BÁLSAMO DE MALATS

SEGISMUNDO MALATS Y CODINA (1756-1826)
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Nació en la localidad catalana de Santa Eugenia de Verga alrededor de 1756. En 1775 ingresó como mariscal o albéitar del ejército en el Regimiento de Dragones de Lusitania, con el que pasó en 1780 al Campo de Gibraltar participando en el bloqueo de la plaza, y siendo ascendido el año siguiente a mariscal mayor.

Conscientes sus superiores de sus méritos, en 1784 fue comisionado junto al mariscal Hipólito Estevez para estudiar en la Escuela de Veterinaria de Alfort, donde actualizaron sus conocimientos de economía rural, cría de caballos y ciencia veterinaria en general, pasando luego a ampliar estudios a Alemania, Dinamarca e Inglaterra, para regresar a España en 1788.

A continuación ambos veterinarios se dedicaron a redactar un plan de estudios y a organizar todo lo necesario para fundar dos escuelas de veterinaria en Madrid y Córdoba.

Sin embargo la falta de profesorado adecuado obligó acrear solo la primera. En 1790 Segismundo Malats fue nombrado mariscal supernumerario de la Real Caballeriza, pasando a numerario en 1793, cargo que llevaba añadido el de examinador de albéitares y herradores. También fue designado segundo director del Real Colegio de Veterinaria que luego sería Escuela de Veterinaria, además de Alcalde Examinador y Juez del Tribunal del Real Protoalbeitarato, socio correspondiente de la Económica de Madrid, así como de otras varias instituciones.

Durante la guerra de la Independencia, Malats estuvo destinado en Córdoba, Granada y Orihuela, siempre destinado en las Reales Caballerizas, siendo nombrado mariscal mayor del Ejército del Centro.

Concluida la guerra mantuvo un abierto enfrentamiento con Bernardo Rodríguez, destacado mariscal de las Reales Caballerizas, quien pudo verse perjudicado por alguna decisión en relación con el Colegio de Veterinaria. Como reconocen sus biógrafos: “No obstante la estrecha vinculación que mantuvo con Godoy, quien le distinguió con el nombramiento de encargado de sus Caballerizas, Segismundo Malats estableció relación con los sucesivos poderes políticos, de manera que pudo sobrevivir a todos los acontecimientos históricos de la época: caída de su protector Godoy, Príncipe de la Paz, etapa constitucional y entronamiento de Fernando VII”.

Como profesor de la Escuela de Veterinaria de Madrid se encargó de las asignaturas de Anatomía, Patología, Clínicas y Hospitales. Sin embargo apenas puso en práctica el sistema de enseñanza aprendido en la Escuela de Alfort, donde los alumnos intervenían activamente en las clases.

Malats se limitaba a exigir sus libros de texto de memoria, dedicando poco tiempo a la enseñanza, dado el alto número de cargos que ostentaba, además de la escasa vocación y entrega a la docencia.

Con el tiempo, dejó el grueso de las clases para centrarse en la dirección de la Escuela que le proporcionaba importantes beneficios.

Su labor publicista la inició en 1793 con “Nuevas observaciones físicas concernientes a la economía rural, cría, conservación y aumento del ganado caballar, con varios puntos interesantes a la salud pública”, “Tratado de patología y cirugía veterinaria”, los “Elementos de Veterinaria que se han de enseñar a los alumnos del Real Colegio de Veterinaria de Madrid” (1793), “Materia Médica” (1795-1796), “Patología” (1797-1800). Cierto que alguno de estos libros son traducciones de las obras de Claudio Bourgelat, fundador de la veterinaria francesa. También colaboró con el catedrático de química del Colegio de San Carlos de Madrid, Pedro Gutiérrez Bueno, en la redacción de un Reglamento de inspección de carnes y en otro de Higiene.

Segismundo Malats murió en Madrid en 1826, tras una vida en la que pudo disfrutar ayudas importantes que aprovechó en su propio beneficio. Sus contemporáneos le culpan del retraso en la evolución de la enseñanza de la veterinaria en España, no obstante su inteligencia y excelente formación. En cualquier caso, se trata de una de las figuras clave de la historia de la veterinaria española.

Bálsamo de Malats
Se trata de un medicamento hemostático de su invención que gozó merecida fama, tanto como remedio secreto como usado en forma de preparado oficinal, figurando de forma explícita y bajo la denominación de Bálsamo de Malats en las ediciones de 1865 y 1884 de la Farmacopea Oficial Española.

