ESPÍRITU NITRO FUMANTE, SAL ADMIRABLE, SAL SECRETA DE GLAUBER, GLAUBAPATITA, GLAUBERITA

JOHANN RUDOLPH GLAUBER (1604-1668)
José María de Jaime Lorén (2010)


Datos biográficos
Médico, farmacéutico y químico alemán también llamado Glauberio, vivió en Viena, Salzburgo, Francfort del Main, Colonia y, desde 1864, en Holanda. Sin formación universitaria, trabajó como aprendiz en una farmacia de Giesen y regentó posteriormente otra en Ámsterdam, con toda esta experiencia compuso su “Pharmacopea Spargirica” (Ámsterdam, 1665), que conoció varias ediciones en diferentes idiomas, así como un “Tractatus de Medicina Universali” (Ámsterdam, 1657), obras en las que ya cita su sal admirable y su espíritu de nitro fumante.

Viajó por Alemania, Suiza, Austria y Holanda hasta que en 1668 estableció un laboratorio en Ámsterdam en una casa donde había trabajado con anterioridad, conocido como Instituto Hermético. En 1651 marchó a Alemania creando un laboratorio en Kissingen para la obtención de productos químicos y farmacéuticos. De regreso a Ámsterdam abrió otro laboratorio de mayores dimensiones, que ha sido considerado como precursor de los modernos laboratorios industriales.

Como químico se le debe el perfeccionamiento de las instalaciones de los hornos, notables progresos en la fabricación de nitratos, métodos abreviados para muchos trabajos de
laboratorio, el empleo del ácido sulfúrico en lugar del vitriolo, así como el descubrimiento de nuevas sales cloradas derivadas del sulfato de sosa, como la sal de su nombre.

La importancia de Glaubero está marcada por sus deseos de obtener sustancias químicas puras en grandes cantidades. Hace descripciones con detalle sobre la forma de fabricar los aparatos del laboratorio, así como el modo de emplearlos. Obtenía por diferentes procedimientos los mismos ácidos, que luego hacía actuar sobre metales puros o derivados, consiguiendo así sales como nitratos, cloruros o sulfatos.

Gran publicista, editó más de cuarenta obras entre las que, además de las citadas, hay que destacar “Opera Chymica” y sobre todo “Furni novi philosophici”.

Preparó también una Panacea universal que según Glaubero servía para combatir todas las enfermedades virulentas, sobre todo las que cursaban con erupciones, que asimilaba al alcaest de Paracelso.

Reconoció y divulgó el uso del azufre en las enfermedades de la piel. En las dolencias cutáneas preconizó el tratamiento con una leche de azufre o azufre coloidal, conseguida precipitando con ácido una solución de hígado de azufre o sulfuros impuros.

Uno de los medicamentos químicos más utilizados en su tiempo era la Manteca de antimonio o tricloruro de antimonio, hecho que llevó a Glaubero a estudiarla y prepararla tratando estibina con ácido, o mezclando el mismo material con sublimado corrosivo y posterior destilación.

Lo mismo hizo con el mercurio vitae, que sacaba destilando sublimado corrosivo y sulfuro de antimonio. Estudió asimismo el preparado y alcalinizó el producto resultante, observando que no contenía mercurio sino un derivado mercurial, pues por calcinación llegaba al Vidrio de antimonio. En sus experiencias llegó a la conclusión del peligro que entrañaba la administración de los productos mercuriales, advirtiendo que no se usasen en niños, lo que indica que junto a sus trabajos químicos realizaba pruebas farmacológicas con buen criterio.

Destiló carbón logrando un espíritu ácido y un aceite que recomendaba para cicatrizar las úlceras cutáneas, calificándole como el mejor bálsamo. Para el tratamiento del escorbuto recomendaba un extracto de malta disuelto en agua.

Diferentes plantas medicinales como opio o nuez vómica eran sometidas por Glaubero a la acción de ácidos diluidos, consiguiendo extractos de las mismas, cuya solución precipitaba con sal de tártaro o carbonato potásico. Los productos finales tenían mejores virtudes medicinales que el material de partida, pues debían tener mayor proporción de los alcaloides activos.

Con el objeto de llegar a compuestos medicinales más activos, hizo destilaciones húmedas y secas de muchos de los productos de aplicación terapéutica, caso del cuerno de ciervo, carne de víbora o de sapo, etc., recomendando siempre los productos así logrados como medicamentos.

Pero además de sus trabajos farmacéuticos, hay que destacar en Glaubero su interés por la técnica industrial con el fin de obtener grandes cantidades de productos químicos, de la mayor pureza y a los precios más económicos, para lo que ideó nuevo instrumental, nuevos procedimientos, numerosas reacciones químicas, analizando los precipitados conseguidos al tratar soluciones de distintas sales con amoniaco o con sal de tártaro o carbonato potásico.

Estaba convencido que perfectamente podían fabricarse en Alemania y a más bajo coste muchos de los productos que se importaban. Su obra fue muy apreciada, hasta el punto que tras su fallecimiento se publicaron las “Obras del gran experimentador y famoso químico Juan Rodolfo Glaubero que contiene gran variedad de elegidos secretos en Alchimia y Medicina” (Londres, 1689).

Autor de numerosas obras cuya colección completa se editó también en 1661 en Ámsterdam, es a menudo comparado con Paracelso, por el desdén que mostraba por los modernos hombres de ciencia en comparación con el mérito de los antiguos. El desprecio que mostraba por sus contemporáneos le hizo vivir en soledad, quejándose a menudo de la ingratitud de los hombres.

