Solemnidad de Todos los Santos

La solemnidad de Todos los Santos es un motivo para la esperanza, puesto que recordamos a todos aquellos que son y han sido llamados amigos de Dios. Algunos, reconocidos por la Iglesia, y otros, que de forma anónima, viven junto a Dios y gozan de su presencia. Y decimos que es un motivo de esperanza porque nos recuerda algo fundamental en nuestra vida: todos estamos llamados a la santidad, a esa relación de amistad con Dios, cada día más cercana. Estamos llamados a vivir lo que Jesús nos propone en el evangelio a través de las bienaventuranzas, que nos descubren que detrás de aquello que vivimos, está el amor de Dios que tiene la última palabra.

La amistad con Dios no es algo improvisado, sino que es una relación que se va fraguando a lo largo de nuestra vida. Cuando somos capaces de vivir sabiendo que Dios nos acompaña y tiene todo que decir en nuestra vida, o cuando, en nuestra vida diaria, buscamos la presencia de Dios y nos dejamos guiar por ella. Estamos llamados a la santidad, y eso no es otra cosa que vivir ya aquí, en nuestra vida ordinaria, esa relación de amor que Dios nos ofrece de manera personal, movidos por la promesa de que ese amor es más fuerte incluso que la muerte.

Que el Señor nos ayude a vivir esa relación de amistad que nos lleve a vivir gozando siempre de su presencia.

Solo una cosa te pido Señor: habitar en tu casa

(Salmo 27, 4)

 

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