POLVOS DE DOWER

THOMAS DOWER (1660-1742)
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Por el estudioso ecuatoriano Rodolfo Pérez Pimentel sabemos que nació en el Condado de Warwick, Inglaterra, en 1657, en el seno de una familia de clase media, pues su padre era capitán a sueldo del príncipe Ruperto de Nassau.

Primero estudió el bachillerato en Artes en el Magdalen Hall de Oxford y el bachillerato en Medicina en el Caius College de Cambridge, donde obtuvo en 1680 el título de licenciado en esa ciencia sin lograr doctorarse, porque pasó al servicio del sabio Dr. Thomas Sydenham considerado el mayor clínico inglés del siglo XVII. Allí estuvo dos años como su alumno privado, durante los cuales fue atacado de viruelas de las que sanó gracias a sus acertados cuidados.

Al fallecer Sydenham en 1782, Dower se trasladó a ejercer al puerto de Bristol durante más de veinte años, hasta que a principios de 1708 algunos ricos propietarios organizaron una expedición corsaria a los mares del sur con dos navíos, el Duque y la Duquesa, un total de 56 cañones y varios cientos de tripulantes. Dower también puso dinero y fue designado Segundo Capitán de abordo con el objeto de ejercer mando.

El 2 de Agosto zarparon bajo la autoridad de Woodes Roger y poco después se formó un Consejo que debía controlar los progresos del viaje, arreglar las cuestiones importantes que se presentasen y juzgar sin apelación las querellas entre los tripulantes.

Dower fue elegido su presidente pues como la expedición contaba con varios cirujanos y llevaba de boticario a su cuñado Samuel Hopkins, no se requerían sus servicios médicos. En Cork se completó la expedición con aventureros de todas las nacionalidades, y el Oficial de ruta William Dampier, considerado uno de los mejores pilotos de los mares del Sur, dio la orden de partida hacia la isla de Madera.

Cerca de Tenerife capturaron un pequeño navío español y cruzando el trópico de Cáncer tomaron otra presa ligera. Enseguida se dirigieron a las islas de Cabo Verde y a las del oeste de Río de Janeiro. Finalmente cruzaron al Cabo de Hornos y entraron al Pacífico el 15 de Enero de 1709, avistando en la isla Juan Fernández a un hombre cubierto de pieles de cabras, que resultó ser el marino Alexander Selkirk, abandonado años atrás por otros piratas, que había podido sobrevivir merced únicamente a su esfuerzo.

Su odisea dio origen al personaje conocido en la historia universal como Robinsón Crusoe de la novela de Daniel Defoe. De allí enfilaron a Guayaquil, donde llegaron en abril de 1709 precisamente cuando una terrible epidemia asolaba el puerto. Primero tomaron por sorpresa a la escasa población de la isla Puna, luego remontaron el golfo y la noche del jueves 2 de mayo, víspera de la fiesta de la Cruz, se situaron a dos millas de Guayaquil, notando que flameaban en el cerro muchas antorchas por lo que Roger decidió esperar.

Gobernaba la plaza Jerónimo de Boza Solís. Si Roger hubiera atacado la habría tomado por sorpresa, pero no fue así como lo hicieron, porque luego de un consejo de jefes prefirieron presentarse como comerciantes, y enviaron al Teniente de la Puna y a un cocinero para que manifestaran al vecindario que deseaban vender las mercaderías inglesas de a bordo.

Boza se fue a verles y estuvo toda una tarde en su compañía, informándoles de las defensas con que contaba la plaza y de otros detalles de gran interés estratégico.

Entonces los piratas cambiaron de parecer y le tomaron prisionero, permitiendo únicamente que regresara a Guayaquil acompañado de veinte marinos para implorar la contribución del vecindario, pues los piratas exigían el pago inmediato de cincuenta mil pesos en oro, o en caso contrario procederían a arrasar la ciudad a sangre y fuego.

El 7 de mayo se levantó el acta de entrega de la ciudad que fue firmada por dos vecinos distinguidos: Manuel Jiménez y Manuel de la Puente, quienes se comprometieron en nombre del vecindario a cumplir con el susodicho pago en el plazo improrrogable de seis días, que no fue cumplido, porque los ingleses saltaron al malecón y procedieron a robar cuanto pudieron, embarcando en sus naves 230 sacos de harina, 15 botijas de aceite, varios sacos de cacao y azúcar, 40 barricas de vino y algunos zurrones de añil, así como 4 pequeñas piezas de artillería y cosa de 200 fusiles.