Sin embargo desde el primer momento la fórmula fue objeto de numerosas polémicas, sobre todo al ser acusado Malats de haber plagiado su remedio del “Bálsamo de Izquierdo”, cuya paternidad se atribuía al tintorero de Pedroñeras (Cuenca) Juan Antonio Jiménez Izquierdo. Ante uno de tantos ataques que recibió a través de la prensa, Malats se defendía de la forma siguiente: “Desde la expedición de Argel, en el año 1775 que fui nombrado mariscal mayor del ejército, ya había hallado yo la mayor parte de la composición de mi específico; digo la mayor parte, porque como el hombre no suele por la primera vez sacar completas sus obras, y que con el tiempo y la experiencia las perfecciona, así fue que en el año 1779, que fui nombrado mariscal mayor del ejército del Campo de Gibraltar, logré hacer progresos más ventajosos con mi bálsamo, como puedo justificar en caso necesario; y después de esta época continué beneficiando y mejorando su composición hasta que en la última guerra con la Francia, en que fui nombrado mariscal mayor del ejército del Centro y demás del Mediodía, acabé de conocer el grado de perfección a que había llegado con él por los efectos prodigiosos que hacía, pues mis habitaciones fueron siempre un cuartel de la sangre: como igualmente en la epidemia, que principió el día 6 de agosto del año 11 en Orihuela, en que se aumentó su crédito, y lo consideré elevado a la cumbre de sus virtudes, a que se dieron tan repetidos elogios en diferentes periódicos, como en general de todo el mundo.

Estos hechos positivos y ciertos, sin otros muchos que omito de casos particulares, en los efectos producidos por mi bálsamo, forman parte de la historia de él”.

Por otra parte, es cierto que existió relación entre Jiménez Izquierdo y Segismundo Malats, cuando aquél acudió a la Escuela de Veterinaria para demostrar las bondades de su preparado ante los profesores veterinarios. Así el 2 de marzo de 1803, en presencia de Malats y otros comprofesores, se practicó “una gran puntura en el hoyo de la cuartilla posterior de un caballo, hiriéndole el tendón profundo y sublime: se le aplicó el bálsamo de Izquierdo y quedó curado. A otro caballo se le atravesó con hierro el hueso parietal del lado derecho, se le aplicó el bálsamo, se llevó al animal a la cuadra, se le echó de comer, y no tuvo novedad”.

El resultado positivo de la actividad terapéutica del bálsamo de Izquierdo fue avalado por la firma de Segismundo Malats, Antonio Roura, Benito Agustín Calonge, Francisco González y Antonio Bobadilla, en informe de 23 de julio de 1893.

Nuevamente a finales de este mismo año solicitó Izquierdo reiterar las experiencias terapéuticas con su bálsamo, que dieron comienzo el 7 de diciembre a la 4 de la tarde. Según narración del propio Malats, Jiménez Izquierdo presentó al efecto: “Un saquillo de yerbas secas desfiguradas por estar medio molidas, y las metió delante de mi y del segundo director don Hipólito Estévez en una redoma, poniendo sólo una porción de aceite, y la dejó enterrada en un estercolero, donde permaneció por 25 ó 30 días, de lo que resultó sacar un líquido de color de tinta; se aplicó a varios animales y no resultaron progresos favorables …

se hicieron dos operaciones a un caballo, una en la cabeza, perforando el cráneo, y otra en el tendón sublime y profundo de la cuartilla de un pie: también (es cierto) que no murió al pronto: pero si a los ocho ó diez días de un pasmo universal o tétanos, y se quejó amargamente el Don Juan Antonio Jiménez Izquierdo de que el caballo se había desnucado mientras el fue a misa: pero hecha anatomía exacta por los profesores de la escuela, a presencia mía y la del segundo director, se observó que el pasmo del animal provino de la acritud del dicho bálsamo, que irritó todo el sistema nervioso, y de lo que resultó el trismos”.

La exposición de Malats continuaba aludiendo al hecho de que con anterioridad a la demostración, el rey había agraciado al citado Jiménez Izquierdo con una pensión mientras solicitaba un informe del Colegio de Cirugía de San Carlos, para que los cirujanos opinasen sobre las posibles virtudes del Bálsamo de Izquierdo. Como el informe fue negativo, fue desaprobado.

No satisfecho con estas opiniones se realizaron nuevos experimentos en febrero de 1804, esta vez con un macho cabrío proporcionado por José Urbina, corregidor de Madrid, y con dos carneros, todo ello en presencia de la Junta Gubernativa de Cirugía que estimó que los resultados obtenidos con el bálsamo eran satisfactorios, según firmaban Francisco Bullier, Pedro Vidart y José Antonio Capdevila.

Fallecido Juan Antonio, su hija y heredera Jesusa Jiménez solicitó real permiso para poder vender el específico “Bálsamo de Izquierdo”, ordenando la autoridad se realizaran nuevos ensayos con animales. Como en anteriores ocasiones, se llevaron a cabo con dos jumentos en la Escuela de Veterinaria en presencia de los directores y profesores. La correspondiente certificación extendida por los técnicos en diciembre de 1818, desestimaba la solicitud de la hija de Jiménez Izquierdo.

