) también administrada por el Servicio de Idiomas de la UCH, es un requisito necesario para la obtención de la nacionalidad española para residentes en España, según la Orden JUS/1625/2016, de 30 de septiembre, sobre la tramitación de los procedimientos de concesión de la nacionalidad española por residencia.

Cuando hay examen DELE A2, ya sabemos cómo tenemos que venir vestidos; nos ponemos la coraza de objetividad, especialmente cuando llega el momento de realizar la prueba de expresión e interacción oral. Aunque no suele ser parte del guión de la prueba, suministrado por el Instituto Cervantes y detallado hasta el extremo, la mayoría de candidatos disfruta contándonos sus historias personales con una amplia sonrisa: por qué están en España, en qué trabajan, con quién y dónde viven, e incluso en qué circunstancias vivían en sus países de origen; los que vienen de Cataluña (dada la gran demanda, los centros de examen allí suelen estar completos) nos cuentan que han viajado durante la noche para estar en Alfara del Patriarca a tiempo; Google Maps o cualquier otro tipo de navegador facilita mucho el trabajo… Aún conservo la tarjeta de contacto de un candidato que amablemente me dijo que no dudara en acudir a su locutorio si alguna vez pasaba por Barcelona o necesitaba algo en la Ciudad Condal. Con este telón de fondo, se hace muy difícil calificar la prueba según los descriptores de las escalas analítica y holística fijados por el Instituto Cervantes para este nivel siguiendo los parámetros del Marco Común Europeo de las Lenguas. Como buenos profesionales, nos despojamos de parte de nuestra humanidad y nos vestimos de lo que somos en ese momento, examinadores acreditados para evaluar un nivel de idioma.

Los días posteriores a convocatoria DELE A2, los examinadores del Servicio de Idiomas nos sentimos afortunados por nuestro trabajo. Y el cambio de chip que supone la vuelta al trabajo diario con nuestros estudiantes de grado nos hace reflexionar sobre todo lo que este nos aporta: la enseñanza y acreditación de idiomas te acerca a todo tipo de personas y circunstancias, lo que sin duda nos enriquece profesional y vitalmente.

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