Mientras tanto la mayor parte de los pobladores habían huido a los cerros circundantes, dejando sus joyas y vajillas de plata, que también recogieron los piratas. En un altillo, cuenta José Gabriel Pino y Roca, encontraron escondidas a tres jovencitas, a quienes quitaron con gran urbanidad sus joyas puestas. Creyendo así mismo que encontrarían grandes riqueza en las iglesias y conventos, comenzaron a saquearlas con el resultado de que pronto se llenó la ciudad de malos olores, provenientes de los cadáveres en descomposición.

Cinco días permanecieron en esos quehaceres, halagados por el Corregidor, quien sentaba a los jefes piratas en la mesa de su concubina Petronila Villamar y Tomasa del Castillo para departir con ellos. Andaban tan borrachos y en grupos de cuatro o cinco, que en plena sabana fueron sacados en fuga por un negro armado de una escopeta.

El 12 de mayo se acercaron a las naves piratas el alcalde de la Santa Hermandad Alonso de Olvera, el Guardián del convento de San Francisco Fray Francisco de Rojas y el Superior de los Jesuitas P. Juan Bautista Inviziati, portando solamente 30.000 pesos que era todo cuanto habían podido reunir, pero fueron tratados de mala manera, amenazando los piratas con llevarse a los rehenes si no se les cumplía lo estipulado en el acta en el perentorio plazo tres días.

Vencido ese segundo plazo, volvieron los guayaquileños con solamente 1.500 pesos en plata labrada, invocando la piedad de los jefes para que liberara a los rehenes. Roger no les hizo caso y considerando que algunos de sus hombres habían perecido en la Puna de la terrible fiebre amarilla, tras ordenar el incendio de las casas que estaban frente a la iglesia matriz, levó anclas con ambos rehenes a quienes soltó en las costas mexicanas.

Mientras tanto a la altura de las islas Galápagos la peste se había declarado en las naves, y Thomas Dower tuvo necesidad de ejercitar sus conocimientos en medicina y de usar el bien provisto botiquín de a bordo. Los enfermos de fiebre amarilla sumaron más de un centenar en ambas naves.

Dower ordenó aislarlos en la proa e hizo practicar sobre la tolda abundantes lavados con una solución de agua y ácido sulfúrico. En un recipiente con esa misma solución sumergían las ropas y demás prendas de los apestados, haciendo rociar luego con el mismo líquido diluido a toda la tripulación.

Con los otros médicos efectuó abundantes sangrías a los enfermos en los dos brazos. Los cocineros preparaban en enormes calderas decocciones misteriosas de un leño rojo recogido en el Perú, adicionadas de ácido sulfúrico diluido, que obligaba a tomar con una pasta negra de Papáver.

Salvo ocho marineros que murieron durante los primeros días, el resto de la tripulación se salvó bebiendo esta limonada antiséptica formada por quina y por un polvo o pasta opiada.

El botín logrado en Guayaquil no fue del monto que esperaban, pero poco tiempo después lograron capturar un galeón español cargado de tesoros tras sangrienta lucha.

Roger fue gravemente herido y Dower tomó el mando de la nave capturada con dos oficiales de ruta bajo sus órdenes, y la condujo a Inglaterra arribando después de tres años de ausencia.


Portada de una de las numerosas ediciones de la inmortal obra de Daniel Defoe, cuyo protagonista fue recogido por Thomas Dower y sus naves corsarias.

Los resultados financieros fueron satisfactorios y el beneficio líquido alcanzó la suma de ciento setenta mil libras. Dower quedó rico, se reintegró a su profesión de médico en Gloucestershire, donde escribió la obra “The Ancient Phisician’s legacit this country” en 1733, donde dio la fórmula de sus famosos polvos de Dower y finalmente trabajó en Londres hasta su muerte ocurrida el 20 de Abril de 1742.

Fue famoso por su ciencia y por su agrio carácter.
Polvos de Dower.En uno de los abordajes a una nave española encontró un gran cargamento de ipecacuana y, aprovechando sus conocimientos médicos, se le ocurrió mezclar esta sustancia con opio, divulgando el producto con el nombre de Polvos de Dower que dieron buen resultado en el tratamiento de la disentería.

También dedicado a la medicina en esta época, War adoptó enseguida este remedio logrando tal fama que recibió directamente la protección del rey Jorge II de Inglaterra.

Bibliografía

FOLCH JOU, G. (1986): Farmacia y medicamentos en la literatura técnico-farmacéutica. Historia general de la Farmacia. El medicamento a través del tiempo, 2. 449-450. Madrid, Sol.

PÉREZ PIMENTEL, R.: Diccionario Biográfico de Ecuador. Consulta 27 de julio de 2010. Visitar Web Diccionario Biográfico Ecuador

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Julio, 2010)

y fue enterrado en la abadía de Westminter.

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