Como ocurre a menudo con los remedios secretos, el Bálsamo de Izquierdo conoció ensayos que lo presentaban como un medicamento eficaz, y otros que le daban una actividad nula. En cualquier caso, algún éxito terapéutico debió de conocer para que al menos se le concedieran tantas oportunidades de experimentación.

En cualquier caso, para los biógrafos de Malats no hay duda que éste no conoció “el grado de perfección” ni los “efectos prodigiosos” de su bálsamo hasta 1808, cuando ya se habían realizado numerosos ensayos con el de Izquierdo,concretamente varios de ellos en su misma presencia, dos en 1803, uno en 1804 y dos en 1807. De todas formas la coincidencia de fechas era sospechosa, y sus detractores no dudaron en utilizarla para calificar su actitud de usurpadora.

Tampoco le favoreció vender a “100 reales el pomo de poco más de una onza”, por un bálsamo cuyas propiedades terapéuticas se asemejaban al de Izquierdo quien, más moderado, cobraba sólo doce reales de vellón por cada frasco.

Se defendió Malats del ataque económico de que era objeto, argumentando que a lo largo de 32 años se lo había proporcionado gratuitamente a los pobres, y sólo exigía en pago de tan elevada suma a los pacientes que podían permitirse tal dispendió, compensando así sus beneficios. La polémica desencadenada en la prensa madrileña, tanto sobre la autoría original como sobre el precio abusivo del bálsamo de Malats, se extendió a tierras catalanas, donde: “La innata propensión de los naturales de este principado a poseer, o a lo menos imitar cuanto con fama de útil y precioso se inventa encualquiera país, no podía oír con resignación tantas ponderaciones de tal bálsamo, viendo tal escasez y tantas dificultades para adquirirlo … De ahí resultó que varios hombres estudiosos y benéficos se dedicaron a reunir yerbas, formar composiciones, hacer experiencias, etc., hasta que por fin parece se ha logrado ya dar con la tecla, pues frente de San Josef hace cerca de un año venden un bálsamo que después de dos meses de continuos experimentos practicados por facultativos en irracionales, ha acreditado causar los mismos efectos en hemorragias y demás que el del Sr. Malats”.

Al tiempo se daba a conocer el “Bálsamo Catalán” proponiendo que cualquier persona, fuera o no sanitaria, adquiriese el remedio que se expendía “a un precio equitativo”, y comunicase los resultados que obtenía con el mismo en el “Diario de Barcelona”. En 1820 se había utilizado ya el Bálsamo catalán tanto en terapéutica veterinaria como humana.

Cierto enigmático “ciudadano B” se dirigiría al periódico para dar cuenta del éxito logrado con el Bálsamo catalán en ensayos realizados en un conejo y una gallina, a los que previamente había practicado incisiones profundas. Así comentaba: “Este bálsamo … sirve para curar toda especie de hemorragias, y de ningún modo debe aplicarse para úlceras y otros males, como se que lo han verificado algunos, tal vez con intención siniestra para desacreditar a su autor, que según tengo entendido es un facultativo hijo del país, muy perseguido por los mismos de su clase … he creído como buen ciudadano debía yo ilustrar la materia con el resultado de mi experiencia a fin de que en los casos urgentes como son heridas, hemorragias y hemoptisis sepa el público la utilidad del bálsamo catalán, y donde puede acudirse”.

El mismo anónimo ciudadano B, que por la redacción parece un cirujano o un médico, sigue durante el año 1820.Confirmando los éxitos logrados con el Bálsamo catalán, esta vez en humanos. Hasta siete casos comenta.

En cualquier caso, al margen de polémicas y de diatribas, ni el bálsamo de Izquierdo ni el Catalán pervivieron en la terapéutica, únicamente el de Malats figuró, como se ha dicho, en dos ediciones sucesivas de la Farmacopea Española.

La polémica sobre los bálsamos alcanzó tales niveles, que en 1820 Gregorio Bañares publicó su “Memoria científica” sobre el bálsamo Samaritano, ampliando el debate a los de Malats y de Izquierdo, y concluyendo que estos últimos son con ligeras variantes el mismo que el Samaritano.

Para empezar señala “que el aceite o Bálsamo Samaritano no cede en nada al de Malats, y todos los demás que andan en manos de los secretistas, ignorantes y empíricos”, y centrándose en el de Izquierdo nos da algunos datos sobre el mismo, “Se conoce que el autor o tenedor de la receta publicada del bálsamo, fue un hombre que no tenía ningún conocimiento científico”, rebatiendo su sistema para realizar la fermentación de las hierbas junto al aceite, lo que, en su opinión, impedía la correcta aireación y consiguiente fermentación.

