En el evangelio de este domingo observamos cómo Jesús se encuentra con el ciego Bartimeo, y cómo este encuentro le cambia la vida.

Y es que el hijo de Timeo se encuentra en una situación de una gran precariedad, ya que es ciego, y no puede ver, además de no tener lo necesario para vivir, y vivir pidiendo. De hecho, Bartimeo se define por ser ciego y mendigo, y esto le hace estar al borde del camino que recorre Jesús. Ahora bien, cuando Jesús se encuentra con él todo cambia, porque Jesús lo orienta para que entre en el camino y, después de curarlo, permite que le siga.

La vida del hijo de Timeo cambia, y cambia porque lo que le define ya no es que sea ciego, sino que ha escuchado cómo Jesús le preguntaba «¿Qué quieres que haga por ti?», y ha aprovechado para dejarse curar y entrar en el camino de Jesús. Ahora bien, ¿qué le pide Bartimeo a Jesús? «Ten compasión de mí». Realmente, Bartimeo solo quiere llamar la atención de Jesús, y lo hace pidiéndole compasión, porque en el fondo sabe que si Jesús se fija en él, todo lo demás se ordena a lo que Dios quiere de él. Nosotros, como el hijo de Timeo, también estamos llamados a vivir esta paz que nace del hecho de saber que si Jesús nos mira, si Dios se ha fijado en nosotros, ya lo hemos recibido todo.

La vida del hijo de timeo cambia, y cambia porque lo que le define ya no es que sea ciego, sino jesús se ha fijado en él

Bartimeo, que pasa a ser discípulo, se convierte en evangelizador. Pidamos al Señor que en este domingo del Domund nos dejemos curar y definir por el Señor, que nos alegremos porque nos mire y se centre en nosotros, para ser misioneros del amor de Dios que hemos conocido.

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