Cristo ha resucitado pero ahora, ¿qué? Cuando tenemos nuestro encuentro personal con Dios, podemos cometer el error de pensar que hemos llegado a la meta después de un largo camino. Bueno pues esto no es del todo cierto, no tardaremos en entender que lo que hemos hecho ha sido empezar un camino, no acabarlo.

Entonces, veamos qué produjo el encuentro con Jesús de los apóstoles tras la Resurrección. La palabra dice así:

“Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos?” Pedro contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro”. (Hch 2, 37-39)

¿Y ahora qué? ¿Qué hemos de hacer? Esta es quizá la pregunta que todos nos hemos hecho tras haber tenido un encuentro importante con Dios. Pedro lo dice muy claro: “Convertíos”. Y ¿qué es la conversión? Es adquirir plena conciencia en que todo en nosotros está sometido a Dios. Un gran ejemplo de confianza y fortaleza es el rey David, el cual dijo: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado (Salmo 4, 8).” Nada en nosotros puede quedar fuera del reinado de Jesús, porque eso creará división, y eso es luz verde para el demonio.

«Convertíos»

– Simón pedro

La bondad de Dios nos lleva a la conversión. El experimentar su tolerancia, su misericordia y fidelidad, es lo que nos hace perseverar en Él. La conversión nos lleva al conocimiento de la verdad, a buscar en lo más profundo de nuestro corazón. Es importante que seamos capaces de ver en nosotros qué está convertido y qué no lo está. Así que aquí os dejamos un kit de supervivencia que nos ayudará a profundizar en todo esto:

La oración. Es como el agua, parece algo demasiado rutinario, demasiado simple. En muchas ocasiones, preferimos todo un banquete al agua, sin tener en cuenta que sin agua no podemos vivir. Pues así es la oración, sin oración, sin esa relación personal con nuestro Padre, no podemos vivir. Buscar un rato para Él, de cuidar nuestra relación, es lo que os proponemos desde el servicio de Pastoral. Que sea esto algo fijo en nuestro calendario y que sean el resto de cosas las que se acoplan a eso, y no al revés.

La Palabra de Dios. Solo tenemos que leer detenidamente. Es la palabra de Dios, lo que Él dijo. ¿Cómo no íbamos a tenerla en cuenta? Su estudio, reflexión y meditación, nos muestra los caminos de Dios. Coger y leer el Evangelio del día, por ejemplo.

La formación. Esta nos da los conocimientos necesarios de la doctrina moral y espiritual de un discípulo de Cristo. Algunas recomendaciones: “Crecer en el camino de la fe” de Nacho Ruiz Escagedo o “Una vida con propósito” de Rick Warren.

La comunidad y el acompañamiento/dirección espiritual. Nos acompañan en el camino de la fe. Una de las esencias del cristiano es saberse necesitado. La fe es un camino difícil, es más, fijaos si es difícil, que no podemos hacerlo solos. La comunidad ayuda a nuestro crecimiento espiritual. ¿Qué ilumina más? ¿Una vela o cien mil? La respuesta es obvia. Pues lo mismo pasa en el camino de la fe. Para ser luz e iluminar a los demás, hemos de ser antes iluminados. Todo empezó con una vela.

Finalmente, desde el servicio de Pastoral os invitamos a vivir la fe con pasión y alegría, que este camino hacia Pentecostés no sea un final, sino un comienzo. Dios nos ama y nos pide que nos acerquemos. Un abrazo en Cristo y ánimo.

 

 

 

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