No obstante sus reconocidos méritos y sus descubrimientos científicos, sostuvo también las más estrambóticas teorías alquímicas, en lo que también se asemejaba a Paracelso.

Espíritu nitro fumante de Glauber
Posiblemente se trate del descubrimiento de Glauber en 1648 del ácido nítrico, que hizo destilando nitrato de potasio con ácido sulfúrico.

Sal admirable de Glauber
Vicente Ferrer Gorráiz en 1780 describía en España de esta forma esta sal, que también era conocida como Panacea de Glauber:

“SAL ADMIRABLE DE GLAUBER”.
Esta Sal corrió al principio con tales aclamaciones, que mereció el nombre de admirable, no tanto por la eficacia de su virtud, cuanto por la afectada política de Autor; pues influye más un tantito de política en la opinión de un Médico, que muchos años de continuado estudio. Juan Rudolfo Glauber, Médico Alemán, fue el inventor de esta sal, que después que se supo que no era otra cosa que una mixtión de la sal común o sal gema con el ácido de vitriolo, empezó a perder todo su aplauso.

Glauber la hacía del residuo o caput mortuum, que quedaba del espíritu de la sal común elaborado con el aceite de vitriolo, y lo disponía así: Tomaba el residuo que quedaba de esta destilación, lo disolvía en agua tibia, filtraba la solución, la ponía en un vaso de vidrio o de barro vidriado en baño de arena, y con un calor muy lento evaporaba la humedad hasta que veía una costra en la superficie; entonces apartaba el vaso del fuego, lo dexaba por tres o cuatro días en un lugar frío, y se formaban unos cristales salino-dulces, que acababa de secar con mucho esmero, y los guardaba para el uso.

Todas estas sales dice Hoffman son de una misma índole y virtud, pues constando como constan de unos mismos principios, deben producir los mismos efectos. Todas ellas administradas en vehículo apropiado y en corta cantidad inciden y resuelven la viscosidad de los humores, y estimulando los canales excretorios dan fluidez a la cámara, y promueven el fluxo de la orina.

Pero si se administran en mayor dosis, como de media onza o algo más en suficiente cantidad de agua hacen lo mismo que las acídulas, esto es, mueven con suavidad el vientre hasta cinco o seis deposiciones. Por lo que siempre que haya necesidad de purgar, lo que se debe hacer sin causar alborotos ni efervescencia en la sangre, sin irritar las fibras intestinales, ni mover con violencia los humores, se usará oportunísimamente de estas sales neutras administradas en cantidad algo larga. Hasta aquí Hoffman”.

Mineral conocido también como Glaubersaltz, Mirabilita o sulfato de sodio hidratado que se encuentra en los yacimientos salinos en forma de cristales sueltos o bien en masas cristalinas de lustre vítreo. Fue descrito por vez primera por Juan Rodolfo Glauber o Glauberio, que la obtuvo preparando el ácido clorhídrico con sal común y ácido sulfúrico.

Se encuentra en pequeñas cantidades en muchas aguas minerales, en el agua de las marismas y en la del mar. En la naturaleza se halla anhidra formando la Mirabilita, unido con el sulfato cálcico forma la Glauberita y junto al sulfato magnésico la Astraconita.

En medicina se usaba como purgante, cuando se trata de evacuar el intestino de forma rápida y a fondo, muy importante en los casos de intoxicación para eliminar las sustancias nocivas antes de que sean absorbidas en el intestino.

En estado anhidro se utiliza en la fabricación del vidrio y en la obtención del carbonato sódico.

Se trataba de una especie de panacea antimonial que consideraba medicamento maravilloso. Las dosis para niños oscilaban entre los 10 y 15 gramos de la sal disueltas en un vaso de agua, y en adultos doble dosis. La evacuación intestinal se produce poco tiempo después.

Sal secreta de Glauber
Citada en el “Diccionario de ciencias médicas” como un sulfato de amoniaco.

Glaubapatita
Mineral que es un fosfato hidratado de calcio que algunos consideran una variedad de la brusita.

Glauberita
Mineral que es el sulfato sódico cálcico anhidro.

Bibliografía

BLAS, L. (1947): Biografías y descubrimientos químicos. Madrid, Aguilar, 117-120. Diccionario de ciencias médicas por una sociedad de los más célebres profesores de Europa, traducido al castellano por varios facultativos de esta corte, 33 (1826). Madrid.

FOLCH JOU, G. (1986): Farmacia y medicamentos en la literatura técnico-farmacéutica. Historia general de la Farmacia. El medicamento a través del tiempo, 2. 432-434. Madrid, Sol.

FORCADELL ALUCHA, M. (2010): Sales de Glauber. Trabajo mecanografiado para la asignatura de Historia de la Farmacia. Moncada, Universidad CEU Cardenal Herrera.

GORRAIZ BEAUMONT Y MONTESA, V.F. (1780): Nuevas propiedades de la sal, disertación phísico médica en que se demuestran las incomparables de la sal de la laguna de la Higuera, y el uso que se puede hacer de ella en beneficio de la salud humana, 137-138. Madrid.

ROLDÁN, R. (1958): Juan Rodolfo Glaubero (1604-1670). Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia, 35, Descubrimientos, inventos y adelantos científicos, 104-107. Madrid.

WITTOP KONING, A. (1950): J.R. Glaubero in Amsterdam. Amsterdam.

José María de Jaime Lorén
Universidad Cardenal Herrera-CEU (Moncada, Valencia)
(Julio, 2010)

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