Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

La llamada que hoy nos hace el Señor a velar es necesaria para tener esperanza. Velar no es otra cosa que estar atentos, expectantes, dispuestos y preparados. Lo contrario a esto es no estar preparados, estar relajados. Pero, ¿por qué es importante velar para tener esperanza?

si estamos preparados, podemos recibir la Buena Noticia en nuestra vida, es algo que estamos esperando.

El Evangelio nos muestra a estas diez doncellas, siendo cinco de ellas las que están preparadas para recibir al esposo. Esto significa que las que estuvieron preparadas pudieron recibir al esposo como se merecía. Lo mismo nos sucede a nosotros: si estamos preparados, podemos recibir la Buena Noticia en nuestra vida, es algo que estamos esperando. Eso nos permite saborearla, tomar conciencia de su importancia para nosotros y comunicarla a quienes nos rodean. Y nos abre a la esperanza de la que nos habla San Pablo y que es necesaria, en este momento particularmente, en el que parece que vivimos rodeados de horizontes inciertos. Si estamos preparados y tenemos esperanza, sabemos que a pesar de todo y por encima de todo, el Amor de Dios es lo que rige nuestra vida y siempre nos abre horizontes nuevos.

Que el Señor prepare nuestro corazón para recibir su Buena Noticia, para que podamos saborearla y comunicarla, abriendo horizontes a una esperanza nueva.

 

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