Por otra parte, las virtudes que atribuye a las hierbas en realidad se deben al aceite que usan como vehículo, y concluye “El señor Malats e Izquierdo habrán visto infinitas curaciones con su bálsamo, pero ninguna ha llegado a las que ha producido el Bálsamo Samaritano”.

El propio Bañares describe “la fórmula del aceite compuesto, conocido con el nombre de bálsamo de Izquierdo y de Malats que publicó el bienhechor de la humanidad M.M. en la Miscelánea de comercio, artes y literatura número 20”:
“Se toma”:

  •  Del fruto de la Momordica balsamina de Linneo, vulgo Balsamillo, ½ onza
  •  De los tallos y hojas de la misma planta, ½ onza
  •  Del sinfito oficinal de Linneo o Sinfito mayor, ½ onza
  •  Del sedo blanco o menor de Linneo, vulgo uñas de gavilán, ½ onza
  •  De la simiente de la Malva rotundifolia de Linneo o común, vulgo Abilla, un poco quebrantada, ½ onza
  •  Del solano negro de Linneo, vulgo yerba Cotones, ½ onza
  •  De las hojas y flores de romero, ½ onza
  •  De aceite común bueno, 32 onzas

Todas estas yerbas frescas se dividen en pequeñas partes,se ponen en una vasija correspondiente con las treinta ydos onzas del aceite común y se meten, según la receta, en un estercolero por treinta y seis días, o en su lugar se pueden poner al sol, como se hace con el aceite de balsamina, o al calor de unos treinta grados; luego se cuela y se filtra, si se quiere, para tenerlo más depurado y claro.

En la preparación de las recetas deben especificarse todos los pormenores de cada una de las cosas que entran en su composición para quitar toda duda y arbitrariedad a los que las practican, y para que el medicamento salga constantemente uniforme”.

Y sigue Gregorio Bañares insistiendo sobre el bálsamo de Malats “que es ya el remedio predilecto y de moda, el asunto de las conversaciones de Madrid y de toda España; y aún ha dado ocupación a los periodistas de todas partes”.

Censura el secretismo de su composición aunque, aventura, no difiere en gran parte del de Izquierdo, y continúa: “Dirá Vmd. acaso, Señor yo lo he perfeccionado, añadiéndolo achicorias o berenjenas; sea cierto, pero lo positivo es que si Vmd. hace esto, el aceite sale virgen de los ataques de las nuevas yerbas que Vmd. le añade, sin que en nada le hayan disfrazado; cuya operación la ha podido hacer a poca costa, y sin que lo hubiera conocida la madre que lo parió; pero no le vino entonces a la imaginación que podría variar algunos caracteres físicos sin influir en lo esencial; por cuya razón no discrepan en nada los caracteres físicos y químicos de uno y otro.

Si el aceite que Vmd. emplea para su bálsamo disolviera o se combinara con algunos principios inmediatos de las plantas, adquiriría algunas propiedades químicas nuevas, y perdería alguna de las físicas; es así que el aceite conserva sus caracteres físicos, sin variar los químicos; luego el aceite no ha extraído ningún principio, o en tan corta cantidad que equivale a cero; luego la virtud
del bálsamo consiste en el aceite y no en las yerbas …

En prueba de esto, emplee el Señor Malats las yerbas que quiera, úselas en cocimiento, en infusión con aguardiente, cataplasma, etc., observe los resultados, y verá que no corresponden: por el contrario, emplee el aceite sólo, y verá comprobadas sus virtudes. Este es el medio de acertar, si se quiere ser útil a sus semejantes.

El señor Malats e Izquierdo habrán visto infinitas curaciones con su bálsamo; pero ninguna ha llegado a las que ha producido el Bálsamo Samaritano”.

A mediados del siglo XIX se hacía publicidad del Bálsamo de Malats en “El Diario Español”. Se vendía a seis reales el frasco en la botica Central Española de Madrid.

Bibliografía

BAÑARES, G. (1820): Memoria científica sobre la naturaleza, usos y virtudes extraordinarias del bálsamo samaritano o aceite común; del de malats, Izquierdo y otros semejantes. Madrid

GASPAR GARCÍA, M.D.; PÉREZ GARCÍA, J.M.;

BALLESTEROS MORENO, E. (1992): Contribución inédita a la biografía de don Segismundo Malats y Codina (1756?– 1826). Mariscal mayor y fundador del primer Real Colegio de Veterinaria de España. Minutos Menarini, 48 (3), 288-292

JURADO, A. (2005): Aceite de oliva todo mal quita (desde la antigüedad hasta hoy), 110-111. Madrid, 223 p.

PÉREZ GARCÍA, J.M. (2000): D. Segismundo Malats i Codina, ilustre catalán fundador de la enseñanza veterinaria en España. V Jornadas Nacionales de Historia de la Veterinaria, 17-22. Barcelona, Facultat de Veterinària de la Universitat Autònoma de Barcelona.

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Agosto, 2010)

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