Definición de Epónimo

 

Epónimo , ma. (Del gr. ). 1. adj. Se dice del nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc. (22 ed. Diccionario de la RAE, 2001).

“En España con la excepción de Cajal, no hemos tenido grandísimos científicos, ni tampoco otros que aunque no fuesen tan excepcionales dejaran no obstante recuerdo en la historia y en el lenguaje.
Científicos como Volta, Galvani, Ohm, Amp ère, Watt o Jule en cuya memoria se han construido términos como voltio, galvanizar, ohmio, amperio, vatio o julio. Si en nuestros laboratorios de la segunda mitad del siglo XX hubiese florecido la física del estado sólido, tal vez el mundo no hablaría de “chips” sino de “obleas”, “fichas” o “tabletas”. Y “bit” sería “dib” (de dígito binario)”.

(J.M. Sánchez Ron, de su Discurso de entrada en la RAE, octubre, 2003)
 

 

EPÓNIMOS

Vemos en la última edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el interés por extender la definición de la palabra Epónimo al campo de la medicina o de las unidades, en este último aspecto podemos adelantar que se refiere sobre todo a unidades físicas o químicas. No siempre ha ocurrido así. Si repasamos las definiciones anteriores de la RAE veremos que atienden más a cuestiones históricas, en la línea de la definición que para epónimo da la edición del Diccionario de 1884, primera que recoge esta voz, y que dice: “Aplícase al héroe o a la persona que da nombre a un pueblo, a una tribu, a una ciudad o a un periodo o época”.A pesar de que la moderna acepción del término precisa mucho mejor el empleo que se le da actualmente a la palabra, entendemos que sobre su significado profundo está mucho más acertada la definición antigua, la que habla de héroe, tal como hacen tamibén algunos diccionarios enciclopédicos que, al tratar de epónimo, amplían asimismo la definición incluyendo la de Héroe epónimo como “Fundador más o menos legendario de una ciudad, cuyo nombre parece proceder de él; héroe a quien una familia, una tribu o una dinastía atribuyó su origen y su nombre”.

Importa destacar que es una palabra de origen griego. E importa destacarlo, pues una consecuencia natural del individualismo característico de la cultura clásica de Grecia, que se manifiesta a todos los niveles militar, artístico o científico, es la tendencia que tiene a sacralizar su propia historia, a deificar a sus propios héroes . En una palabra, a elevar a las alturas del Olimpo a personas de carne y hueso en función siempre de sus méritos.

Si aquellos griegos del mundo clásico, por poner un ejemplo, no dudan en dar el nombre de Alejandría a una de las ciudades más importantes de la antigüedad en honor de su fundador Alejandro Magno, la cultura occidental que se asienta con firmeza sobre los sólidos cimientos intelectuales que dejaron a la posteridad, no ha dudado a lo largo de los siglos en hacer honor a sus sabios más egregios vinculando su nombre con su descubrimiento o con su logro más significativo. Sin dejar la terminología geográfica, casos de la magnitud de América y Américo Vespucio o los infinitos topónimos que recuerdan la gesta de Colón, nos hablan de la constante tendencia occidental a dar el nombre del descubridor a la cosa u objeto por él descubierta. ¿Ejemplos? Infinitos, véase cualquier mapa y tendremos oportunidad de descubrirlo en montañas, ríos, lagos, cabos, golfos, ciudades, etc.

Epónimos científicos

En el caso de la geografía vemos que son incontables los epónimos, claro que no siempre corresponden a los descubridores, como es el caso del Everest que debe el nombre a Sir Jhon Everest que fue el geógrafo que por primera vez precisó su altitud, u otro más próximo como las Islas Filipinas as í llamadas en homenaje al monarca Felipe II. Se trataba en este último caso de hacer honor al rey de España, como otras veces se hará con otros personajes de méritos, en ocasiones y a la luz de la historia, más que dudosos.

