POLVOS DENTÍFRICOS DE SAN AGUSTÍN

SAN AGUSTÍN (354-430)
Rafael V. Martín Algarra
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Nació en una pequeña ciudad de Numidia en el África romana. Su padre, llamado Patricio, no era religioso cuando nació su hijo. Su madre, Santa Mónica, es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana, de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, aún bajo las circunstancias más adversas. Mónica le enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana, y al ver cómo el joven Agustín se separaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante en medio de un gran sufrimiento.

San Agustín estaba dotado de una gran imaginación y de una extraordinaria inteligencia. Se destacó pronto en el estudio de las letras, mostrando gran interés hacia la literatura, especialmente la griega clásica, y poseía gran elocuencia. Sus primeros triunfos intelectuales tuvieron como escenario Madaura y Cartago, ya durante sus años de estudiante. Al mismo tiempo gustaba en gran medida de recibir halagos y fama, que encontró fácilmente en aquellos primeros años de su juventud. Allí mismo en Cartago se destacó por su genio retórico, y sobresaliendo en concursos poéticos y certámenes públicos.

En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasa de una escuela filosófica a otra sin que encuentre en ninguna una verdadera solución a sus inquietudes. Pasa del maniqueísmo al escepticismo hasta que, sumido en una gran frustración personal, decide en 383 partir para Roma. Una vez allí, su amigo y protector Simaco que era prefecto de la ciudad lo nombró maestro de retórica de Milán.

En esta ciudad empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio, quedando admirado de sus predicaciones y de su buen corazón. Entonces decidió romper definitivamente con sus anteriores ideas para vivir en ascesis, decisión a la que llegó después de haber conocido los escritos neoplatónicos gracias al
sacerdote Simpliciano.

En 386 se consagra al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo. Renuncia a su cátedra y se retira con su madre y unos compañeros en las inmediaciones de Milán, para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. Con treinta y tres años de edad es bautizado en Milán por el santo obispo Ambrosio y regresa a África, pero antes de embarcarse su madre Mónica muere en Ostia, el puerto que había cerca de Roma.

Cuando llegó a Tagaste vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal. Años después esta experiencia será la inspiración para su famosa Regla. A pesar de su búsqueda de la soledad y el aislamiento, la fama de Agustín se extiende por toda la comarca.

En 391 viajó a Hipona para buscar un lugar donde abrir un monasterio y vivir con sus hermanos, pero durante una celebración litúrgica fue elegido por la comunidad para que fuese ordenado sacerdote a causa de las necesidades que tenía el obispo de Hipona. Aceptó a disgusto esta brusca elección, y algo parecido sucedió al ser consagrado obispo en el 395. Fue entonces cuando dejó el monasterio de laicos y se instaló en la casa del obispo, que transformó en un monasterio de clérigos.

La actividad episcopal de Agustín es enorme y variada. Predica en todo tiempo y en muchos lugares, escribe incansablemente, polemiza con aquellos que van en contra de la ortodoxia de la doctrina cristiana de aquel entonces, preside concilios y resuelve los problemas más diversos que le presentan sus fieles.

Agustín murió en Hipona el año 439 durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron a la ciudad durante la invasión de la provincia romana de África. Su cuerpo fue trasladado primero a Cerdeña, y luego a Pavía a la basílica de San Pedro donde reposa hoy.

La obra capital de Agustín de Hipona son las “Confesiones”, constituida por trece libros que nos narran su vida, formación y su evolución interior; también hablan de psicología, filosofía, de su concepto de Dios y de su visión del mundo. Constituye, asimismo, un reconocimiento de la grandeza y bondad de Dios. Su estilo es uniforme, y los acontecimientos son analizados con la perspectiva de haber transcurrido doce o catorce años desde que sucedieran.

Otra de las obras maestras de Agustín es “La ciudad de Dios”, donde nos ofrece una síntesis de su pensamiento filosófico, teológico y político. El motivo por el cual escribió esta obra fueron las críticas que los paganos hacían contra el cristianismo tras la caída de Roma bajo los visigodos en 410. Está dividida en dos partes: en la primera combate al paganismo, y en la segunda defiende la doctrina cristiana.

Polvos dentífricos de San Agustín
Repasando antiguos boletines de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia, nos encontramos con estos polvos que Ernesto Beya compró en los años 60 de la pasada centuria en una botica de La Habana. Envasados en una cajita cilíndrica de cartón en cuya tapa figura la leyenda: “Botica San Agustín. Calle de la Amargura, nº 44. Habana. Polvos dentífricos perfeccionados”.

Señala también el cartonaje la advertencia siguiente: “Llamo la atención del público sobre el abuso que cometen algunas perfumerías, baratillos, sederías y vendedores ambulantes, vendiendo falsificados los Polvos de San Agustín, confundiendo las cajas con los legítimos y acreditados que llevan la firma de Ildefonso de la Maza y son elaborados en la Botica de San Agustín”.

Se daba la circunstancia que este mismo preparado lo fabricaba ya en tiempos de la dominación española de Cuba el bisabuelo del autor del artículo, por lo que en realidad bien puede hablarse de una especialidad farmacéutica hispano-cubana, cuya composición, por otra parte, ni se indica en el cartonaje ni la conocía Ernesto Beya.

El poner el nombre de los polvos bajo la advocación de San Agustín obedecería, sin duda, a la denominación de la botica que los fabricaba, sin desdeñar, por supuesto, la posibilidad de conseguir mejores ventas entre las gentes religiosas y creyentes de La Habana.

Bibliografía

ANÓNIMO (1986): San Agustín. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, 3, 675-678. Madrid, Espasa-Calpe.

BEYA ALONSO, E. (1964): Una antigua especialidad con venta actual. Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia, 57, 28-30. Madrid.

CREMONA, C. (1991): Agustín de Hipona: la razón y la fe. Madrid, Rialp. Visitar Web Google Books. Consulta: 20 de agosto de 2010.

CHADWICK, H. (2001): Agustín. Madrid, Cristiandad. Visitar Web Google Books. Consulta: 20 de agosto de 2010

PRZYWARA, E. (1984): San Agustín, perfil humano y  religioso. Madrid, Cristiandad.

WOLH, L. DE (2001): Corazón inquieto: la vida de San Agustín. Madrid

José María de Jaime Lorén
Rafael V. Martín Algarra
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Octubre, 2010)

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