TRIACA DE AL-FÂRÛK

AL´FARUK, HASDAY IBN SHAPRUT  (910-975)
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Hasday (Abu Yusuf ben Yitzhak ben Ezra) ibn Shaprut, que fue un médico y diplomático judío de Al-Andalus. Seguramente la primera personalidad hispanojudía cuya vida y obra se conoce con cierto detalle. Su padre, Ishaq ben Ezrá ibn Shaprut, también natural de Jaén, fue un hombre rico y piadoso, que incluso ejerció el mecenazgo con artistas judíos de su comunidad local y fundó una sinagoga en la aljama hebrea jiennense. Aunque sus estudios primarios Hasday los cursó en Jaén, todavía siendo joven marchó a Córdoba, seguramente con motivo de las actividades económicas de su padre, Ishaq (o Isaac).

En su juventud, Hasday aprendió hebreo, árabe y latín, lengua esta última que por entonces sólo era conocida en España por la alta jerarquía eclesiástica cristiana y que la aprendió en Córdoba. Asimismo dominaba el romance, incipiente castellano. Estudió también medicina, fue médico del famoso califa Abderraman III y, gracias a sus cualidades, llegó a ser uno de sus principales consejeros, cargos que conservó con su hijo el califa Al-Hakam II.

Aunque nunca llegó a recibir el título oficial de visir, ejerció funciones similares a las de un ministro de asuntos exteriores actual, y supervisaba las aduanas en el puerto de Córdoba. De hecho ostentó el cargo de “nasi”, una especie de “principado”” como máximo responsable de las comunidades judías de Al-Andalus.

Estableció alianzas entre el califato de Córdoba y otras potencias, y se encargó de recibir embajadas como la de que en 949 envió a Córdoba el emperador bizantino Constantino VII, que trajo como presente al califa un magnífico códice de la “Materia Médica” de Dioscórides, muy valorado por los médicos y naturalistas árabes. Con la ayuda del culto monje bizantino Nicolás, Hasday tradujo la obra al árabe.

Prestó importantes servicios al califa tratando con la embajada que, encabezada por Juan, abad de Gorze, fue enviada a Córdoba en 956 por Otón I. El califa, sabiendo que la carta del emperador germánico contenía palabras ofensivas para el Islam, encargó a Hasday que negociase con los enviados. Hasday pronto comprendió que la carta del emperador no podía entregarse al califa sin antes expurgarla de todo aquello que pudiera resultar ofensivo a la fe musulmana. El embajador Juan de Gorze afirmó que no había “nunca visto un hombre de intelecto tan sutil como el judío Hasday”.

Obtuvo también un brillante triunfo diplomático cuando surgieron dificultades entre los reinos de León y Navarra. Sancho I de León había sido depuesto por los partidarios de Ordoño IV. Gracias a las gestiones de Hasday, la abuela de Sancho, la ambiciosa reina Toda de Navarra, pidió ayuda a Abderramán III para volver a instalar en el trono a su nieto Sancho. Éste, entretanto, fue curado en Córdoba de su obesidad por nuestro médico judío. Existe la hipótesis de que para la cura de Sancho de León, Hasday le hizo recorrer el camino de Pamplona a Córdoba a pie.

Finalmente las tropas coaligadas de musulmanes y navarros vencieron a Ordoño IV, y repusieron a Sancho en el trono. A cambio, el rey de León entregó al califa diez castillos en la zona del Duero. Hasday mantuvo su influencia en la corte del hijo y sucesor de Abderramán, Al-Hakim, que incluso sobrepasó a su padre en su interés por la ciencia y la cultura.

Hasday intervino ante la emperatriz Helena, hija del emperador bizantino Romano I Lecapeno en defensa de una comunidad judía del sur de Italia, que el emperador quería obligar a convertirse al cristianismo. Desde el siglo XI circuló en las comunidades judías de Al-Andalus una carta en hebreo escrita por él y dirigida al rey de los jázaros, pueblo que habitaba al norte del Mar Negro y había abrazado el judaísmo como religión oficial. En la carta, Hasday pedía información acerca del país de los jázaros, e informaba a su vez sobre la situación de los judíos en Occidente. Algunos autores, como Baer, dudan sin embargo de que dicha carta, que fue publicada en el siglo XVI, sea realmente obra de Shaprut.

Mantuvo relaciones con varias escuelas rabínicas de Oriente, como las de Kairuán y Constantina, y las de Babilonia. Fomentó los estudios rabínicos, nombrando a Moses ben Hanoch director de una escuela en Córdoba, y consiguiendo que el pensamiento judío de Occidente se independizase de la influencia babilónica y llegara a convertirse en el epicentro del saber judío a nivel internacional.

Su figura marca el principio de la floreciente cultura judía andalusí. Estimuló el estudio de la literatura hebrea, y apoyó a intelectuales como Menahem ben Sauq de Tortosa, que fue protegido de su padre, y Dunas ben Labrat. Ambos dedicaron poemas a su protector.

Triaca de al-Fârûk
Como médico se le atribuye el descubrimiento un remedio universal o panacea, llamada “Al-Faruk”, una especie de antídoto contra el veneno, según algunos autores. Ignoramos el motivo de dedicarla a Al-Fârûk, posiblemente algún personaje personal de Al-Andalus. Su composición sería bastante similar a la célebre triaca magna. La cita de pasada Enrique García como una versión andalusí de la famos hiera de Alejandría, por la singularidad de utilizar en su composición vino añejo andaluz aromatizado convenientemente.

Bibliografía

BUENO GARCÍA, F. (2001): Hasday ben Saprut. Un gran médico jienense en la corte de Abd-al-Rhamán III. Jaén.

GARCÍA MAIQUEZ, E. (2004): Los vinos de ida y vuelta. Discurso de ingreso en la Academia Iberoamericana de Farmacia el 7 de julio. Ars Pharmaceutica, 45 (4), 373-383.

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Agosto, 2010)

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