Pues bien en el plano de la ciencia podemos decir que no son menos abundantes los epónimos. En efecto, desde las matemáticas a la medicina incontables teoremas, leyes, músculos, enfermedades , técnicas o aparatos son conocidos hoy con el nombre de su descubridor o inventor. Y si todavía consideramos la nomenclatura científica de animales y plantas, veremos como la presencia de epónimos se alarga casi hasta el infinito. Cuantos y cuantos nombres científicos de familias, géneros, especies o de minerales y rocas proceden de personas.

Pensemos por un momento la cantidad de epónimos científicos que se han cruzado en nuestros estudios desde la infancia a la universidad. Desde el teorema de Pit ágoras o el principio de Arquímedes hasta el ciclo de Krebs o la tinción de Gram. ¿Cuántas veces encontramos en nuestras clases epónimos varios, casi sin saber que tienen detrás un nombre y un hallazgo científico? Y, lo que sin duda es mucho más importante, ¿no facilitaríamos a nuestros alumnos el aprendizaje de la cuestión concreta con una breve pincelada acerca de su descubridor?

Esto precisamente es lo que queremos proponer a nuestros compañeros y alumnos. Primero una sencilla reflexión sobre los diversos epónimos que aparecen en nuestros temarios de asignaturas. Aviso, a veces los usamos sistemáticamente sin saber que se trata de epónimos, como tal vez suceda con técnicas o instrumentos de la sencillez del Baño María, Erlenmeyer o Gram. Luego se trataría de hacer un sencillo estudio que incluya una breve semblanza biográfica del protagonista del logro, a poder ser con su retrato u otra ilustración que amenice el contenido, acompañado todo de la descripción del logro en cuestión y de la bibliografía básica sobre el tema.

Todo ello conveniente normalizado sobre un modelo estandarizado de estudio, de uno o dos folios como máximo, se podría vincular a la página Web de nuestra Universidad, a la que deberíamos remitir a nuestros alumnos cuando se trate en clase del epónimo correspondiente. El artículo as í dispuesto, sobre un modelo de plantilla estandarizado para que todos guarden entre sí una mínima armonía, una vez incorporado a la Webb, perfectamente puede incluirse en los currículos de los autores correspondientes.

Supone esta idea una novedad original. En absoluto. Desde hace tiempo un grupo de historiadores de la medicina llevan a cabo una importante camp aña divulgativa sobre los epónimos de su profesión. En especial, debemos destacar la tarea que lleva a cabo el Departamento “López Piñero” de Historia de la Ciencia de la Universidad de Valencia de cara a fomentar el estudio de los epónimos médicos. Desde aquí reconocer esta labor e invitar a visitar su página web.

Así es, a lo largo de la historia de la medicina se han producido hechos notables que se asocian a las personas que hallan vinculadas con los mismos. Nombres de enfermedades, síntomas, signos, pruebas, rasgos patológicos tisulares, corresponden, como es sabido, a los sabios que los describieron por vez primera. La vida de estos hombres y mujeres es, en la mayoría de los casos, poco o nada conocida. Tal vez en el momento histórico que les correspondió vivir todavía fueran conocidos, mas la memoria colectiva es harto débil y no resiste el paso de unos pocos decenios. A veces ni aún eso. Es por ello que proponemos describir brevemente
algunas de sus circunstancias vitales y el logró científico en sí, que nos ayudarán a situar y a valorar mejor a vida de estos científicos.

A esta tarea invitamos a quienes sientan la curiosidad por conocer mejor el pasado de nuestras disciplinas. En cualquiera de las ramas del frondoso árbol de la ciencia, en el que, por supuesto, tienen asimismo cabida las carreras técnicas como arquitectura y todas las ingenierías. Por nuestra parte, daremos comienzo con unos pocos epónimos harto usados en el laboratorio, al paso que ofrecemos nuestra ayuda para quien lo precise.

José María de Jaime Lorén
Historia de la Farmacia, UCH-CEU
(Noviembre, 2003)