TISANA DEL DOCTOR CHIFFLET

JEAN JACOBE CHIFFLET (1588-1673)
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Hijo de médico, estudio medicina y viajó por diversas capitales para ampliar sus estudios sobre historia y humanidades, visitando bibliotecas y museos. Botánico del gobierno de los Países Bajos, fue también médico municipal de su ciudad natal, Besanzón, del Franco Condado y de cámara de la archiduquesa Isabel de Bruselas, a cuya corte había acudido como embajador.

Recomendado por esta princesa al rey de España Felipe IV con idéntico cargo, desempeñó varias misiones diplomáticas, asistiendo a la archiduquesa Isabel en sus últimos momentos, sirviendo más tarde al archiduque Leopoldo y a don Juan de Austria. Sin duda visitó nuestro país, donde se relacionó y mantuvo correspondencia con el célebre literato Francisco de Quevedo.

Escribió una relación contra los enemigos de España, muchos de ellos sus propios compatriotas, titulada “Vindicae Hispaniae”, y otras obras políticas. Compuso además “Asiliae in puella Helvetica mirabilis Phisica Extasis” (1610) y “Singularis et curationibus et cadaverum sectionibus observaciones” (1612).

Durante el tiempo que fue médico del archiduque Leopoldo, entonces gobernador de los Países Bajos, dio a conocer por primera vez en Bruselas el uso de la quina como antifebrífugo en su obra “Pulvis febrifugus Orbis americani ventilatus” (1633). Aún cuando Chifflet alababa la corteza de quina considerándola una maravilla de su tiempo, la recomendó con tibieza, dando motivo a una fuerte controversia entre los médicos y boticarios que defendían a ultranza el uso de esta nueva droga, caso del jesuita Honorato Faber Fonseca que era médico del papa Inocencio II, y los que recomendaban prudencia al emplear la quina, como Chifflet y otros médicos como Glantz, Godoy, Moreau y Plemplius.

Tisana del Doctor Chifflet En el Archivo Diocesano de Jaén se encuentra un documento que describe este medicamento en los términos siguientes: “La Tisana compuesta por el Dr. Chifflet Borgoñón, Médico del Archiduque Leopoldo de Austria y protomédico del ejército de Flandes.

Primeramente medio celemín de cebada echarla en infusión en agua de beber hirviendo, dejándola dentro hasta que se enfríe y en ella misma lavar la cebada con fuerza entre las manos para quitar lo mortificante de la cáscara, y después echarla en otro agua limpia de beber como cosa de seis azumbres y una docena de raíces de escorzonera, o de achicoria lo más frescas que se hallen, y cuezan esto a fuego lento hasta que haya reventado la cebada, y después colarlo y volverlo a echar en la misma olla a cocer como cosa de una hora y a fuego lento, echando dentro una onza de polvos de cristal tártaro y otra onza de crémor tártaro hecho polvos muy sutiles, y seis onzas de miel, y en habiendo cocido todo esto sobre una hora a fuego lento como llevo dicho, en enfriándose volverlo a colar por un paño delgado.

De estos se debe beber cada mañana ocho onzas con agua tibia desde primavera hasta el otoño y a de ser en ayunas, y después de una hora almorzará, y no sea chocolate, y cuando haga grandes fríos no se ha de tomar salvo si el sujeto se está en casa, y quiere hacer menos cantidad minorará los ingredientes proporcionadamente. Las virtudes de esta agua son: el hacer mayor provecho en caniculares que en otro tiempo; y es gustoso de beber, no causa babas ni retorcijones, ni cámaras, ni embaraza acudir a sus ministerios y cura insensiblemente los males siguientes.


Purga a los riñones, los refresca y hace orinar muy bien, descarga la cabeza, templa los pulmones, hígado y bazo, comprime todo humor viscoso interno; libra de dolores la cabeza de tercianas y cuartanas, cura la sarna, comezones y diviesos, alivia la pesadumbre de miembros y huesos, cansancio de ellos, refresca mucho y engorda a los flacos por alguno de los males y a los que por ellos engordaron demasiado enflaquece y da fuerzas y vigor, entera salud, fortifica el cuerpo, alegra el espíritu y da gran gana de comer, y se conoce el provecho que hace en lo claro que se pone la tez del rostro y los ojos alegres, y sana a los que tienen el hígado inflamado, o el bazo, o los riñones y a los que tienen flemas saladas en las partes externas o internas las sana admirablemente aunque haga mucho tiempo que padezca de los males referidos como continúen en tomarlos. Dios sobre todo”.

Bibliografía

ANÓNIMO (1988): Chifflet o Chiflet. Genealogía. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, 17, 279. Madrid, Espasa-Calpe.

VÁZQUEZ DE LA TORRE, A. (1952): La tisana del Doctor Chiflet. Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia, 12, 158-159. Madrid.

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Agosto, 2010)
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