EMPLASTO DE RILLO

CASA GRANDE DE RILLO (S. XIX)
José María de Jaime Lorén (2010)

 Datos biográficos
A pesar de que el nombre de este epónimo farmacéutico/veterinario hace alusión a la localidad turolense de Rillo, por las noticias que proporciona Lorenzo Grafulla sabemos que en realidad se refiere a la Casa Grande de la localidad, es decir, a la casa del rico del pueblo.

Las noticias que tenemos de esta familia nos han llegado desde Rillo a través de nuestro amigo y natural de esta localidad Luis Miguel García, quien nos indica que se trata de la familia Cavero, que descendía de una antigua masada y de la vecina localidad de Peralejos. Los últimos descendientes que recuerdan son Constantino, que fue alcalde del pueblo, y su esposa Consuelo que era maestra también en la localidad. Tuvieron tres hijas, de las que sólo emparentó Felicidad con un vecino de apellido Lainez de Villarquemado.

La Casa Grande de Rillo se asentó sobre un antiguo convento de frailes, que pasaría a manos de la familia en una de tantas desamortizaciones decimonónicas. Se trata de una de las mejores casas del pueblo, con corrales, cuadras, bodega y graneros, la gente mayor la conocía también con el nombre de “Casona” y “Rancho Grande”, que tiene sin duda connotaciones del folclore mejicano.

Propietarios de la hacienda agrícola más importante de Rillo y también con negocios mineros, la Casa Grande siempre dispuso de muchos pares de mulas, tanto para las explotaciones agrarias como mineras, sin contar con algunos ganados. Todo lo cual hacía que tuvieran importantes conocimientos en materia de medicina animal.

Emplasto de Rillo
Tuvimos noticia de este epónimo, en ocasiones citado como ungüento, revisando en el “Boletín de Veterinaria” los artículos del albéitar turolense Lorenzo Grafulla, entre otras noticias, un pequeño “Comunicado” dedicado a dar a conocer el excelente resultado obtenido aplicando el “Emplasto de Rillo”, como el propio autor lo bautiza, en las úlceras del tipo caries, esa especie de necrosis que afecta a los tejidos duros como el óseo, muy frecuentes en las extremidades de los équidos.

Explica los magníficos resultados que obtiene usando el emplasto frente a una puntura en la ranila de una mula, es decir una herida abierta producida entre los pulpejos que hay en el punto de unión de la palma y la tapa del casco de las caballerías, y no duda en comunicarlo a sus compañeros, a quienes participa una fórmula medicamentosa que hasta entonces constituía un secreto que celosamente guardaba la casa principal de la localidad turolense de Rillo.

Lorenzo Grafulla, en lugar de mantener para sí el secreto, lo hace público confiado en los beneficios que puede rendir a los veterinarios, labradores y ganaderos que lo empleen.

Los redactores hacen un hueco en el comunicado para destacar con letras gruesas el anuncio de la fórmula, cuya composición cualitativa y cuantitativa describe nuestro veterinario junto a la forma de hacer su elaboración. La composición es la siguiente:

  •  Aceite común, 2 libras
  •  Jabón piedra, 0,5 libras
  •  Minio, 1 libra
  •  Cera amarilla, 1 onza

Sobre la elaboración, indica que debe procederse a la cocción durante 15 minutos del aceite en cazuela nueva de tierra, al que se añade el jabón rallado en varias veces, mientras se agita con cuchara de madera para mezclar bien todo durante 30 minutos. Luego se agrega la cera y el minio, sin dejar de agitar ni de hervir a fuego lento hasta que la masa adquiera la consistencia de emplasto adhesivo, magdaleones, al poner el cacharro a enfriar sobre agua.

Señalar que el jabón piedra es el jabón duro que se hacía usando sosa como álcali, el minio es esa sustancia pulverulenta de color rojo anaranjado usado como pigmento y como pintura anticorrosión y en farmacia como secante de úlceras purulentas. La cera amarilla es la natural que no ha sido blanqueada. La consistencia de cerato tipo emplasto que adquiere el producto elaborado, indica su carácter sólido y pegajoso, idóneo para aplicar externamente; por malaxar entendemos el sobado de la sustancia para que se ponga blanca y dúctil; y la presentación final en magdaleones se refiere a la forma de pequeños rollos largos y delgados, en que solían presentar las farmacias los emplastos.

No debía ser una fórmula descabellada, primero por la fama que tiene ya el citado emplasto secreto, luego por los buenos resultados que ha proporcionado su experimentación, y finalmente por los comentarios con los que el anónimo redactor del boletín, seguramente Nicolás Casas, acoge la colaboración y que son como sigue: “El minio o deutóxido de plomo, que tiene las mismas propiedades que el litargirio, fue medicamento muy usado por los profesores de veterinaria antiguos, pero en el día había quedado en el olvido. Puede ensayarse lo que el Sr. Grafulla propone, pues es sabido se empleaba el minio en las úlceras de mal carácter. También se ha recomendado en estos últimos tiempos contra la caries la aplicación de creosota”.

Y sin duda la fórmula debía ser eficaz, a juzgar al menos por el artículo que cinco años después publicará el veterinario riojano Pedro Domingo García que, desde Grañón, lo había usado de forma sistemática siguiendo las instrucciones dadas en su día por Grafulla para su elaboración. Nada menos que seis observaciones presenta con casi otros tantos éxitos obtenidos con el famoso “Emplasto de Rillo”.

Siempre se trata de huesos cariados, con esquirlas o pequeños fragmentos de huesos originados por fractura o necrosis, en ocasiones gabarros cartilaginosos que son tumores o taras que padecen las caballerías y los bueyes en el casco, a veces las típicas enrejaduras o heridas producidas por la reja de arar en las extremidades inferiores de los animales de tiro. En cinco ocasiones el resultado es óptimo, en el sexto no tuvo tiempo suficiente para obtener la curación definitiva.

Lógicamente, la aplicación del emplasto tiene lugar siempre tras limpiar y cauterizar previamente la úlcera o la herida, según era costumbre, para facilitar así la formación de la escara y la cicatrización posterior.

El éxito que a partir de entonces iba a adquirir el emplasto de Rillo entre los profesores veterinarios, y la demanda a la revista para conocer su fórmula, obligará a sus redactores a reproducirla de nuevo al mes siguiente tal como ya lo habían hecho cinco años atrás.

Pero la prueba definitiva de la buena acogida de la fórmula la tenemos en la inmediata inclusión que hizo de la misma Nicolás Casas en la segunda edición de su “Farmacopea Veterinaria” que publicó en 1847 en Madrid.

Bibliografía

ANÓNIMO (1851): Composición del emplasto de Rillo. Boletín de Veterinaria, 170, 412-413. Madrid.

CASAS, N. (1847): Farmacopea Veterinaria. 2ª ed. Madrid, p. 141.

DOMINGO GARCÍA, P (1851): Comunicado. Efectos del Emplasto de Rillo contra la caries. Boletín de Veterinaria, 166, 350-352. Madrid.

GRAFULLA, L. (1845): Comunicados [Emplasto de Rillo]. Boletín de Veterinaria, 14, 220-221. Madrid.

JAIME LORÉN, J.M. DE; JAIME RUIZ, J.M. DE;

BLASCO JULVE, E. (2010): “Emplasto de Rillo”: remedio secreto para las llagas de los équidos. XVI Congreso de Historia de la Veterinaria, y VII Iberoamericano de Historia de la Veterinaria. Córdoba.

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Julio, 2010)

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