BÁLSAMO DE IZQUIERDO

JUAN ANTONIO JIMÉNEZ IZQUIERDO (S. XVIII – XIX)
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Al parecer fue de profesión tintorero en la localidad conquense de Pedroñeras, pero también ejercía eventualmente el curanderismo.

Bálsamo de Izquierdo
Bálsamo que fue objeto de una fuerte polémica en los albores del siglo XIX por los enfrentamientos sobre su invención, entre Jiménez Izquierdo y el profesor de la Escuela de Veterinaria de Madrid Segismundo Malats.

Este último fue objeto de numerosas críticas al ser acusado de haber plagiado el remedio del “Bálsamo de Izquierdo”, cuya paternidad se atribuía Juan Antonio Jiménez Izquierdo.

Ante uno de tantos ataques que recibió a través de la prensa, Malats se defendía argumentando que ya desde 1775 experimentaba con su bálsamo, y estimando que sobre 1811 había obtenido ya la fórmula definitiva de su bálsamo.

De todas formas, es cierto que existió relación personal entre Jiménez Izquierdo y Segismundo Malats, cuando aquél acudió a la Escuela de Veterinaria para demostrar las bondades de su preparado ante los profesores veterinarios.

Así el 2 de marzo de 1803, en presencia de Malats y otros comprofesores, se practicó “una gran puntura en el hoyo de la cuartilla posterior de un caballo, hiriéndole el tendón profundo y sublime: se le aplicó el bálsamo de Izquierdo y quedó curado. A otro caballo se le atravesó con hierro el hueso parietal del lado derecho, se le aplicó el bálsamo, se llevó al animal a la cuadra, se le echó de comer, y no tuvo novedad”.

Este resultado positivo de la actividad terapéutica del bálsamo de Izquierdo fue avalado por la firma de Segismundo Malats, Antonio Roura, Benito Agustín Calonge, Francisco González y Antonio Bobadilla, en informe emitido el 23 de julio de 1803.

Nuevamente a finales de este mismo año solicitó Izquierdo reiterar las experiencias terapéuticas con su bálsamo, que dieron comienzo el 7 de diciembre a la 4 de la tarde. Según narración del propio Malats, al efecto el solicitante presentó: “Un saquillo de yerbas secas desfiguradas por estar medio molidas, y las metió delante de mi y del segundo director don Hipólito Estévez en una redoma, poniendo sólo una porción de aceite, y la dejó enterrada en un estercolero, donde permaneció por 25 ó 30 días, de lo que resultó sacar un líquido de color de tinta; se aplicó a varios animales y no resultaron progresos favorables … se hicieron dos operaciones a un caballo, una en la cabeza, perforando el cráneo, y otra en el tendón sublime y profundo de la cuartilla de un pie: también (es cierto) que no murió al pronto.

Pero si a los ocho ó diez días de un pasmo universal o tétanos, y se quejó amargamente Don Juan Antonio Jiménez Izquierdo de que el caballo se había desnucado mientras él fue a misa: pero hecha anatomía exacta por los profesores de la escuela, a presencia mía y la del segundo director, se observó que el pasmo del animal provino de la acritud del dicho bálsamo, que irritó todo el sistema nervioso, y de lo que resultó el trismos”.

La exposición de Malats continuaba aludiendo al hecho de que con anterioridad a la demostración, el rey había agraciado al citado Jiménez Izquierdo con una pensión mientras solicitaba un informe del Colegio de Cirugía de San Carlos, para que los cirujanos opinasen sobre las posibles virtudes del Bálsamo de Izquierdo. Como el informe fue negativo, fue desaprobado.

No satisfecho con estas opiniones se realizaron nuevos experimentos en febrero de 1804, esta vez con un macho cabrío proporcionado por José Urbina, corregidor de Madrid, y con dos carneros, todo ello en presencia de la Junta Gubernativa de Cirugía que estimó que los resultados obtenidos con el bálsamo eran satisfactorios, según firmaban Francisco Bullier, Pedro Vidart y José Antonio Capdevila.

Fallecido Juan Antonio, su hija y heredera Jesusa Jiménez solicitó real permiso para poder vender el específico “Bálsamo de Izquierdo”, ordenando la autoridad se realizaran nuevos ensayos con animales. Como en anteriores ocasiones, se llevaron a cabo con dos jumentos en la Escuela de Veterinaria en presencia de los directores y profesores. La correspondiente certificación extendida por los técnicos en diciembre de 1818, desestimaba la solicitud de la hija de Jiménez Izquierdo.

Como ocurre a menudo con los remedios secretos, el Bálsamo de Izquierdo conoció ensayos que lo presentaban como un medicamento eficaz y otros que le daban una actividad nula. En cualquier caso, algún éxito terapéutico debió de conocer para que se le concedieran tantas oportunidades de experimentación.

En cualquier caso, para los biógrafos de Malats no hay duda que éste no conoció “el grado de perfección” ni los “efectos prodigiosos” de su bálsamo hasta 1808, cuando ya se habían realizado numerosos ensayos con el de Izquierdo, concretamente varios de ellos en su misma presencia, dos en 1803, uno en 1804 y dos en 1807. De todas formas la coincidencia de fechas era sospechosa, y sus detractores no dudaron en utilizarla para calificar su actitud de usurpadora.

Tampoco le favoreció vender a “100 reales el pomo de poco más de una onza”, por un bálsamo cuyas propiedades terapéuticas se asemejaban al de Izquierdo quien, más moderado, cobraba sólo doce reales de vellón por cada frasco.

Gregorio Bañares intervino también activamente en la polémica, publicando en 1820 un pequeño opúsculo dedicado al Bálsamo Samaritano, que considera el original frente a los bálsamos que en el mercado entonces se vendían “a precio excesivo”. Si el buen samaritano del Evangelio no fue nunca el inventor del Bálsamo de su nombre, “del mismo modo que se llama bálsamo de Malats, Izquierdo, etc., a otras composiciones que corren con sus nombres sin ser inventores de ellos”, entrando en todos como ingrediente principal el aceite de oliva.

Para empezar señala “que el aceite o Bálsamo Samaritano no cede en nada al de Malats, y todos los demás que andan en manos de los secretistas, ignorantes y empíricos”, y centrándose en el de Izquierdo nos da algunos datos sobre el mismo, “Se conoce que el autor o tenedor de la receta publicada del bálsamo, fue un hombre que no tenía ningún conocimiento científico”, rebatiendo su sistema para realizar la fermentación de las hierbas junto al aceite “en un estercolero”, lo que, en su opinión, impedía la correcta aireación y consiguiente fermentación, además de ofrecer una pésima imagen sanitaria.

Cierto que del estercolero tan sólo quiere aprovechar el ligero calor que produce, que, también lo indica, puede cambiarse por otra forma más correcta de calefacción.

Por otra parte, las virtudes que atribuye a las hierbas en realidad se deben al aceite que usan como vehículo, y concluye “El señor Malats e Izquierdo habrán visto infinitas curaciones con su bálsamo, pero ninguna ha llegado a las que ha producido el Bálsamo Samaritano”.

El propio Bañares describe “la fórmula del aceite compuesto, conocido con el nombre de bálsamo de Izquierdo y de Malats, que publicó el bienhechor de la humanidad M.M. en la Miscelánea de comercio, artes y literatura número 20”:
“ACEITE COMPUESTO”

  •  Se toma del fruto de la Momordica balsamina de Linneo, vulgo Balsamillo, ½ onza
  •  De los tallos y hojas de la misma planta, ½ onza
  •  Del sinfito oficinal de Linneo o Sinfito mayor, ½ onza
  •  Del sedo blanco o menor de Linneo, vulgo uñas de gavilán, ½ onza
  •  De la simiente de la Malva rotundifolia de Linneo o común, vulgo  Abilla, un poco quebrantada, ½ onza
  •  Del solano negro de Linneo, vulgo yerba Cotones,½ onza
  •  De las hojas y flores de romero, ½ onza
  •  De aceite común bueno, 32 onzas

Todas estas yerbas frescas se dividen en pequeñas partes, se ponen en una vasija correspondiente con las treinta y dos onzas del aceite común y se meten, según la receta, en un estercolero por treinta y seis días, o en su lugar se pueden poner al sol, como se hace con el aceite de balsamina, o al calor de unos treinta grados; luego se cuela y se filtra, si se quiere, para tenerlo más depurado y claro.

En la preparación de las recetas deben especificarse todos los pormenores de cada una de las cosas que entran en su composición para quitar toda duda y arbitrariedad a los que las practican, y para que el medicamento salga constantemente uniforme”.

Bibliografía

BAÑARES, G. (1820): Memoria científica sobre la naturaleza, usos y virtudes extraordinarias del bálsamo samaritano o aceite común; del de Malats, Izquierdo y otros semejantes. Madrid.

GASPAR GARCÍA, M.D.; PÉREZ GARCÍA, J.M.; BALLESTEROS MORENO, E. (1992): Contribución inédita a la biografía de don Segismundo Malats y Codina (1756-1826). Mariscal mayor y fundador del primer Real Colegio de Veterinaria de España. Minutos Menarini, 48 (3),288-292.

JURADO, A. (2005): Aceite de oliva todo mal quita (desde la antigüedad hasta hoy), 110-111. Madrid, 223 p.

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Agosto, 2010)

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